Se llama la zona de la muerte. Está entre el llamado Campo IV, a unos 8.000 metros de altura, y la cumbre del Everest, 850 metros más arriba. Se calcula que sólo en ese tramo puede haber entre treinta y cuarenta cadáveres de montañeros. «A tres de ellos se los encuentran ahora todos los que van camino a la cima porque están junto a una de las vías tradicionales de ascenso», explica el bilbaíno Pablo Chertudi, socio de una empresa (feelingnepal.com) que organiza expediciones himalayistas. Incluso hay algunos que han sido bautizados por los que más frecuentan la montaña. Es el caso de 'El Saludador', llamado así por la posición en la que se encuentra, con el que se topan todos los que ascienden a la cumbre por la cara norte.
Los cuerpos están congelados y aparecen o desaparecen de la vista en función de los caprichos de la climatología. Las condiciones a más de 8.000 metros son tan extremas que a ningún occidental se le ocurriría poner en marcha una expedición con el único propósito de recuperar esos cuerpos. Varios expertos consultados coinciden en que acometer un descenso cargando con un despojo humano después de haber ascendido hasta allí sería una temeridad.
El montañero alavés Alberto Zerain no llegó a ver ningún cadáver cuando ascendió en 1993 al techo del mundo, aunque sí recuerda que pasó junto a un cúmulo de nieve donde reposaba uno. Pero la nómina de inquilinos permanentes de la cumbre más alta del mundo ha crecido mucho desde entonces. Sólo en 1996 fallecieron quince montañistas, ocho de ellos en un día. El auge de las expediciones comerciales ha multiplicado el número de víctimas mortales.
Acumulación de karma
Al Gobierno nepalí, que tiene en el himalayismo una de sus principales fuentes de ingresos (percibe unos 10.000 euros por cabeza por los permisos de ascensión), le preocupan los efectos de la masificación en su divisa fundamental. Por eso ha acogido con entusiasmo la iniciativa de un grupo de sherpas que se han propuesto limpiar la parte más alta de la montaña. Pablo Chertudi, el único occidental que participa en la expedición, lo cuenta así: «Nepal celebrará en 2011 el año del turismo y su cultura dice que cuantas más buenas acciones realicen, mayor será el éxito de la celebración». Concebida por tanto como una forma de acumular karma, la marcha parte esta misma semana de Katmandú hacia Lukla, localidad en la que se inicia la ascensión al Everest por su cara sur.
La denominada Extreme Everest Expedition tiene varias peculiaridades: será la primera marcha al Everest formada íntegramente por sherpas (el español, que hará las veces de embajador, sólo ascenderá hasta el Campo III, a 7.470 metros) y operará en la llamada zona de la muerte, es decir, por encima de los 8.000 metros. El propósito inicial es retirar la basura acumulada, pero la expedición ha asumido también un compromiso que probablemente desdibujará ese objetivo: «Los sherpas -dice Chertudi- van con la idea de recuperar el cadáver del montañero suizo Goltz Uwe Micha Johannes, de 45 años, que se quedó cerca de la cumbre en 2008. Los compañeros de expedición del fallecido hablaron con su familia y les transmitieron que tenían su permiso para bajarlo».
Una ley no escrita dice que donde mejor están los cuerpos de los montañeros es entre los hielos de las altas cumbres. Durante décadas nadie se ha planteado recuperarlos. «Las familias ni se lo piensan porque muchas veces son los propios montañeros los que lo tienen muy claro, como ocurrió con Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna», recuerda el expedicionario bilbaíno. El alpinista Alberto Zerain no ve con malos ojos la iniciativa. «Si los sherpas tienen el permiso de la familia es lógico que intenten recuperarlo porque a nadie le gusta que aquello esté plagado de cadáveres. Al fin y al cabo -añade- el Everest es su montaña y lo que buscan es mejorarla».
Sólo veinte de los treinta sherpas que forman parte de la expedición ascenderán hasta la zona de la muerte. El grupo estará dirigido por el sherpa Namgyel, socio del empresario español y uno de los más experimentados expedicionarios del Himalaya. Si todo sale bien será la quinta vez que Namgyel pise la cumbre del Everest.