ideal.es
Miércoles, 22 octubre 2014
sol
Hoy 14 / 29 || Mañana 12 / 28 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
Quijotes de la orfebrería

SOCIEDAD

Quijotes de la orfebrería

Un taller de Madrid labra las distinciones que conceden Casas Reales y gobiernos de toda Europa. Algunas piezas, de oro y rubíes, pueden costar más de 50.000 euros

07.09.10 - 01:46 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Llevan a gala ser los únicos orfebres españoles que mantienen intactas las técnicas artesanales implantadas en 1860 por Mariano Cejalvo Sanz, fundador de la empresa. La manera de labrar los metales preciosos y el empeño en lograr la perfección le mereció el título de Proveedor Oficial de la Casa Real, que el rey Alfonso XII le concedió en 1884. Desde entonces, el desarrollo industrial y tecnológico ha pasado de largo por cuatro generaciones, empeñadas en cuidar, a golpe de buril, esmalte, sudor y tenacidad, la impronta estampada por el bisabuelo.
Las actuales herederas, Marina y Dolores Cejalvo, preparan ya a la siguiente generación. La hija de Marina enriquecerá el negocio con sus aportaciones como titulada en Bellas Artes. No vendrá mal, los tiempos no son los mejores y el ahorro institucional dictado por la crisis merma la concesión de medallas y distinciones. «Esta época no es demasiado buena, el Rey ha viajado menos debido a que España ha presidido la Unión Europea (cuando lo hace puede homenajer con distinciones a personas ilustres), los ayuntamientos tienen problemas económicos y no hay elecciones», explica Marina Cejalvo, propietaria y experta en esmaltado, que admite los altibajos de la empresa, pero que asegura que seguirá abierta mientras de ella dependa. «No tengo valor para cerrar. Sería más fácil, pero me debo a la tradición», comenta con sorprendente convicción.
Hubo tiempos mejores, sobre todo tras la victoria de Franco. El caudillo mostró una generosidad sin precedentes en la concesión de miles de condecoraciones como recompensa a los servicios prestados en la Guerra Civil. Antes, habían trabajado para el Gobierno de la II República, incluso hubo algún momento en que atendían los pedidos de ambos bandos.
Por Joyeros Artesanos Cejalvo han pasado los clientes más exclusivos, no en vano su gran lema es dotar de calidad a la belleza, objetivo que consigue una reducida plantilla de 14 personas conocedoras de los secretos de la artesanía de metales preciosos, esmaltes finos a fuego o el pintado a mano de miniaturas. Algunos operarios han alcanzado ya los 35 años de experiencia, un valor incalculable y difícil de reemplazar en una época en la que los oficios mecanizados optan por las piezas en serie.
Entre esa clientela distinguida figuran varias casas reales europeas, el Gobierno central, ministerios, asambleas parlamentarias, gobiernos autonómicos, administraciones locales, colegios o universidades, sin excluir a los particulares. El Estado es el que acapara el negocio, en torno al 90% de los encargos. Especializada en la fabricación y venta de condecoraciones, Cejalvo ha llegado a acumular cerca de 5.000 troqueles que permiten a la empresa servir cruces y medallas de cualquier Orden española y extranjera. Todo el material, tanto el de exposición como el de elaboración lo atesoran en un taller del polígono industrial de Algete, en Madrid. Las únicas modificaciones que se ha permitido la empresa en casi dos siglos han consistido en dotar de funcionalidad a las instalaciones; cerrar, por motivos de seguridad, la célebre tienda ubicada en el número 7 de la calle Cruz, en el centro de la capital madrileña, y modificar la fórmula de los pedidos. El 95% se realiza por internet, aunque una vez comienza el trabajo, los clientes pueden contemplar 'in situ' el proceso.
A los pies de la cama
Marina hace alarde de buena discreción y asegura que no recuerda el precio, pero el bastón de mando de Franco fue una de las grandes joyas labradas por Cejalvo. El bastón y la cruz laureada de San Fernando -la más alta condecoración de las Fuerzas Armadas- fueron entregadas en arquetas de plata repujada. El bastón lo encargó su esposa, Carmen Polo, en 1940, y fue costeado por los soldados españoles, a quienes les restaron una peseta de su cartilla. Diamantes, metales preciosos y esmaltes finos a fuego cubrieron los 41 centímetros de longitud. El general lo lució en los actos solemnes y le acompañó hasta el final de sus días. En la antesala de la muerte, reposaba a sus pies en su cama. No se ha sabido nunca más de esa exquisita alhaja, aunque se cree que permanece en poder de la familia del Generalísimo. Cejalvo conservó durante años una réplica que finalmente acabó en manos de un anticuario.
