Mientras las empresas comercializadoras vayan por un lado, los agricultores por otro y Almería por otro, el sector hortofrutícola de la Costa granadina no tiene nada que hacer para combatir la presión de las grandes cadenas de distribución que están obligando a vender el kilo de pepino por menos dinero del que cuesta producirlo.
La desunión del sector ha dado al traste con las medidas acordadas por los agricultores que, a principios de esta semana, decidieron destruir producción para intervenir en el mercado y subir los precios. Finalmente, ni se han puesto de acuerdo en una fórmula justa para destruir pepinos, ni logran fijar posturas comunes con Almería, ni tienen el respaldo de las comercializadoras para el cierre. «A vender pepinos baratos y punto, no nos dejan otra opción», valoraba ayer el secretario de COAG Granada, Miguel Monferrer, invadido por la impotencia y el desánimo. Para él es angustioso ver cómo los agricultores siguen perdiendo dinero y no logran poner en marcha soluciones. Sólo pueden seguir llorando.
«Tras la celebración de dos multitudinarias asambleas informativas en Castell de Ferro y Carchuna los agricultores nos pusimos de acuerdo en retirar producción de pepino, pero sólo nos ponen trabajas. Las alhóndigas dicen que no cierran si no es al menos cuatro días y las cooperativas que no tiran ni un pepino», lamentó Monferrer, que achacó así el fracaso de las medidas a la falta de apoyos de las comercializadoras. Monferrer también criticó al Ayuntamiento de Motril y a la ELA de Carchuna por no facilitar vertederos para que puedan destruir los pepinos de manera organizada y no arrojarlos a la playa.
Según COAG, en la última reunión de Motril «tanto algunos alcaldes de Ayuntamientos de la Costa como los representantes del sector comercializador se encargaron de desalentar a los agricultores». Según COAG, Rubite, Castell de Ferro, Lújar, La Mamola y Torrenueva sí han apoyado a los agricultores habilitando puntos limpios para destruir los pepinos, pero Motril no y esta es otra de las causas a las que la organización agraria achaca el fracaso de la protesta. «Ya lo que faltaba es que nuestros agricultores fueran sancionados por tirar los pepinos en un lugar no autorizado o que tuvieran que asumir también los costes del vertedero», señaló Monferrer.
Más ruina
«En el mercado del pepino podemos intervenir, Granada y Almería venden el 80% que se consume en Europa. Pero con esta desunión la situación se irá agravando y a los agricultores solo nos espera más ruina», apuntó el representantes de COAG. Ayer, por su cuenta pero con el apoyo de la organización, varios agricultores de Castell decidieron tirar pepinos al vertedero. Fue una acción testimonial ya que, según confirmaron fuentes de las empresas comercializadoras, tanto alhóndigas como cooperativas mantuvieron su actividad normal y siguieron recibiendo el producto de los agricultores de la Costa. En las asambleas, los agricultores habían reivindicado un cierre de las empresas comercializadoras, para hoy sábado, que finalmente no se llevará a cabo.
«Si no hay un acuerdo unánime las cooperativas van a abrir. No nos desmarcamos del problema, nosotros somos agricultores y a la vez comercializadoras, pero no podemos caer en los errores de hace dos años. Si cerramos les hacemos el juego a los que han comprado barato y quieren lanzar el producto al mercado cuando suba el precio», valoró Mari Carmen Álvarez, directora gerente de la federación de cooperativas FAECA, que en la Costa representa a El Grupo, Granada-La Palma y Procam. Por su parte, Alfonso Zamora, gerente de Ecohal, la organización que aglutina a las alhóndigas, aseguró que a ellos COAG ni siquiera les ha pedido que cierren y opina que cerrar los almacenes un solo día no tiene sentido en tanto que no es un tiempo suficiente para desabastecer a los mercados y puede ser contraproducente. Ayer, en cooperativas como El Grupo de Castell, los socios decidieron no tirar pepinos pero sí apoyar a COAG con medidas para concienciar al consumidor, por ejemplo informando en la puerta de las grandes cadenas de supermercados. Por el momento saben que han perdido la batalla, pero no renuncian a seguir dando guerra.