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El 'Cebollas' deja el 'Palas' para siempre

GRANADA

El 'Cebollas' deja el 'Palas' para siempre

El famoso bar de la Plaza de la Merced se queda sin su mentor tras cincuenta años criando 'generaciones'

21.03.11 - 02:02 -
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Hay un rincón de esta ciudad donde todos los años llegan postales desde el extranjero u otras ciudades españolas sin dirección, solo aparece en el destinatario el nombre de Granada y el ‘Cebollas Palace’. Un bar. Pero no uno cualquiera, aunque no hayan tenido todavía el detalle de incluirlo en la Guía Michelín. Catedráticos de universidad, políticos, sindicalistas, artistas, obreros, estudiantes, cirujanos, militares, médicos, desempleados, trabajadores... quién no ha parado alguna vez en este entrañable rincón de la Plaza de la Merced antes de iniciar la subida de la Cuesta de la Alhacaba. El alma de este invento, Manolo Jiménez, el ‘Cebollas’, ha fallecido, después de cincuenta años repartiendo lecciones de vida desde la pequeña barra del ‘Palace’.
Juan Jesús García, crítico musical, fue uno de los clientes ilustres del ‘Cebollas’, un establecimiento que él no duda en definir como el ‘eslabón perdido’ entre la tasca de toda la vida de Dios y el pub. «Hablamos del año 77 ó 78. Era la época del ‘punk rock’, pero en Granada apenas había ‘punk’. Estaban las tabernas tradicionales y luego el ‘Cebollas’. Entonces era el mejor. Luego se empezaron a abrir los pubs, que era una cosa que no existía, y ya no fue lo mismo. Pero el ‘Cebollas’ fue el primero», sentencia García en plan ‘al César lo que es del César’.
El ‘Cebollas’ era un padre para sus clientes. Y sus clientes eran casi unos hijos para él. «Si no había dinero, él te fiaba el cubalitro; primero te echaba la bronca, y después se acercaba por detrás y te decía ¿cuántos quieres? Si necesitabas localizar a cualquier persona, le dejabas el recado, volvías a las dos horas y todo solucionado. No paraba. Lo veías en un coro hablando con gitanos, cinco minutos después se reía con un grupo de abogados. Quince minutos más tarde estaba con unos obreros... se relacionaba con todos y siempre con una sonrisa para todos». Manolo Vílchez es uno de esos clientes de la época dorado del ‘Palace’, el periodo comprendido entre el 1978 y 1990, pese a sus cincuenta y pocos años sigue fiel a la tradición, y todos los jueves se encuentra allí con El Gulli, con el Tiqui el Parteras, Chicho, Paco el Psicólogo... La fachada del bar aparecen dos palas dibujadas, por eso del ‘Palace’ y en honor a los muchos obreros que por allí siguen desfilando. El otro ‘Palace’ de Granada es un hotel de cuatro estrellas.
El apodo
El apodo de el ‘Cebollas’ le viene de las tapas de cebolla en vinagre que ponía su padre en el anterior bar que regentaba en la Acera de san Ildefonso, donde hoy hay una residencia de estudiantes. Se quedó con el mote, pero su gran invento fueron los cubalitros a 60 pesetas. «Un día a la semana nos íbamos por las discotecas y los pub para recoger los botes de zumo de cristal donde hacíamos las litronas», cuenta su hijo Manolo, el copiloto del Seat Panda utilizado para cargar todas las botellas recogidas en esas batidas. La idea surtió efecto y la plaza del ‘Cebollas’, porque es más conocida por este nombre que por el de la Merced, se convertía en un hervidero de tribus urbanas en una época de muchos cambios sociales en Granada, en Andalucía, en España... «Muchas veces no necesitabas comprar, te bastaba saludar a unos y a otros, y cuando acababas el recorrido estabas ya medio cocido. Allí había de todo, los rojeras, los bohemios, la gente del pueblo, los gipis, los punkies, los soldados, los profesores (...)». Las palabras son de Jorge Morales, otro casi cincuentón, bebedor de la cultura ‘punk’ en aquellos entonces, hoy licenciado en Sociología y a punto de hacerlo en Antropología.
El roquero Miguel Ríos, Enrique Morente, el cantaor que nos dejó hace poco; Antonio Jara cuando era alcalde de la ciudad; José Luis García Rúa, ex secretario general de la CNT; Lola Flores –en alguna ocasión–; AntonioArias, alma mater de Lagartija Nick; y hasta el mismísimo secretario general de UGT, Cándido Méndez, son algunos de los ilustres clientes de este garito.
«Por el ‘Cebollas’ pasaba todo el mundo, aunque no todo el mundo lo reconozca. Y también se da el caso contrario: hay quien ahora presume de haber estado por allí, pero nadie les vio», precisa Chema Rueda, concejal socialista en el Ayuntamiento de Granada y un asiduo del histórico local de Manolo Jiménez en sus años mozos. «Yo debía estar acabando el COU –el ya extinto Curso de Orientación Universitaria– o a punto de empezar Derecho. Íbamos allí por los ‘cubalitros’, él los inventó, y por el precio. Me parece recordar que eran siete duros –unos veinte céntimos de euro lo que costaban–. Era un tarro de cristal, de los de los zumos ‘Fruco’, relleno hasta arriba. Cuando acababas, lo devolvías. Así que no había cristales rotos ni nada de eso», rememora el edil.
