La exposición que estos días se puede visitar en el Museo de Galera pretende ser una reflexión sobre lo que se ha hecho y se quiere hacer, pues en los diez años de existencia del museo se han llevado a cabo diversas actuaciones que han permitido ir divulgando la arqueología y la historia de Galera a un público cada vez más numeroso.
El 23 de de julio de 2001 se inauguró el museo con la sección de arqueología; en el 2004 la parte etnográfica que se encuentra en el sótano-bodega del museo; en junio del 2005 fue un momento muy importante pues se incorporó al mismo los restos momificados de la sepultura 121 de Castellón Alto, popularmente conocida como la 'Momia de Galera'; en el año 2007 de editó la guía oficial del museo y, desde el año 2008 al 2010, se remodeló la sala de la Muerte de la Cultura del Argar.
Según informa María Oliva, el objetivo más inmediato es publicar la memoria de los 10 últimos años de trabajo e investigaciones realizadas en los yacimientos y necrópolis de Galera que, previsiblemente, esté terminado antes de finalizar el año.
La importancia de Galera
La directora del museo de Galera y miembro del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica, pretende que la exposición sea una reflexión sobre el importante papel de Galera en el proceso de definición de la disciplina arqueológica, que venía desarrollándose desde la segunda mitad del siglo XIX en España y en el que intervienen no solo profesionales sino la intelectualidad de la época.
María Oliva señala que desde los primeros hallazgos en Tútugi, el lugar se convirtió en el escenario donde intervinieron diferentes instituciones e investigadores españoles y extranjeros, con puntos de encuentro pero también con disensiones y conflictos.
Por Galera apareció el abate Breuil, Federico de Motos con el patrocinio del Marqués de Cerralbo, Guillermo Gossé, secretario de Louis Siret o Juan Cabré, enviado por la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades. Ante tanta expectación, los expolios aumentaron, mientras que los materiales hallados en los túmulos excavados clandestinamente fueron regalados o vendidos a vecinos de las localidades de Galera y Huéscar, a buhoneros, anticuarios y arqueólogos.
Grandes expolios
Algunos de esos materiales o piezas arqueológicas fueron recuperados por Cabré y Motos en sus excavaciones y entre la gente de Galera, pasando posteriormente a engrosar las colecciones de varios museos, mientras otros permanecen en paradero desconocido o en colecciones privadas.
El mayor expolio se produjo entre los años 1915 y 1920. Piezas arqueológicas de los yacimientos de Galera se encuentran en el Museo Arqueológico de Madrid pero, también, en Pamplona, Murcia, Fundación Rodríguez Acosta y hasta en la Universidad de Harward.