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«Me gusta complicarme los viajes»

GRANADA

«Me gusta complicarme los viajes»

El joven granadino Juan Francisco Garrido, que corteja abiertamente a la aventura, regenta un hotel en Camboya

03.05.10 - 02:16 -
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A Juan Francisco Garrido le sobran los armarios. Dice que apenas los utiliza porque la ropa no llega nunca a sacarla de las maletas. Tiene a la aventura sometida a un perpetuo cortejo. Y es que, reconoce, no puede estar mucho tiempo en un sitio, es un culico mal asiento al que mueve su espíritu inquieto y su obsesión por conocer nuevos sitios. Ahora está instalado en Camboya donde, junto con otro socio italiano, regenta un hotel en Siem Reap, a sólo diez minutos de los famosos y turísticos templos de Angkor. Para él, estar dos años en un mismo sitio es ya todo un récord. «Mi madre me dice que estoy loco, pero sé que en el fondo me comprende y admira».
Hay personajes a los que se entrevista y sabe uno a qué atenerse. Si es abogado es abogado y si es albañil es albañil. Las dudas sobre la profesión en la que encuadrar a Juan Francisco son muchas porque no sabes cual es la ocupación que prevalece en él. Lo mismo es hostelero que fotógrafo 'freelance' y lo mismo voluntario de una onegé que sobrecargo de una compañía aérea. Lo que parece claro es que allá por donde va su empeño va encaminado a consolar a aquellos que más sufren en esta mierda de planeta que llamamos tierra y en el que las desigualdades son abismales. Su corazón nunca se encallece por mucha miseria que vea y su voluntad siempre le lleva a un lugar en el que crea que hay motivo de creer en la especie humana. «Somos quienes somos gracias a que el ochenta por ciento de la humanidad no es quien merece ser», dice su lema.
Juan Francisco Garrido, al que sus amigos llaman Juanfran, tiene 34 años y desde los 23 está fuera de su casa. Desde entonces ha recorrido 53 países, por lo que se entiende su dejadez en deshacer maletas. Comenzó trabajando en la hostelería en Irlanda. De ahí se fue a Inglaterra, Francia, Suiza, Italia. Eso antes de decidir que ya estaba bien el conocer países del primer mundo. «Me atraían nuevas culturas y tenía mucha curiosidad por el budismo, por eso me fui a recorrer los países del sureste asiático». ¿Y qué es lo que vio Juanfran en Birmania, Camboya, Laos o Tailandia? Lo que vería cualquier viajero (que no turista) del llamado primer mundo que accede a esos países: Corrupción, pobreza, prostitución infantil, esclavitud, venta de niños. «Un día una madre desesperada me quiso vender uno de sus cinco hijos. Yo le dije por qué quería hacer eso. Ella me contestó que si vendía uno se podía salvar lo otros y si no lo hacía podían morir los cinco. Ante esa evidencia no tienes más remedio que soportar la dura realidad que mueve a toda esta gente a hacer cosas que no quisieran», dice Juanfra.
Después de trabajar en la hostelería, siempre dando tumbos de un lado para otro, estuvo de sobrecargo en una compañía aérea. Era un sitio bastante cómodo para él acostumbrado a tantas incomodidades de la vida. Pero tampoco duró mucho. Dice que lo tuvo que dejar porque se asustó tras retener a un avión a un peligroso miembro de la mafia calabresa que transportaba cocaína en el avión. Fue entonces cuando decidió trasladar sus conocimientos de la hostelería a Camboya, donde decidió instalarse después de recorrer todo el sureste asiático en busca de un lugar donde 'poner el huevo', como vulgarmente se dice.
«Me atrajo este país nada más pisarlo. Es diferente. Aquí están viniendo ahora muchos turistas, pero Camboya es mucho más que los templos. Sus habitantes son especiales. A pesar de la pobreza en la que viven, siempre tienen una sonrisa con la que recibirte, pero una sonrisa sincera, no impostada de esa que se ofrecen a los turistas».
Onegé andante
Juanfran es también una onegé andante. Su hotel lo ha convertido en una especie de establecimiento solidario en el que da trabajo a muchos jóvenes de aquel país. «Pretendo que mi hotel sea como una especie de escuela de hostelería. Todo lo que la hostelería me ha dado quiero dárselo yo a Camboya. Este país cada día recibe a más turistas y se necesita personal para atenderlos». Como anécdota cuenta que al director que ahora le lleva el hotel lo encontró trabajando en un vertedero. «Vi su manera de entender las cosas y enseguida lo contraté».
Juanfran no cree en las onegés, al menos no en todas. Dice que hay mucha burocracia e hipocresía en torno a ellas, sobre todo en las consideradas importantes o más conocidas. «Aquí hay más de 1.200 onegés que se mueven sepa Dios con qué intereses. Son muy pocas a las que realmente les interesa la realidad de este país, que es el cuarto más corrupto del mundo. Yo lo que digo que para qué tantas onegés y que de existir deberían estar en los países desarrollados concienciando a la gente sobre la necesidad de ayuda en estas zonas».
Pero no crean que en todas sus guerras interiores que lleva a cabo a Juanfran se le olvida Granada. Suele venir cada ocho meses, que es el tiempo de tregua que le da su corazón hasta encontrarse con sus familiares y amigos aquí en Granada. «A pesar de que puedo estar en mil sitios, nunca me olvido de mi tierra. Al restaurante del hotel le pusimos 'La Alhambra'. En todo el establecimiento tengo fotos con motivos granadinos y una de nuestras especialidades es. ¡la tortilla de patatas! Todos los españoles que van por allí la piden. Y algunos clientes me han dicho que ya que soy de Granada al menos podía poner las tapas gratis», dice.
En cuanto a su futuro, sólo Dios lo sabe. Juanfran dice estar muy a gusto en Camboya, donde tiene pareja y un socio en el hotel que más que socio es su amigo. Pero sabe que su inestabilidad espiritual no le dejará estar por mucho tiempo más en ese país. «Se que algún día tendré que irme a otro sitio. No sé, soy así. Es que, en el fondo, a mí me gusta complicarme los viajes", comenta Juanfran con una de esas sonrisas que parece aprendida de los niños camboyanos.
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