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Un 'Huracán' en el Tourmalet

Un 'Huracán' en el Tourmalet

20.07.10 - 01:08 -
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La leyenda comenzó con una mentira. «Atravesado Tourmalet. Muy buena ruta. Perfectamente practicable». El autor del embuste, adivinen, fue un periodista, Alphonse Steines, enviado por el director del Tour, Henri Desgranges, con la misión de encontrar un desafío para la octava edición de la carrera.
Una mañana de invierno, Steines llegó al pie del Tourmalet montado en un coche con chófer y dispuesto a examinar si la carrera podía adentrarse en la cordillera pirenaica después de siete ediciones de recorridos sin apenas montaña. Tras realizar gran parte de la ascensión en coche, la copiosa nieve impidió el paso al vehículo a cuatro kilómetros de la cima y a punto ya de anochecer. Steines se bajó del coche y empezó a caminar hacia la cumbre. Medio día después apareció tiritando en el pueblo de Bareges, tras haber coronado el Tourmalet. Cuentan las crónicas que antes de calentarse y cambiarse de ropa, pasó por la oficina de telégrafos del municipio para enviar a Desgranges el célebre mensaje.
El director de la carrera creyó la mentira del reportero de L'Auto y aprobó la inclusión del puerto en el recorrido del Tour de 1910. Desde entonces ha pasado un siglo y si es imposible entender el ciclismo sin los puertos de montaña, menos aún se puede concebir la carrera más grande sin su 'Col' más mítico.
El puerto que esta tarde escalará la ronda gala camino de Pau y al que el jueves volverán los ciclistas para terminar allí la decimoséptima etapa, resume en sus asfixiantes 17 kilómetros toda la épica del ciclismo, una aventura en la que también caben protagonistas españoles y hasta granadinos. Miguel Ángel Martínez Torres, aquel chaval enjuto y moreno al que Paco Galindo bautizó como 'El Huracán de Maracena', visitó el Olimpo ciclista una tarde de julio de hace veinte años. No ganó la etapa pero coronó en solitario el Tourmalet, una gesta que bien vale por toda una vida de ciclista.
Veinte años no han borrado ni un solo recuerdo de aquel día en la memoria del 'Huracán', propietario de un floreciente negocio de bicicletas en su Maracena del alma. «Aquel día tenía órdenes de coger la escapada buena. En el primer puerto, el Aspin, saltó un 'TVM' (Jörg Muller) y un 'Z' (Jerome Simon) respondió, así que no me lo pensé y me fui tras él. Se formó un grupo con Bagot, Omar Hernández, Johan Bruynel, Claveyrolat, Simon, Muller, William Palacio Chiappucci y yo. Pensé que no sería la escapada buena pues Chiappucci era entonces el líder, pero aquello cuajó y juntos empezamos el ascenso al Tourmalet», rememora sin vacilar un instante. «Subimos a ritmo y al pasar por la estación de esquí, junto a los túneles, atacó un colombiano (Palacio). Me vi con buenas piernas y tiré para adelante hasta que, pocos kilómetros después, me quedé solo», añade.
«No conocía los puertos de los Pirineos, sólo de oídas como aficionado. La primera vez que subí el Tourmalet fue aquel día, aunque luego lo pasé en mis otros tres Tours y en una Vuelta a España. Es muy exigente, sobre por la parte de la estación de La Mongie (por donde se subirá hoy). La dureza se incrementa porque lo afrontas después de catorce o quince etapas. Es largo, casi veinte kilómetros, y con un desnivel que, sin llegar a ser tremendo, es elevado y constante. A eso hay que sumarle la altitud, que se corona a más de 2.100 metros, y la suma de todo te acaba destrozando. Lo más duro se acumula en los cuatro o cinco últimos kilómetros, con un desnivel cercano al 10% y una altitud considerable que pesa en las piernas», analiza.
Fuerza y descaro
A Miguel no le pesaban aquel día ni la altitud, ni la inexperiencia. Fuerza y descaro contra el coloso pirenaico. «El Tour estuvo marcado por una escapada en los primeros días de cuatro corredores que cogieron mucha ventaja en la general. El único bueno era Chiappucci, pero el equipo de Lemond (Z) metió a Ronan Pensec en esa fuga y nos obligó a trabajar mucho porque la clasificación por equipos era el principal objetivo de la Once», apunta.
Pero volvamos al Tourmalet. «Coroné con un minuto y medio de ventaja sobre el colombiano -precisa- y otro minuto más sobre el resto. Después, bajada y a afrontar Luz Ardiden, que también era un puerto de más de quince kilómetros». La imagen del 'Huracán', abrasado por el calor, pedaleando con el maillot abierto, alentado por una muchedumbre mientras por detrás lo perseguían los mejores ciclistas del mundo, figura desde esa tarde en los anales del deporte granadino. No ganó la etapa pero se encumbró para siempre.
«Pienso que no gané aquel día por dos razones. Primero porque Chiappucci se fue con nosotros y los favoritos no nos dejaron abrir hueco. Segundo, porque Perico Delgado falló en el puerto final y Lemond tiró como un loco para descolgarlo. La carrera se jugó ese día y por eso me cazaron. Marino Lejarreta, que hizo casi toda la subida con Lemond e Indurain, me dijo en la meta que jamás había visto subir así al americano", revela Miguel Ángel Martínez, cuarto aquel día.
«En carrera no eres consciente de la importancia de coronar primero el Tourmalet -reconoce- ni de la repercusión de todo esto en España. Me di cuenta cuando vine aquí. Después gané carreras como la Vuelta a Andalucía (primer andaluz en conseguirlo) pero quizás mi cumbre ciclista fue aquella etapa. De hecho, han pasado veinte años y la gente todavía me lo recuerda. Fue una locura».
El 'Huracán' sopló fuerte aunque poco tiempo. Los problemas físicos truncaron la carrera de un ciclista prometedor en el que muchos veían al sucesor de Perico Delgado por su facilidad escaladora. Precoz como pocos (debutó en profesionales con el equipo Seur a la edad de 19 años cuando lo habitual es hacerlo con 22 ó 23) corrió el Giro con sólo 20 añitos y en 1990 fichó por el equipo Once, un grande de entonces. «Sufrí un problema muscular que se curó con una operación sencilla pero lo que finalmente me quitó de en medio fue una hipersensibilidad bronquial, que acusaba sobre todo en invierno. Perdía hasta un 30% de capacidad respiratoria y a esos niveles no puedes rendir lo suficiente, así que colgué la bici en el 94, con 27 años, justo cuando la mayoría de los ciclistas viven su mejor momento», indica.
Lejos de los focos del profesionalismo, el 'Huracán' siguió dando pedales y no pierde hilo con el deporte de sus amores, hacia el que no oculta cierto deje de nostalgia crítica. «El ciclismo de ahora -analiza- es mucho más conservador. Ha mejorado la tecnología, las bicicletas, pero la forma de correr es distinta, mucho más estratégica. Antes íbamos más a nuestro aire y había ciclistas como Chiappucci, valientes, que atacaban en cualquier sitio y hacían las carreras más espectaculares. Se echan de menos corredores así».
Miguel Ángel Martínez no ha vuelto allí después de colgar la bicicleta. Sin embargo, el recuerdo de aquella jornada y el nombre de esa montaña vuelven puntualmente cada verano para agitar el corazón del maracenero. Han pasado veinte años de aquello, cien desde la mentira de Steines. La ventisca que gestó un mito. La gesta de un 'huracán'. El Tour de Francia sube hoy al Tourmalet.
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