Dice que lo 'suyo' es algo que incluso muchas personas de su entorno desconocen. «Me da vergüenza andar contándole a mis amigos que soy campeón mundial», asume el motrileño Francisco Pinos. Y es que las manos de este mocetón no aparentan la extrema precisión, la delicadeza y la maestría que imprime a su trabajo con las maquetas a pequeña escala. Un trabajo que ha dejado con la boca abierta a los profesionales del modelismo del mundo entero.
En 2008 se alzó con oro mundial en su categoría (vehículos militares de construcción propia con maqueta realizada por plano), celebrado en Gerona y donde se midió con representantes de treinta y dos países. Su modestia le impide declarar que va a intentar revalidar el premio en alguna próxima edición, pero mimbres no le faltan. Desde que consiguió ese galardón su prestigio no ha hecho más que subir enteros al tiempo que sus trabajos se publican hasta en Japón. Pero él, Francisco Pinos Cabrera (Pinos, a secas, para los amigos) parece no darse por aludido. Ahora piensa en el campeonato de España, preparatorio de los europeos, donde el nivel es altísimo. En él concurren varias categorías (desde aviación hasta ciencia ficción, pasando por maquinaria de fábrica, etc.).
Especialista en carros
«Me muevo mejor en blindado, en carros de combate», dice y cualquiera pensaría que habla de su participación en una contienda o casi... Una de las cosas que más le fascinan es la historia, una pasión que le ha llevado a reunir tanta bibliografía que se está viendo obligado a desalojarla de su casa.
Pinos comenta todo esto mientras exhibe un carro de Leningrado, de la unidad 323 «que viene del 502 de carros pesados alemanes», un vocabulario ininteligible para el profano, pero familiar y natural para él. A su lado, se alza la maqueta de la casa de 'Psicosis', una recreación tan fiel que incluye en el terreno que la rodea hasta los agujeros de los charcos.
La moto de Rossi
Cualquier cosa se puede recrear en el mundo del modelismo. «Hasta la moto con la que Valentino Rossi fue campeón en el año tal o cual», relata el experto y comenta como su hijo, Adrián, se emplea a fondo con maquetas de papel y sigue los pasos de su padre, quizá orgulloso de que a su progenitor lo hayan llamado incluso del propio ejército del Aire, para el que va a realizar algunos prototipos que puedan ser exhibidos al público en general.
Y eso que su actividad laboral nunca tuvo nada que ver con las maquetas. «Soy marmolista, picapedrero», dice riendo a carcajadas. «Me dedico a mover piedra y mis compañeros no se explican cómo con estas manos soy capaz de dedicarme a esto», dice con sorna. Pero hay más. Y es que por si fuera poco a final de semana se encierra en su horno rústico de Los Tablones para preparar los panes caseros con los que deleita a sus familiares y amigos más cercanos, a modo de compromiso familiar que lo une inevitablemente a sus raíces paternas a través del cálido y fervoroso olor del pan recién hecho. «Lo heredé de mi padre y lo comparto con mi gente, no me dedico a eso salvo para compartirlo con los míos».
Su fábrica
Pinos no es amigo de reconocimientos, máxime cuando insiste en que su extraordinaria habilidad para el modelismo -que imparte y transmite cada año a quienes aprenden las técnicas en su pequeño taller- no la exhibe abiertamente. Durante muchos años la gente le decía eso de «¿qué haces dedicándote a los juguetes?», algo que él incluso acepta como un comentario normal de quienes desconocen el entramado del pequeño gran mundo que se esconde detrás de esta afición. «Me llevo para mi la satisfacción de haber contado con el apoyo de una persona que siempre creyó en mi», dice muy serio al confesar que ese pequeño taller es su «fábrica de sueños».
Precisamente en el local se solapan los conflictos bélicos, recreados con una fidelidad histórica que asombra hasta las fascinantes aventuras galácticas con naves espaciales de las más importantes creaciones cinematográficas, incluyendo las naves de 'Independence Day'. Submarinos, trincheras, tanques. Un mundo en el que en el pequeño detalle es quizá el principal protagonista y donde los que allí acuden cada día trabajan con anteojos de aumento. El reino de la precisión, del aerógrafo, de la respiración contenida y los pinceles imperceptiblemente rozados en pintura. «Yo no me invento nada, todo tiene reflejo real o cinematográfico». Como el suyo solo hay dos talleres más en España.
Ahora el modelismo arquitectónico está en su punto de mira, algo que requiere una labor preparatoria ingente y milimetrada. De esa apuesta surgirá la Iglesia Mayor de Motril y varias sorpresas más que mantienen viva la ilusión en Francisco Pinos que trabaja horas y horas con la vista fija en la miniatura. Cuando no es así, mientras hornea seguro que 'Pinos' está recreando en su mente una nueva aventura. Muchos se seguirán sorprendiendo de que con esas manos haga eso, pero no solo lo hace sino que además por ello a este motrileño le conocen los aficionados al modelismo de medio planeta.