La atronadora voz de Enrique Morente, fallecido el pasado 13 de diciembre, volvió a oírse ayer en Granada, durante unos 15 minutos, en un adelanto del documental 'Morente. El barbero de Picasso', del cineasta Emilio Ruiz Barrachina. El realizador compareció ante los medios en el Palacio Condes de Gabia, donde se proyectó parte de su largometraje, que se estrena el 31 de marzo en el Festival de Cine Español de Málaga tras un año de trabajo mano a mano con el autor de 'Omega'.
En plena campaña promocional de la cinta que recoge las últimas imágenes del cantaor, Barrachina -también autor de 'Lorca. El mar deja de moverse' o 'El discípulo'- rubrica el legado del pensamiento y la creatividad del granadino. El largo, con algo más de dos millones de euros de presupuesto -la Diputación de Granada ha aportado 50.000 euros-, se estrenará en un centenar de salas de cine españolas el próximo 8 de abril. También se proyectará en el Parque de las Ciencias de Granada el 4 de abril y en el Museo Reina Sofía el día 8 de ese mes.
En el adelanto de ayer, se pudo recordar al creador en estado puro, genial, bromeando, reflexionando sobre su existencia, pletórico en las tablas del Liceo de Barcelona y sin presagiar de ninguna manera que la muerte le esperaba días después. El rodaje terminó un día antes de que Morente fuera ingresado en la clínica madrileña donde murió y recoge el momento en el que el genio consiguió cantar y chillar ante 'El Guernica', en Madrid.
«Se tumbó porque quiso»
«Estuvimos toda la noche. Con el museo cerrado. Él está tumbado delante del cuadro porque así lo decidió, como imitando las figuras que pintó Picasso. A cada instante se le ocurría una idea, iba por delante del equipo, pero sabía escuchar. Fue fácil entenderse con él», explicó Barrachina. «De ninguna manera pensaba que iba a morir ni que su salud revestía gravedad. El día que falleció habíamos quedado para seguir trabajando y tenía conciertos programados para después de la hospitalización», añadió el realizador. «Lo echaré de menos cuando el documental se estrene. No me acostumbro a no tenerlo cerca para seguir hablándole y consultándole», se lamentó el realizador.
Morente, según relata él mismo en el documental, quedó impresionado la primera vez que vio 'El Guernica'. Le impactó, aunque no lo supo entender «en su profundidad» porque «era un semianalfabeto de la época». «Me impresionaron sobre todo los bocetos, la cara de una de las mujeres con mueca de dolor me puso un nudo en la garganta», narra el artista ante las cámaras, y confiesa con sorna cómo pasó «de los westerns a leer 'Réquiem por un campesino español'».
«'El Guernica' me sirvió para tener más conciencia de lo que ocurre en el mundo», dice el granadino en el documental, cuyo montaje fue diseñado durante una puesta de sol en su casa del Albaicín.
La película se estructura en cuatro partes, los elementos de la naturaleza, de los que el cantaor «hablaba mucho últimamente». La Tierra refleja la creación, sus distendidos y profesionales ensayos (en los que sale su hijo José Enrique, también cantaor, vestido con la equipación del Real Madrid) y las grabaciones. Le sigue el Aire, quizá la parte más emotiva porque muestra al hombre familiar, con sus parientes y vecinos del Albaicín.
Eugenio Arias, el barbero
El Agua, rodada en Buitrago de Lozoya (Madrid), el pueblo del barbero de Picasso, Eugenio Arias, exhibe el flamenco ortodoxo. Por fin, el Fuego, grabado en El Liceo de Barcelona, proyecta el lado más creativo del artista, la fusión. En la plaza catalana interpreta magistralmente algunos temas de su penúltimo disco, 'Pablo de Málaga', en el que musicó poemas y escritos de Picasso, que precisamente murió el mismo día en que la película se llevará a los cines.
«El documental no es una necrológica. No es la historia de su vida. No hay ni un solo plano posterior a la muerte de Morente. No he cambiado nada de lo que proyectamos, aunque algunas imágenes ahora adquieren otra significación», aclaró Barrachina sobre el título, cuyo hilo conductor es la historia de amistad entre Picasso y su barbero, con un montaje arriesgado y ágil que incluye imágenes del drama humano que supuso la Guerra Civil. El largo rompe en lo formal, ya que las cámaras seguían al cantaor, y tiene un sonido extraordinario.