Trinidad, la otra hija de este insigne tabernero a quien era muy complicado ver bebiendo y quien siempre reservaba los domingos para llevar a su esposa Maruja a comer fuera, recuerda que encima del bar, en su casa, había una pequeña habitación que el ‘Cebollas’ cedía, en ocasiones, a clientes como José Luis García Rúa, ex secretario general de la CNT de España, para almacenar pasquines, que después se repartían por Granada. Corrían los últimos años de la década de los setenta y este tipo de actividades se realizaban con mucho cuidado. Fue poco después, cuando el ‘Cebollas’ se las ingenió para sacarse de la chistera otro nuevo invento. «Los soldados del Gobierno Militar le lanzaban los petates por las ventanas con una cuerda y él les metía los cubalitros y para arriba, otra vez», rememora su hija Trinidad, quien se ha quedado junto con su marido al cargo de este emblemático local de la ciudad.
Para Antonio, un jienense que hizo la ‘mili’ en el gobierno militar, el ‘Cebollas’ fue sencillamente un salvavidas contra el tedio de las guardias y los fines de semana de obligatorio uniforme. «Fue una suerte tenerlo al lado», confiesa.
El también concejal socialista Isidro Olgoso asegura que el ‘Cebollas’, sin proponérselo, fue una especie de precursor del botellón, una costumbre que, como se puede observar cada vez que la primavera alborea, goza de un notable predicamento en la ciudad de Granada. «Bebíamos en la calle, es verdad. Pero sin montar broncas. Luego, como decía Chema, devolvíamos los cascos. Era un botellón más civilizado», precisa Olgoso. La ordenanza antibotellón ha impedido a este bar recuperar sus viejas costumbres.
Salieron matrimonios
El ‘Palace’ era el punto de encuentro. Jerónimo y Conchita se conocieron allí con apenas quince años, hoy tienen un hijo con doce años. Paco el psicólogo y Silvia también comenzaron a flirtear allí hace más de veinte años, hoy comparten un hijo de 15 años. Almudena, otra de las asiduas clientas, se casó con su actual marido a partir de una de las veladas en el ‘Cebollas’, hoy con un crío pequeño, lo mismo le pasó a Gúmer, con dos hijos, y a tantos clientes más que no se olvidan como Paco, Manolo, Jhony, Lalo, Juan de Dios, Sevilla, Maribel, Eduardo, el ‘Litri’ y miles de universitarios.
«Manolo era genial, se portaba como un padre, sabía llevar muy bien a la gente y la gente le respetaba, sin excepción; si alguien subía el tono, él se acercaba y aquí paz; cuando cerraba, no quedaba en la calle ni una botella, todo estaba como si por allí no hubiera pasado nadie», apunta Rafa Parteras, el ‘Tiqui’, otro de los históricos clientes.
El ‘Cebollas’ disponía en su casa, la planta de arriba del local, de una garrafa de ginebra conectada por un tubo con el bar. «Éramos el único bar con un grifo de ginebra y los únicos que abríamos a las siete de la mañana y no teníamos máquina del café», cuenta su hijo Manolo. Los primeros cubatas costaban un duro. Y hubo días de auténtico récord: «Recuerdo un día de la Cruz que vendimos más de ocho mil litros de cubalibre», cuenta Pepe, quien hoy regenta este establecimiento, y quien no olvida el día que el ‘Cebollas’ metió en su casa a un nutrido grupo de jóvenes que asistían en mayo de 1984 a la obra de El Comediants y huían del ataque de grupos fascistas. «Manolo llenó la casa de esta gente que huía despavorida, aquello fue grande».
Así era Manolo, el ‘Cebollas’, «genio y figura», según su nieta Rocío. «Era un personaje para todo. Hace pocos años vino una ambulancia porque le dio un infarto, lo llenaron de cables por todos lados y se lo llevaron. Él bajó de casa por su propio pie y cuando salió por la puerta había un montón de gente en la plaza y empezaron a corearlo. Él salió saludando como si estuviera en un estadio de fútbol», ríe.
Los miembros del grupo irlandés de rock Thin Lizzy –una banda que fue grande a finales de los años 70 del siglo pasado– no estuvieron nunca en el ‘Cebollas’. Pero hay una canción suya, ‘Dancing in the Moonlight’ (’Bailando bajo la luz de luna’), que parece que hubiese sido escrita por alguien que disfrutó de una de las florecientes noches de litros y rosas que dieron fama, también a finales de los 70, al singular garito granadino. La letra es un retrato perfecto de la dicha de ser adolescente, de los primeros amores y las primeras juergas. «Cuando me crucé contigo en la entrada / me atrapaste con la mirada / yo debía haber cogido el último bus a casa / pero te pedí un baile / (...) Estoy bailando bajo la luz de la luna / en esta larga y cálida noche». Pedir recuerdos de aquel ‘Cebollas’ primigenio es tararear una y otra vez ‘Dancing in the Moonlight’.
Manolo, el ‘Cebollas’, ha dejado huérfana a su clientela poco antes de cumplir los ochenta años. Se ha ido para siempre, dejando litros de historia almacenados en este rincón de Granada. La familia recuerda, para quien le interese, que el próximo 27 de marzo a las 20.00 horas habrá una misa en su recuerdo en la iglesia de san Ildefonso, donde se casó hace más de cincuenta años con su querida Maruja. Igual ahora es elCebollas quien manda esas postales.
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