El ingenio es sinónimo de creatividad constructiva y se traduce en dar soluciones a problemas que la realidad plantea, incluso cuando las dificultades se escapan del mismo plano de la obra creada. Este es el caso de Jesús Martín Estévez -editor y realizador de televisión- quien está a un paso de ver cómo la transformación de un coche de gasolina a otro eléctrico da sus frutos. Solo una maraña burocrática de permisos y papeleos le impiden gozar de su trabajo en estos momentos.
Un accidente circunstancial dejó a este motrileño de cincuenta años sin sus dos vehículos habituales que fueron devorados por el fuego de manera fortuita. A partir de ese momento decidió no volver a usar un coche de gasolina dado los devastadores resultados y las graves consecuencias que pudieron llegar a ser mayores.
Su periplo empezó el pasado verano con el pedido de material a Estados Unidos ya que en España no existen empresas que se dediquen al suministro para este tipo de industria. Lo primero que adquirió fueron unas baterías de plomo, aunque su intención es cambiarlas por otras de litio en el futuro que, aunque más costosas, dan un mayor rendimiento y que también deberá comprarlas en el extranjero.
El proceso de la transformación de un coche de gasolina a otro de funcionamiento eléctrico comienza con la retirada del motor y todos los elementos relacionados con el mismo: tubo de escape, depósito de combustible, radiador y alternador. En el automóvil queda entonces el chasis, el sistema eléctrico y el hidráulico relacionado con los frenos y la dirección que es necesario adaptar del funcionamiento mecánico al eléctrico.
«He tenido que acoplar la bomba eléctrica para los frenos», explica. Igual que la dirección que también necesita un ajuste al sustituir la antigua bomba hidráulica por pequeños motores eléctricos que hacen la misma función. Intacta queda la instalación eléctrica después de montar un juego de baterías que alimentan el motor y un controlador. «Además hay que adecuar el pedal del acelerador que es un potenciómetro, un fusible general para tener ciertas protecciones. Así lleva colocado un pulsador de paro de emergencia», añade. Se trata de un mecanismo que al producirse una colisión evita que origine un cortocircuito y arda el coche.
En todo el proceso, Jesús Martín ha tenido como aliado a Internet donde ha indagado hasta la saciedad para encontrar las piezas, explicaciones y consejos con que terminar su proyecto. «Todo lo encontré en la red a través de Estados Unidos donde existen muchas personas que de forma particular convierten sus vehículos».
Son muchas horas las entregadas a esta ocupación y algunas dificultades, la mayor fue obtener un plato adaptador para el motor eléctrico, una pieza metálica llamada 'buje'. Se trata de un elemento de una máquina que se apoya y gira en un eje donde se atornilla el volante de inercia del antiguo motor, y que tuvo que encargar al trabajo de un tornero.
Al esfuerzo físico también hay que añadir una inversión económica que se traduce en unos cinco mil dólares, contados en moneda americana porque es como Martín ha pagado sus portes, más otros dos mil euros en la compra de baterías, bornes y cables, entre otros elementos. Ahora su viejo BMW del año 89 ya es un coche eléctrico.
Mejor coche
Aunque la potencia y la conducción son idénticas, las diferencias con su cambio de estado han mejorado el vehículo que ahora no efectúa ningún tipo de contaminación, ni medioambiental ni acústica, a diferencia de cuando se abastecía de gasolina.
Con el actual paquete de baterías de plomo tiene una autonomía de 40 kilómetros por carretera y 50 por ciudad, que puede llegar a ser mayor si las baterías fueran de litio, lo que permitiría trayectos de 90 y 120 kilómetros. «El coche tiene más recorrido en trayectos urbanos que en la carretera porque el motor y el controlador son regenerativos. Eso quiere decir que cuando frenas o bajas una pendiente, la inercia del coche mueve el motor y el movimiento se transforma en energía regenerativa para las baterías, y en ciudad hay más desaceleraciones que en la carretera», explica Jesús Martín. Su consumo es otra ventaja porque precisa una carga a la corriente eléctrica durante seis horas, es decir unos 9.000 vatios que al precio de 0,15 el kilovatio suponen un coste de 1,4 euros para un recorrido de medio centenar de kilómetros. El coche que este motrileño ha 'construido' puede alcanzar una velocidad punta de 140 kilómetros por hora.