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La magia de la foto en papel

GRANADA

La magia de la foto en papel

Aunque con dificultad, la fotografía química sigue viva en Granada gracias a los 'románticos' enganchados a sus límites y su estética

09.09.10 - 01:58 -
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«Llámame romántico si quieres, pero la magia de una fotografía es verla en un papel», asegura Juan Palma, fotógrafo profesional granadino. Desde hace un año, se ha embarcado en la aventura de crear cámaras estenopeicas. Crear, sí, porque cualquier objeto que no deje pasar la luz es válido para este fin, ya sean latas de cerveza, de pintura o cajas de zapatos. Además, como él dice, «he juntado mis dos pasiones: fotografía y bricolaje», y se ha fabricado una enorme cámara oscura de madera con distintos objetivos y opciones. La fotografía estenopeica, que no es más que el arte de la fotografía en su forma más simple, consiste en una caja totalmente oscura con un pequeño agujero, del grueso de una aguja, por el que entra la luz; frente a ese agujero se coloca un papel fotográfico, y después de un tiempo de exposición de «unos diez segundos para hacer una foto a un paisaje un día despejado», se podrá sacar el papel en un lugar oscuro para introducirlo en el líquido químico que hará aparecer el negativo, lo que Juan Palma considera «una experiencia única».
Puede que resulte muy complicado, sobre todo porque ya todo el mundo está hecho a las cámaras digitales, pero no hay problema: cualquiera que tenga una cámara reflex digital podrá tener una propia, haciendo un pequeño agujero a la tapadera de rosca que protege a la máquina cuando no tiene objetivo, y colocándosela en este mismo lugar. «Es una forma de tener una estenopeica digital, aunque se pierde la magia de ver aparecer la imagen poco a poco en el papel», asegura Juan Palma.
Una fotografía que, sin embargo, no es aconsejable para realizar fotografías de retratos, por el largo tiempo de exposición que requiere. «Lo mejor es usarla para fotografías de paisajes o de aquitectura», afirma el experto. Juan Palma (http://fotojuanpalma.spaces.live.com/) está preparando un curso de fotografía estenopeica para realizar durante el invierno, además de otro de iniciación a la fotografía en Caja Granada.
Otro enamorado de la fotografía química es Manuel Ceballos, un aficionado de este arte que, tras tener una crisis de creatividad y ver algunas obras analógicas de otros autores, alimentó su curiosidad y 'tiró' su primer carrete. Desde entonces, reconoce: «me ha enganchado». Aunque alterna la digital con la química, suele revelar un par de carretes al mes, y cuenta ya con cinco cámaras, tanto de 35mm como de 120mm. «Cuando voy con la analógica no soy el mismo, me lo pienso mucho más y lo preparo, por lo que el resultado me gusta más, y salen más bonitas», asegura Manuel, un trabajador de la construcción que en sus ratos libres se dedica a la fotografía y las muestra en Flickr utilizando su mismo nombre. Manuel es esencialmente autodicacta: realizó un pequeño curso en Casa de Porras, pero casi todo lo que ha aprendido ha sido por inquietud propia, leyendo e investigando. Ha expuesto en alguna ocasión, como en la colectiva GR - FLICKR - que ya ha abierto su plazo para la de 2010-. Ahora quiere hacerse con un equipo de revelado propio para crear un cuarto oscuro en su casa para revelar los carretes.
Quién sí que está entregada totalmente a la fotografía química es Francesca Lenti, una italiana que vive en la ciudad de la Alhambra con su novio Lee, americano-alemán. Después de vivir un tiempo en Italia los dos, se mudaron a Granada hace dos años porque a él no le gustaba, y ahora ejerce como traductora de alemán, inglés y español. Aunque la fotografía le gustaba desde siempre, en 2005 su novio le regaló su primera máquina, una cámara reflex analógica completamente mecánica -ella tenía que configurarlo todo-. «Evité lo que se denomina 'pereza de zoom': era yo la que tenía que acercarme al sujeto, el zoom eran mis pies y mis piernas», recuerda Francesca, que reconoce que «es la mejor forma de aprender».
Se sumergió del todo en el mundo de la fotografía, y poco a poco fue comprando más objetos. Ahora tiene dos cámaras reflex analógicas Canon, así como otras máquinas que ha ido encontrando de segunda mano, en mercadillos o le han regalado. «Todo es usado y muy barato, pero me encanta la idea de utilizar cámaras que ya nadie quiere», asegura Francesca, cuyo nick en Flickr es chinasky1. Aunque normalmente revela sus carretes en un laboratorio profesional, se acaba de montar un cuarto oscuro en su propia casa.
«No me gusta la digital»
«Mucha gente me pregunta por qué no tengo una cámara digital o no quiero usarla. La verdad es que me encanta la analógica, y la digital casi nada. Me gusta que el soporte sea algo físico, el carrete, y no algo que no se pueda tocar, como el archivo. Me fascina tener una vieja y pesada cámara de metal en las manos», reconoce Francesca.
Al igual que Manuel, asegura: «me gusta saber que tengo un límite, las 36 fotografías del carrete, y que cada una me va a costar dinero, entonces tengo que pensar más y seleccionar mis fotografías antes de hacerlas». Además, dice que el proceso en el cuarto oscuro es fascinante, «mucho más interesante que pasar horas y horas frente al ordenador y hacer cosas con Photoshop». Ella sólo utiliza el ordenador para escanear los negativos, técnica que también utiliza Juan Palma, ya que es una forma de ahorrar en costes.
A pesar de la magia que desprendela fotografía química, se trata de una práctica cada vez menos frecuente. Con la llegada de la fotografía digital, los laboratorios se han llenado de tarjetas de memoria, marcos digitales, fotomontajes, retoques con Photoshop y posibilidad de estampar las imágenes en tazas, camisetas, puzzles, llaveros y un sinfín de objetos. La digital tiene ventajas: después de la inversión inicial no hay más costes a la hora de hacer capturas, y casi no hay límites. Pero las imágenes al final se quedan para siempre en el ordenador, y pocos usuarios mantienen la costumbre de guardar los recuerdos en álbumes de fotografías.
En Granada, algunos laboratorios siguen revelando carretes más 'extraños', como de formato medio, en blanco y negro, o diapositivas. Goyo Fotógrafos, AM Foto o Photoimagen son algunos. Sin embargo, aseguran que prácticamente no se revelan carretes, y los que lo hacen en su mayoría son personas mayores acostumbradas a la fotografía analógica y reacias a cambiar, o estudiantes de bellas artes. También 'románticos' que siguen enganchados a la fotografía analógica.
Además, se están poniendo cada vez más de moda las cámaras lomográficas, unas máquinas esencialmente de plástico, con formas y colores llamativos, muy 'retro', que utilizan carretes de 35 y 120 mm. En Granada sólo las vende la tienda Outside, donde aseguran que «cada vez son más conocidas y son más demandadas».
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