Manish Arora ha sido un visto y no visto en Paco Rabanne. La aventura del diseñador indio en la casa propiedad del grupo perfumista español Puig ha durado solo un año y dos colecciones. La maldición sobre los directores creativos continúa. Cuando no son víctimas de los estresantes calendarios que impone la presentación de las colecciones, son sus desfases con las drogas (Marc Jacobs), sus declaraciones xenófobas (John Galliano) o sus problemas psiquiátricos (a Christophe Decarnin le dieron puerta en Balmain) los que certifican su defunción. Pero a casi todos les acaban cortando la cabeza; por las buenas o por las malas.
No se puede decir que al grupo catalán le pinten mal las cosas. Empeñado en edificar un potente conglomerado de lujo, los beneficios de Puig se dispararon un 19% el pasado año. Ricci, Carolina Herrera y Jean Paul Gaultier explican su poderoso crecimiento. A Manish Arora, al que se le conocía precisamente como el 'John Galliano de India', no le han dado tiempo. O quizá no lo ha sabido aprovechar. O vayan a saber las entretelas que subyacen bajo este nuevo divorcio.
Tiene la moda una extraña manera de llenar los armarios de bonitos cadáveres sin que los olores nauseabundos terminen alcanzando a un universo en apariencia tan exquisito. Se imponen las buenas formas de puertas afuera. Paco Rabanne (la firma, no el hombre) y Arora se han desligado de «mutuo acuerdo». Sin una palabra altisonante. Tampoco se han tirado los trapos sucios. Los dueños de la empresa, que había permanecido aletargada desde 2006 tras la retirada de su fundador, parecían empezar con buen pie su nueva etapa.
Lady Gaga
Ayudó mucho el apoyo de Lady Gaga, que lució varios diseños en la entrega de los últimos premios MTV. La cosa pareció continuar con buen pie con los guiños de Arora a Brigitte Bardot y François Hardy para la colección que se verá en las calles el próximo invierno. Frente a la apuesta algo más teatral de su estreno, el creador indio rescató el espíritu más comercial de la marca que el modisto de Pasaia impulsó en 1966.
A diferencia de artistas que quedan descabezados y con un futuro de lo más incierto, Arora es un superviviente. En tiempos tan convulsos, tampoco se quedará de brazos cruzados. Se centrará en la etiqueta que lleva su nombre y que nunca abandonó tras su breve paso por Rabanne. ¿Se olería algo?