ideal.es
Miércoles, 22 octubre 2014
claros
Hoy 14 / 31 || Mañana 16 / 31 |
más información sobre el tiempo

SOCIEDAD

Volver del coma

Noelia Mota se cayó de su caballo de rejoneo en septiembre. Veinte días en coma. No daban un duro por ella. Hoy ya quiere volver a montar. «Es un milagro»

16.11.10 - 01:50 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Noelia Mota es una amazona griega que pudo quedar como un vegetal en una cama del siglo XXI. No lleva lanza, escudo, ni casco; ni vive en Sarmacia, sino en Tarancón (Cuenca). Su habitación está cuajada de perros de peluche en tonos rosas y otros 'gadgets' propios del atrezzo adolescente. Pero es una fiera: en horario laboral torea a caballo y a sus 21 años acaba de salir del coma con la misma determinación del que sale de la ducha por la mañana para ir al trabajo.
El 26 de septiembre lidió su peor faena, una pesadilla de la que despierta poco a poco. Ocurrió mientras jugaba a los centauros en la plaza de toros de Marbella. En un paso de costado, 'Piri Piri' perdió las manos y zozobró con el temple con el que caen los rascacielos, a cámara lenta. Ambos se derrumbaron de lado en la cara del toro, poco a poco, hasta que la cabeza de Noelia remató de un latigazo seco en la arena del ruedo. 'Clac'. Quedó tendida como un pelele bajo la barriga del caballo, pisoteada por las manos de la res, la cara contra el suelo, inerte si no fuera por las convulsiones que sufría su cuerpo y que pararon el corazón de todos los que vieron las imágenes. Luego vinieron las noticias que presagiaban el luto y los informativos a todo tren temiéndose lo peor.
La memoria es piadosa. «Yo no me acuerdo de nada de lo que pasó». Ni siquiera de cómo su caballo, pese al pánico de la cogida, evitó pisarla. Tampoco de la lección de solidaridad del forcado Paulo Florentino, que se echó encima de su cabeza cuando el toro volvió a rematar a su presa -para proteger su vida con la suya propia-, ni de su padre y su hermano saliendo al quite a cuerpo descubierto. Esos quince segundos estuvieron a esto de terminar con ella. Se despertó en la enfermería y habló: «Me duele». Y se durmió. En la cabeza de Noelia se estaba formando ya un edema cerebral que aumentaba la presión en su cráneo como un balón de reglamento y que la llevó al coma inducido, un sueño del que terminó de despertar el 19 de octubre, después de un peligroso paréntesis. «Ahora que he visto las imágenes, sé que estoy aquí por un milagro», confiesa. Tal vez por eso, desde que puso un pie en el suelo, visita con asiduidad a la Virgen de Riánsares. «Tenemos conversaciones muy a menudo entre nosotras».
Tiene mucho que agradecer. Las imágenes de su cuerpo a la merced de dos bestias y a punto de ser aplastado abrió los telediarios. En varias ocasiones, el trallazo de su cerebro contra la arena estuvo a punto de apagarla y entre los corrillos de aficionados se llegó a murmurar una frase terrible: «La niña se muere».
Sueños inconexos
Por eso sorprendió verla en la televisión reaparecer con un hilo de su voz de niña. Noelia había vuelto. «Estoy muy bien, demasiado para lo que me ocurrió». Se marea cuando mantiene una conversación larga «y en los coches, como los críos». Se cansa mucho, ha perdido tono muscular por pasar un mes tumbada en una cama y se le ha paralizado una cuerda vocal que poco a poco va recuperando. Una ganga si se compara con las 100.000 personas que salen del coma en España -entre 20.000 y 30.000 por accidentes de tráfico- con daño cerebral adquirido.
No recuerda nada del día de la cogida, tampoco del día de su segundo cumpleaños, cuando despertó en el Hospital Carlos Haya de Málaga y coló sus cuatro primeras palabras en un susurro: «Mamá... llévame a casa». Luego pidió que la dejaran dormir. Antes, estuvo atrapada en una sórdida tela de araña de sueños inconexos e incómodos que no llegaba a distinguir de la realidad. En el limbo de la recuperación del coma suceden cosas extrañas. «En una de esas, soñé que venían los apoderados a decirme que teníamos que torear al día siguiente, no sé dónde, qué más da, yo no sabía en qué ciudad estaba... Me quedé con esa idea, como si eso hubiera sucedido en la realidad. Cuando desperté tiempo después, pedí a todo el mundo mis cosas y le dije a la cuadrilla que preparase todo, que había que ir a la plaza». Otro día, Noelia creyó que tenía que ir de cacería. «Y yo no cazo».
Lo primero, los caballos
Sus primeros recuerdos llegaron más adelante, cuando salió de la clínica y viajó hasta su casa. Después de una tortura de camino en coche, volvió a la finca en la que guarda sus caballos. Se acercó a la cuadra vallada en la que esperaba 'Piri Piri': «Me miró y me relinchó. Me echaba de menos».
Noelia es una chica joven que se alborota solamente cuando habla de ropa o de caballos. Con su madre, Rosa María Martínez, que la protege como un perro de presa, tiene dos pendencias amables: la primera, el modelo para las fotos de la entrevista; la segunda, poder ir a la finca para estar más tiempo con los caballos.
Pasión contra medicina. Entre esos dos polos se mueve Noelia con una sonrisa. Hasta esta semana, los médicos no la dejaron acercarse a sus caballos, no fuera a ser que, en un arranque de optimismo físico, los montase. Ella está bien, si se compara con los días de suero y sábanas, pero aún necesita la ayuda de su hermano para abrir el pestillo de la cuadra. De volver a la silla se habla poco. «Cuando lo digan los médicos». Y los médicos aún no han dicho nada. Sus apoderados calculan que para la temporada que viene regresará a los ruedos, hacia febrero o marzo.
Entonces podría recuperar el título de la princesa del rejoneo, que ostentaba hasta que 'Piri Piri' perdió el equilibrio en Marbella. Ese día disfrutaba de las mieles de la parte alta del escalafón, en un increíble tercer puesto detrás de Pablo Hermoso de Mendoza y Joao Moura hijo. Ha cabalgado una temporada prodigiosa con 53 paseíllos, 140 orejas y tres rabos, pese a que torear en las grandes ferias y las puertas grandes de Sevilla y Las Ventas pertenezcan aún al mundo de sus sueños. «Aún no estoy preparada para ello y tengo mucho miedo de que ocurra». Nadie en su familia tenía relación alguna con el toreo, ni con los caballos. Con 16 años se subió por primera vez y comenzó a montar en casa del rejoneador Martín González Porras. En un año, debutaba en público con un par de banderillas y conseguía los más difícil: «Que los caballos confíen en ti». Ahora tiene que empezar de nuevo.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Volver del coma

Noelia se reencuentra con 'Piri Piri', el caballo tordo con el que cayó en septiembre sobre el ruedo de Marbella y que evitó pisarla. :: JOSÉ RAMÓN LADRA

Descuentos
Videos de Costa
más videos [+]
Costa
Ideal.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.