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«Llovió más que cuando enterraron a Zafra»

DICHOS POPULARES GRANADINOS Y SUS PROTAGONISTAS

«Llovió más que cuando enterraron a Zafra»

La leyenda granadina habla de un conde de Zafra que murió por la maldición de una gitana y cuyo cadáver se llevaron las aguas del Darro

03.05.10 - 02:18 -
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«Ha llovido más que cuando enterraron a Zafra». Seguro que esta frase la habrá dicho alguien durante algunas de las muchas tormentas con las que la naturaleza nos ha apremiado durante el pasado invierno, sin duda uno de los más lluviosos del siglo. Pero... ¿quién fue Zafra y el porqué ese dicho?
Si hasta ahora todos los personajes que han salido en esta serie son de estos dos últimos siglos, para llegar al que hoy nos visita en esta página hay que remontarse al siglo XVI. Para este dicho hay dos modalidades, una granadina y otra extremeña, según quién la cuente y con qué motivo. Parece ser que la leyenda habla de Zafra y hay quien la identifica con la ciudad pacense de dicho nombre y hay quien dice que se refiere a un conde de Zafra, uno de los descendientes de don Hernando de Zafra, que fuera secretario de los Reyes Católicos y que era dueño de la llamada Casa de Castril, ubicada en la Carrera del Darro y que actualmente alberga el Museo Arqueológico de Granada.
Las dos leyendas tienen la misma base y ponen como protagonista a una gitana que le echó una maldición a un noble, sin embargo una la localiza en la ciudad de Zafra y otra en Granada.
Aprensivo y supersticioso
Nosotros, como es lógico, nos referiremos a la versión granadina, que seguro que muchas de vuesas mercedes ya conocen o han oído alguna vez. Resulta que el descendiente de don Hernando se llamaba don César, que era muy aprensivo y muy supersticioso. Hay versiones que lo ponen como enamorado de una bella gitana o mora de extramuros que vivía en el Albaicín y que sus padres se oponían a dicha relación. Aunque parece ser que esa es una aportación sentimental a la historia, que no tuvo que ver con un tema de amor sino más bien de odio. Parece ser que el conde desvió una acequia que pasaba por sus tierras debido a un conflicto de lindes que mantenía con unos vecinos. Con esa medida dejó sin agua a algunos habitantes que vivían en la parte de abajo río Darro. Puso cercas en sus tierras para que nadie entrara. Ocurrió que una noche entró en la finca prohibida una gitana que fue a llenar un cántaro de agua en una fuente, ya que sus churumbeles tenían sed. Cuando lo hubo hecho y regresaba procelosa a su casa, dio un traspiés y se le cayó el cántaro. El ruido alertó a los centinelas que, diligentes, fueron a apresarla y llevarla ante la presencia del odioso conde. Éste, como castigo, dijo que le dieran tantos palos a la gitana como pedazos se había hecho el cántaro que se había roto. Recibió la pobre en las espaldas siete garrotazos y la expulsaron del recinto. Cuando salió, levantó la mano y mirando al cielo, imprecó:
«Siete palos me dieron, conde de Zafra, y maldigo y emplazo tu vida en siete días. El próximo martes morirás, las aguas van a sobrarte y tus despojos navegarán sobre ellas". Los defensores de la versión que ponían a la bella gitana como amante del conde, dicen que aquella, dolida por la acción del noble, remató la maldición con: "¡Quiera Dios que lo entierren las aguas del río!».
La maldición hace efecto
El caso es que tan sólo unas horas después de la paliza, al amanecer, al conde se le puso la cara pálida por una rara enfermedad que había contraído. Estuvo casi una semana en pura agonía, con unas fiebres que le hacían delirar y sufrir grandes tiritonas. Los dolores no le dejaban dormir. Hasta que al séptimo día el conde murió. Dicen las crónicas de aquel suceso que al noble le sobrevino la muerte «al arrancar el amanecer del siguiente martes y en la ciudad cayó tan descomunal aguacero que inundó el palacio y todos sus aposentos, llevándose la riada el ataúd del conde de Zafra, ya dispuesto para el velatorio, que naufragó y que nunca fue encontrado su cadáver, y cuentan los que lo vieron que así sucedió, y es por ello que en Granada, cuando hay nubes negras, se dice, mirando al cielo, mientras cae un fuerte aguacero: 'Llueve más que cuando enterraron a Zafra'».
Falleció el conde el día 4 de Marzo de 1600, y en la Casa de Castril, situada en Granada frente a la iglesia de San Pedro y San Pablo, y siguiendo la tradición, su cadáver fue expuesto en una de las salas bajas del palacio para que los familiares dolientes y la vecindad fuesen a velar y rezar. Cuenta el informe de la Audiencia Territorial de Granada que «el desbordamiento del río fue en torno a 18 metros y que, cuando una lengua de aguas bravas abatió los bajos de las casas y de los conventos, Don César de Zafra, de cuerpo presente, fue abrazado por la riada y se lo llevó arrastrado y su cuerpo, ante la cantidad de agua, tierra y árboles arrancados, nunca fue localizado, por lo que no recibió sepultura, aunque sí tendría una misa, cuando se dio por concluida la búsqueda infructuosa del cuerpo del noble».
Si como dicen todas las leyendas tienen algo de cierto, aquel día debió de llover mucho en Granada, más que cuando enterraron a Zafra. En fin.
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ILUSTRACIÓN :: ANTONIO MESAMADERO

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