En un programa de estrellas, a veces entre los más pequeños satélites es donde salta el nombre que se queda grabado para siempre. Le ocurrió a los espectadores del Parapandafolk con Coetus, una espectacular orquesta de percusiones que deja huella a golpes, y nunca mejor dicho. Y que mercería (como Paxariños hace tiempo, Alandaluz Projet el año pasado y tantos otros excepcionales grupos que han pasado únicamente por el festival de Íllora) dar el salto a la capital donde estas músicas no han encontrado espacio hasta la fecha ¿Tal vez al Fex?
Pero antes estuvieron los decanos de la música folk granadina, Lombarda, una eminencia a estas alturas por los exquisitos y refinados tratamientos que realizan. Con personalidad inconfundible, llevan en esto ya treinta años, haciendo tareas de campo y rescatando canciones a punto de desaparecer de la memoria de alguna abuelita del lugar, para luego hacerlas suyas frescas y jóvenes como si acabaran de nacer. Es su arte, y tienen buena mano. Por su cariñosa delicadeza han pasado romances como el de Mariana Pineda (de Nigüelas) o remerinos alpujarreños como ese 'Debajo de su ventana' cantado por Eliseo Parra como invitado.
Hubo inéditos también: la televisiva 'Doncella guerrera' y todo lo contrario, así la didáctica historia de la cadena alimenticia a través del ratón que el padre de Angelo Banduardi compró en 'La feria del este', está con ellos desde siempre.
Coetus nació a partir de un taller de percusión de Parra, y él es la mitad vocal del grupo (la otra, la excelsa Silvia Pérez, fue baja), y quizás con su gracejo cantando y bailando (lo que no está mal para ser un antiguo roquero y salsero) sea el eje verbal, casi más excusa que argumento, sobre el que gira este proyecto tan sorprendente que es Coetus.
Sinfonías populares
Cuentan que donde van la arman y el Parapanda no iba a ser la excepción. El público (unas 1.500 personas) cayó completamente fascinado por un grupo capaz de construir una preciosa pieza tan sólo con chancletas y cántaros (eso sí, las jarras afinadas cada una en su nota, y las chanclas. pues a lo mejor también). Y de pie aplaudieron reverencialmente a un grupo que tampoco se quería ir, y todos de frente, firmes, haciendo palmas a ambos lados del escenario, entonaron una coplilla de trasnoche, o más precisamente de que dure hasta la madrugada. Casi: eran las dos de la mañana pasadas cuando acabaron.