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Cenicientas y madrastras

SOCIEDAD

Cenicientas y madrastras

Estas tres mujeres, humildes y autodidactas, encandilaron a sus patrones millonarios. Hoy controlan sus imperios

26.12.10 - 01:13 -
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Friede Springer, Ursula Piëch y Liz Mohn comparten, algo raro en la vida de los seres humanos, un pasado casi idéntico y un presente común que obligó a los alemanes a inventar una nueva palabra, mitad en inglés mitad en alemán, para poder definir el rol que desempeñan las tres mujeres en la actualidad: 'Die Powerfrauen', Mujeres con poder.
Las tres tienen un origen humilde, son autodidácticas y cuando eran jóvenes tuvieron la suerte de encandilar a sus respectivos patrones, todos ya maduros y multimillonarios, que se rindieron al encanto de sus empleadas y decidieron convertirlas en sus esposas.
Gracias a sus maridos y a una rara habilidad para imponerse en los recovecos del poder económico de Alemania, las tres detentan ahora una influencia descomunal en sus dominios, que les permite influir en la opinión pública del país y en un sector clave de la industria alemana.
Como esposas, dos de ellas acompañaron a sus maridos en actos públicos y en ceremonias privadas, pero en la intimidad del hogar desarrollaron un instinto que les permitió influir en forma determinante en las decisiones empresariales de sus cónyuges y que les ayudó, cuando enviudaron, para defender sus respectivas herencias y multiplicarlas como en el milagro bíblico.
La historia de Friede Springer parece sacada de un cuento de hadas escrito por los hermanos Grimm: hace ya mucho tiempo, existía un rey que se enamoró de la niñera de sus hijos y la convirtió en su consorte; al morir el monarca, ella heredó su imperio. En el verano de 1965, Friede Riewerts tenía 23 años y después de leer un anuncio en el periódico 'Welt am Sonntag' de Hamburgo se presentó en la casa de Axel Springer, el famoso y rico editor alemán.
Helga, su cuarta esposa, le abrió la puerta y él solo dedicó un par de minutos para examinar, desde la escalera de la mansión, la esbelta figura de la joven. Poco tiempo después, Springer admitía con vehemencia que se había vuelto a enamorar y se propuso, con una energía poco común y mucho dinero, conquistar el corazón de la hermosa y joven niñera.
El cuento tuvo final feliz. Después de un apasionado y largo romance semiclandestino, Friede Riewerts, la hermosa niñera, se convirtió en enero de 1978 en la quinta esposa del editor más poderoso del país, pero también en su más cercana colaboradora y consejera. Por deseo expreso de su marido, Friede Springer también comenzó a prepararse sistemáticamente para poder desempeñar, algún día, puestos de confianza y responsabilidad en la casa editorial.
«A su lado me desarrollé y lo admito sin problemas: yo soy su producto», dijo la nueva esposa del jerarca cuando ya había aprobado con éxito varios cursos en filosofía, economía, historia del arte y lenguas extranjeras. Axel Cesar Springer murió en 1985 y su viuda y todos sus hijos heredaron el imperio editorial. La exniñera demostró entonces sus verdaderas cualidades, las que la transformaron en una de las mujeres más poderosas del país.
El imperio estaba al borde del colapso, pero ella mostró una voluntad de acero para recuperar el control del gigante que edita, entre otros periódicos, el famoso 'Bild' y 'Die Welt'. En menos de diez años, Friede volvió a ser la accionista mayoritaria de la editorial, una hazaña que le valió el respeto, incluso, de sus enemigos. El mundo político le teme y rinde pleitesía.
Amante desde los 17
Los enemigos de Liz Mohn también le tienen respeto y tampoco ocultan una cierta admiración por ella. Con 69 años cumplidos es, en su calidad de presidenta de la Fundación Bertelsmann AG, quizás la mujer más influyente y poderosa del mundo mediático alemán y europeo, una posición que fue conquistando con una rara paciencia el día en que su eterno amante y padre de sus tres hijos, el patriarca Reinhard Mohn, decidió convertirla en su esposa.
