Tras degustar una corvina exquisita un cliente de confianza pregunta al camarero de un restaurante de la Costa granadina de dónde viene el pescado y éste admite, de extranjis, que sus jefes lo compraron a pescadores furtivos. Es una situación real que refleja cómo las actividades irregulares proliferan en tiempos de crisis. Los parados que saben pescar y se echan a probar suerte con su barquita y, sobre todo, los aficionados que aprovechan sus licencias de pesca deportiva para realizar capturas y venderlas de forma ilegal suponen una amenaza para la sostenibilidad del medio marino y una competencia desleal para los profesionales del sector pesquero.
«Lo que enmascara al furtivo es la pesca deportiva, pero están ahí. Hay gente que se está dedicando a ésto y lo sabemos», resume desde la Cofradía de Pescadores de Motril el técnico Antonio Sáez. Sin embargo, los profesionales del sector son los primeros en admitir que la Guardia Civil se emplea a fondo en la Costa granadina contra esta actividad. El Servicio Marítimo de la Guardia Civil tiene los ojos más abiertos que nunca y asegura que mantiene este problema a raya.
El teniente de la Guardia Civil del Mar en la Costa de Granada, José Modesto Medina, afirma que en los últimos siete años la presencia diaria de las embarcaciones del Servicio Marítimo ha cambiado por completo la concepción del mar como territorio sin ley que se arrastraba de los años Ochenta, cuando la gente creía que se podía hacer lo que se quisiera.
Ahora, la concienciación es totalmente distinta y se sabe que los 75 kilómetros de la Costa granadina son coto vedado a los pescadores irregulares y a cualquier otra actividad ilegal gracias a la vigilancia de esta policía del mar, que sitúa los puntos más conflictivos en cuanto a presencia de furtivos en La Rábita, Almuñécar y Castell.
En las redes del Servicio Marítimo de la Guardia Civil y de los inspectores pesqueros de la Junta han caído, en lo que va de año, 61 personas que han cometido actividades irregulares, según los datos de la consejería de Agricultura y Pesca. Según la Guardia Civil del Mar, en este 2010, a pesar de la crisis, no han notado un aumento significativo de la actividad ilegal «porque estamos muy encima todos los días». En ocasiones han sorprendido a los furtivos cometiendo la actividad ilegal y en otras ocasiones se han incautado de las redes que arrojan al agua para volver a por las capturas horas después. Según la Guardia Civil, también reciben denuncias ciudadanas, casi siempre anónimas, que advierten de la presencia de pescadores ilegales.
Aisladas
«El gran problema de los furtivos está en Galicia pero desde luego no en la Costa de Granada, aquí no van en grupos, son actuaciones aisladas y no interconectadas», apunta el teniente de la Guardia Civil del Mar José Modesto Medina. Y es que, según el teniente, tampoco ésta es una actividad a la que pueda dedicarse cualquiera. «Antes había más jubilados que conocían el medio y lo hacían pero no va a más. La pesca ilegal no sólo requiere tener embarcación, también requiere oficio y conocer el medio», añade.
La pulpera o tablilla, con la que se pesca el pulpo, la jábega (un arte de tiro), el boliche (el 'hermano menor' de la jábega) y el trasmallo, un arte de red de pelo formado por paños de red sujetos que forman una barrera son las artes ilegales más utilizadas por los pescadores ilegales. En cuanto a la captura 'estrella', el pulpo es sin duda la más cotizada por su precio tasado y estable y por la fácil salida que tiene en los mercados. Pescar pulpo está totalmente prohibido, sólo los profesionales pueden hacerlo. Algo que olvidan muchos aficionados con licencia de pesca deportiva, como subrayan desde la Cofradía de Pescadores, que insiste en que ahí es donde radica el problema.
La pesca selectiva, que no discrimina alevines, es un perjuicio para los profesionales del sector que, como recuerdan, tienen que respetar distancias y cumplir estrictos requisitos en cuanto a artes.
«El mundo de la pesca irregular es amplio, en el Club Náutico ves a gente que hace cosas ilegales bajo el amparo de la pesca deportiva. La gente tiene derecho a salir a la mar para llevarse un besugo de cena, éso es bonito, pero el problema es que hay un mercado detrás y gente que se está dedicando a esto no sólo los fines de semana, ésa sí es una competencia desleal». Sáez cree que la propia Administración podría contribuir a legalizar a 'furtivos' con una tarea de promoción de las artes menores y permitir que más gente pesque «pero de forma legal, dados de alta en la Seguridad social y con todos los requisitos».
Para ello habría que fomentar pequeñas dársenas pesqueras, por ejemplo en Almuñécar. «Ahí habría un nuevo yacimiento de empleo». Mientras tanto, según la Cofradía, las inspecciones y la Guardia Civil son la única solución para poner coto a los furtivos.