Para emular al caudillo, la embajada chilena en España encargó otro bastón que regalaría a Augusto Pinochet y que el fallecido dictador exhibía también en los actos de Estado. Marina Cejalvo hace memoria y recuerda, ahora así, que al menos costó un millón de pesetas.
Otra de las maravillas elaboradas por la empresa artesanal fue el Gran Collar de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III, creada por este monarca en 1771 bajo el auspicio de la Virgen María en su misterio de la Inmaculada Concepción, de la que era devoto. De ahí que la banda está confeccionada en seda de azul celeste y ribeteada con un filete blanco. Al cumplir el Príncipe Felipe la mayoría de edad (30 de enero de 1986), recibió de Don Juan Carlos el Gran Collar de la Orden. En la ceremonia, celebrada en la Academia General Militar de Zaragoza, Don Felipe de Borbón pronunció su primera alocución oficial como sucesor de la corona.
El collar del Príncipe y el Toisón
Durante la ceremonia de su boda con Letizia Ortiz, el heredero portaba la Gran Cruz del Collar de la Orden de Carlos III (banda y placa) y también el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro, una de las más antiguas distinciones del mundo y que sólo el Rey de España tiene el privilegio de otorgar.
La condecoración consiste en un gran collar de oro compuesto de 26 eslabones dobles entrelazados de pedernales, con dos 'bes' mayúsculas antiguas y eslabones que engarzan a otras tantas piedras centelleantes inflamadas de fuego con esmalte azul y rayos en rojo. Del collar pende el Toisón o Vellocino, en oro esmaltado y lisado por el centro. Eslabón y pedernal formaban parte de las armas del Fundador de la Orden, con el lema 'ante ferit quam flamma micet' ('hiere antes de que se vea la llama)'. La joyería Cejalvo no ha llegado a elaborar ningún Toisón de Oro. Las familias de las personalidades honradas con esta distinción tienen la obligación de devolverla a su muerte. Casi todas lo hacen, pero se ha dado el caso de que alguna asegura haberlo 'perdido'.
La historia de la orden de caballería se remonta a 1429, año en que fue instituida por el duque de Borgoña y conde de Flandes para celebrar su boda con Isabel de Portugal. En 1504 la Orden del Toisón de Oro pasa a la corona española de los Austria-Habsburgo a través de Felipe el Hermoso. Todos los reyes posteriores de España han sido grandes maestres de la orden. Don Juan Carlos puede conceder hasta 60 toisones. En estos momentos lo ostentan 18 personas, entre ellas varias reinas aunque, curiosamente, no Doña Sofía. La orden no ha estado exenta de controversia, como cuando se eligió un símbolo pagano, el vellocino de oro, para una orden cristiana, o cuando durante la Guerra de la Independencia José I, como gran maestre, concedió el toisón a Napoleón. El gesto enfadó tanto al rey de Francia, Luis XVIII, en el exilio, que devolvió su distinción. La concesión fue suprimida en las dos Repúblicas. La primera mujer afortunada con el Toisón fue la reina Beatriz de Holanda, en 1985. El mismo año la recibió la reina Margarita de Dinamarca y, en 1988, Isabel II de Inglaterra. Los dos últimos en lucir la condecoración han sido, este año, el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, y Javier Solana.
Algunas condecoraciones se conceden, pero no siempre se entregan, como puede ser la Gran Cruz de Isabel la Católica, cuyo precio alcanza los 1.000 euros, o la Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort, que los amigos suelen regalar a los homenajeados. Curiosamente, las decenas de medallas, insignias o cruces que otorgan órdenes e instituciones, a la muerte del poseedor pueden multiplicarse cual panes y peces. Porque... ¿quién hereda la distinción a la muerte del distinguido? Cejalvo ofrece soluciones para los problemas de herencia, tan áridos y difíciles de resolver. Hace réplicas y así cada heredero se lleva la suya con su parte del testamento.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Quijotes de la orfebrería
Un orfebre del taller Cejalvo cincela a mano con un buril una pieza para una medalla. :: ELVIRA MEGÍAS
Quijotes de la orfebrería
Descuentos
Videos de Costa
más videos [+]
Costa
Ideal.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.