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A la ruina por el metro

GRANADA

A la ruina por el metro

Mientras unos comercios han bajado la persiana a consecuencia de las obras, otros no saben si llegarán a Navidad

18.10.11 - 00:49 -
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Solo basta con darse un paseo por la ciudad para comprobar que dos antiguas e importantes arterias comerciales de Granada, como son Camino de Ronda y Zaidín, cuentan cada vez con menos locales abiertos. Carteles en los que se pueden leer 'liquidación total', 'se traspasa' e, incluso, 'cerramos por las obras del metro', son los mensajes que cuelgan de decenas de negocios que han pasado a ser otra pared más donde colocar anuncios. Las recientes declaraciones del presidente de la Federación de Comerciantes de Granada, Enrique Oviedo, en las que convocaba a los comerciantes a una manifestación por el cierre de 200 negocios, así como por el malestar que las obras han generado entre el sector de la pequeña y mediana empresa, triste protagonista en este asunto, no cayeron demasiado bien en las filas de las asociaciones de comerciantes de Camino de Ronda y Zaidín-Vergeles, ya que aseguran «no haber sido tenidos en cuenta para organizar y programar una convocatoria a la que nadie ha puesto fecha y que llega un poco tarde».
Pero lejos de disputas y bailes de cifras -para la federación son 200 los comercios cerrados, para las asociaciones del gremio, 1.263 empresas y no comercios-, lo cierto es que unos, han dicho definitivamente «adiós» a su fuente de ingresos, y otros, viven con la constante incertidumbre de si podrán aguantar hasta Navidad.
Es el caso de Bambú. Tras 28 años en el Camino de Ronda, esta tienda, en la que ya no queda nada, cierra debido al «daño» que le han provocado las obras del metro. Según una de sus propietarias, Asunción López, «desde que las obras comenzasen hace cuatro años el declive ha sido progresivo. En un principio, contábamos con cuatro empleados, que llevaban trabajando aquí más de 20 años, y tuvimos que despedirlos porque las ventas cayeron en picado. Además, el pago de impuestos de agua y basura industrial, los más de mil euros de IBI y los 2.700 euros de alquiler del local, eran demasiado en los últimos años». Ahora, embalando lo poco que queda en el interior de Bambú, Asunción confía en que las movilizaciones de los comerciantes sirvan como medida de presión. «Aunque yo me voy al paro, apoyaré estas concentraciones si llegan a producirse, y asistiré para hacer fuerza porque lo que más nos enfada es que nadie haya movido un solo dedo para proteger el tejido comercial de la capital. Sentimos que se han reído de nosotros, y que lo único que han hecho Junta y Ayuntamiento es pasarse la pelota. Nadie da una fecha de ejecución», afirma indignada la responsable del local.
Desesperados
Unos metros más allá y en la acera de enfrente, el dueño de Librería Las flores, Juan Rubiales, señala que a pesar de que las ventas del establecimiento han caído «en torno al 60%», seguirán aguantando. «Estamos soportando esta situación porque no nos queda más remedio, pero no sabemos hasta cuándo podremos seguir así. Antes tenía tres empleados y ahora solo uno. Los libros del escaparate eran un reclamo para que la gente entrase y comprase, ya no. Únicamente pasan por esta calle los residentes, y ellos no gastan», añade Juan al tiempo que recalca que «las cuentas no salen a fin de mes».
«Ninguna institución mira por los intereses del pequeño comerciante. La Junta está esperando a que llegue marzo para que el que entre se las arregle con estas obras. Esperemos que las manifestaciones ayuden a que esto acabe», manifiesta el librero optimista.
En la calle Neptuno, Informática Cano es otro de esos locales comerciales que continuarán «a flote hasta que los gastos se lo permitan». Su propietario, Alberto Cano, reconoce que el negocio de venta al público «está muerto». «Después de 22 años, esta tienda ha llegado a la última fase. El comercio tradicional ha tocado techo. De 31 trabajadores quedan 11, y se seguirá eliminando plantilla si no se encuentra pronto una solución. Lo que nos salva es que, además de aparatos informáticos y electrónicos, también nos dedicamos a realizar y actualizar páginas webs», mantiene Alberto a la vez que insiste en que las movilizaciones se hacen como consecuencia de la «desesperación del sector. Creo que va a ser difícil que todos asistamos a esas manifestaciones, dado que para muchos cerrar un día supone perder más dinero del que se pierde estando abiertos».
De igual forma y lejos de cambiar, este panorama se repite en otra parte de la ciudad afectada por los trabajos del Metropolitano. En la Avenida de América y la calle Andrés Segovia (en el Zaidín), los pequeños empresarios claman también por soluciones a un problema que dicen, están pagando «por culpa de las equivocadas gestiones de dos administraciones públicas».
Pretexto es uno de esos locales en los que, a través de sus cristaleras, solo se pueden ver maniquíes desnudos y carteles de 'se traspasa'. El responsable de la tienda de moda -prefiere mantenerse en el anonimato- explica que ha acabado «muy harto de las falsas esperanzas creadas por Junta y Ayuntamiento. En la primera reunión que mantuvimos con el Metropolitano nos dijeron que el plazo de ejecución de las obras iba a ser de 17 meses. Y, en el momento en que se pasaron de ese plazo deberíamos haber salido a la calle. Ahora es bastante tarde, dado que muchos hemos cerrado. Se han reído de nosotros, y lo peor es que no piensan hacer nada, solamente pasarse el bulto de uno a otro», asevera el comerciante. «¿Cómo es posible que unas obras de menos de dos años para su finalización, vayan camino de cuatro desde que empezaran? Sin tener en cuenta, que los únicos perjudicados somos, como siempre, las Pymes», continúa.
Perder más que ganar
Por su parte, Fabricio Morales, representante de Mandrágora, se une a esos establecimientos que piensan cerrar en caso de alargarse la complicada situación por la que atraviesan. «Mantenerlo todo nos cuesta más dinero del que ganamos. Seguimos abiertos, pero si esto persiste cerraremos una vez termine la temporada de invierno. Las obras aquí están paradas desde hace tiempo, no se ha hecho nada, cuando sería una prioridad acondicionar las vías para que los peatones pudiesen acceder a los locales. El alcalde debería habernos apoyado. Demuestra no tener ninguna consideración ni preocupación hacia la ciudad y sus comerciantes. Unos trabajos parados por el capricho de Torres Hurtado de hacer un túnel aquí que no se puede llevar a cabo por falta de dinero», expresa el joven.
Sentimientos y opiniones compartidas por los que, junto con los ciudadanos de a pie, son, realmente, los que sufren las consecuencias de unas obras que, para desasosiego de muchos, no terminan, y que para tormento de otros están dejando en la ruina a decenas de familias.
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A la reducción del gasto de muchas familias granadinas, los establecimientos han tenido que hacer frente a unas considerables subidas de tasas e impuestos que abocan a muchos a cerrar sus puertas. :: R. L. PÉREZ

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