A los 17 años y cuando ya trabajaba como telefonista en la sede central de Bertelsmann en Gütersloh, Liz Beckmann decidió participar en una fiesta de la empresa. El destino quiso que Reinhard Mohn, el hombre que triunfó levantando el imperio de las ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, se fijara en ella. La leyenda dice que el amor fue instantáneo y que esa noche la joven regresó a su casa a las cinco de la madrugada.
«A partir de ese día nada volvió a ser lo que era», confiesa Liz en su autobiografía, titulada 'El amor abre los corazones'. Ese día se convirtió en la amante de Reinhard Mohn y solo logró cambiar su apellido de soltera 24 años después del primer encuentro. En ese lapso alumbró tres hijos del millonario y se vio obligada a casarse con un empleado de la empresa para esconder la verdadera identidad del padre.
La doble vida llegó a su fin en 1982, cuando Reinhard Mohn, después de enterrar a su madre, se divorció, llevó al altar a su eterna amante y la comenzó a explicar los misterios y milagros del imperio que da trabajo a más de 80.000 personas en todo el mundo. Incluye revistas, el grupo de televisión RTL y casas editoriales tan exquisitas como Random House. «Yo era en esos años como una esponja: todo lo absorbía», cuenta la ex telefonista.
Cuando Reinhard Mohn murió en 2009, Bertelsmann se había convertido en una multinacional hecha a la medida de Liz Mohn: un inédito matriarcado alemán. Como presidenta de la fundación, controla el 76,9 % de las acciones y como jefa de la familia Mohn dispone de otro 23,1%.
El ascenso de Ursula Plasser (la única que no se ha quedado viuda), una risueña austriaca que dirigió hasta los 25 años un jardín de infancia en Braunau, su pueblo natal, comenzó en las vacaciones de Navidad en 1982 en una carretera en los Alpes austriacos. La joven, con ganas de conocer el mundo, había aceptado un trabajo como institutriz en el hogar de Ferdinand Piëch, en aquella época padre de nueve hijos y miembro de la junta ejecutiva de Audi. Para obtener el trabajo, había admitido ser independiente y capaz de desplazarse en situaciones extremas.
Pïech, por cuyas venas circula gasolina en lugar de sangre, quería conocer las habilidades de la nueva institutriz al frente del volante de un todoterreno. «En un pendiente de 17 grados la obligué a detenerse y volver a arrancar», recuerda Piëch en sus memorias. «Dos veces ahogó el motor y yo sonreí, pero tuve un extraño presentimiento». En septiembre de 1984, la joven dejó de trabajar como institutriz y se convirtió en la esposa del adusto ingeniero austriaco, nieto del legendario Ferdinand Porsche. «¿Cómo te puedes casar con mi padre cuando eres una persona tan humana y alegre?», le soltó una de sus hijastras.
La jefa de Volkswagen
En los últimos 26 años, Ursula Piëch no ha perdido su buen humor, ha desarrollado una rara pasión por los automóviles y, al igual que Friede Springer y Liz Mohn, la ex niñera se ha transformado en la confidente y consejera del hombre más poderoso de la industria automotriz alemana y copropietario de Volkswagen.
Cuando Piech se convirtió en el poderoso jefe de Volkswagen, Ursula dejó de ser la esposa discreta y empezó a sobresalir en el mundo de los motores. El poder en la sombra. La estrella de Ursula adquirió un brillo diferente cuando su esposo, con 73 años cumplidos, hizo público los detalles de su testamento. Para evitar que sus doce hijos dilapiden la enorme riqueza acumulada y puedan poner en entredicho el futuro del grupo, decidió dar vida a dos fundaciones austriacas que administrarán el paquete de acciones de Volkswagen y Porsche que posee el magnate. El control de ambas entidades queda en manos de Ursula. su actual esposa... siempre que no vuelva a casarse.
Ferdinand Piëch, el prócer más poderoso de la industria europea del motor, todavía goza de buena salud, pero su esposa Ursula es 19 años más joven que él. La alegre ex institutriz austriaca tiene grandes posibilidades de convertirse en la primera mujer en controlar con puño de hierro y sonrisas el grupo Volkswagen.
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