En 2002 acabó la carrera de Derecho. Estudiaba cuando podía, cuando la maternidad se lo permitía. Es madre de dos hijos y la primera criatura le llegó apenas recién comenzada la universidad. Mª Esther Valle tiene ahora 41 años. Su hija tiene 21 y su hijo, 15. Ha compaginado todos estos años la atención a sus vástagos con otras muchas cosas, como por ejemplo trabajos esporádicos y estudios. Pero es ahora cuando empieza a ver algo de luz laboral. «No una pequeña luz, sino un enorme foco de conciertos», comenta ella llena de alegría.
«Tenía la esperanza casi perdida, estaba a punto de irme de Granada para poder trabajar», relata Mª Esther, pero jugó la última carta y le salió bien la partida. Ha conseguido un contrato temporal en una empresa de gestión y administración de la capital, y está más que satisfecha. Llegó a dicha entidad sólo para un mes de prácticas y ya lleva más de medio año.
El camino no ha sido fácil y aunque no trabaja justamente en la profesión para la que estudió, sí que tiene algo de relación, lo que le hace estar más agradecida aún. A lo largo de su vida, ha estado cerca de diez años empleada en un negocio familiar de hostelería. También ha tenido otros trabajos esporádicos como por ejemplo, de encuestadora. Y además ha estudiado, mucho. Hizo durante dos años un máster para la carrera judicial y fiscal y preparó durante otros tres las oposiciones para juez. También invirtió dos años más en estudiar oposiciones para el cuerpo de gestión procesal y cuerpo administrativo. Pero la suerte no le acompañó.
Dentro de los servicios públicos para el empleo como el SAE y el IMFE también ha accedido cursos. «Hice de todo, incluso cosas que no tienen nada que ver con mi formación previa». Técnico de laboratorio, aplicaciones informáticas y de gestión y un curso de inglés engordan más el currículum de Mª Esther Valle.
Pero el año pasado su marido y ella estaban en paro. La situación comenzó a llenarse de negros nubarrones. «Teníamos la hipoteca que pagar y los hijos estudiando». En octubre de 2009 Mª Esther comenzó un nuevo curso. A través del IMFE fue una de las 15 personas que accederían a aprender contabilidad. Y las campanas parece que empezaron a sonar. Después de tres meses de formación, tuvo 100 horas de prácticas en una empresa. «Como era muy poco tiempo la gerente de la entidad solicitó dos meses más de prácticas a través de la Junta de Andalucía, y una semana antes de que se me acabaran me dijeron que me iban a contratar para una sustitución». Al poco tiempo de estar con este contrato, que era de jornada reducida, le hicieron otro. El pasado 14 de junio Mª Esther firmó en la empresa de administración y gestión para trabajar 40 horas semanales durante cuatro meses, prorrogable a tres más. «Lo más importante es la tranquilidad de saber que a final de mes tendrás tu sueldo», señala ella. Se considera realmente afortunada por tener lo que tiene en una situación como la actual. Y ella por ahora, lo aprovechará al máximo.