ideal.es
Martes, 29 mayo 2012
nuboso
Hoy16 / 28||Mañana15 / 29|
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

GRANADA

Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

Las labores que permanecen como antaño parecen llamadas a desaparecer mientras que buenos vaticinios se ciernen sobre las que existe un valor añadido

17.04.10 - 02:39 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
En el trabajo de Luis 'El Alacrán' huele a perfumería cara. El de Jose es como un 24 horas que no cierra nunca. Óscar ve a su jefe no más de una vez al año y el 'despacho' de Julio es tan grande como la propia Sierra Nevada que contempla. Estos cuatro hijos de la Madre Tierra, entre la veintena y la cuarentena, contemplan el futuro del campo, de la agricultura y la ganadería, con los pies en un suelo que les da de comer y sobre el que el fiel de la balanza del porvenir se inclina con precisión. Las labores que permanecen como antaño parecen llamadas a desaparecer mientras que los buenos vaticinios se ciernen sobre las que existe un valor añadido.
Es el sino del campo. «A la naranja le quedan un par de años y desaparecerá como la caña de azúcar», explica 'El Alacrán' subido a un naranjo entre Restábal y Melegís. «Nos echaron del Continente y ahora parece que también nos vamos a tener que ir de aquí», asume Jose, un vaquero que tiene sus animales en el borde exterior de la Ronda Sur, pero todavía en el término municipal de la capital granadina. Óscar sonríe entre los frutales que tiene en la carretera de La Zubia mientras reconoce que «nunca se ha ganado mucho pero se vive bien» y Óscar, sobre su tractor, sentencia: «Los jóvenes de Charches, gracias al campo, no hemos tenido que emigrar». Esta diferencia, abismal, entre la percepción de unos y otros, para el lego en estas ancestrales materias, radica en la capacidad de inyectar un valor añadido a estos trabajos con siglos de sudor en la frente. Luis y Jose, naranjas y leche, venden su producción al por mayor a megaempresas como Zumosol o Puleva y apenas pellizcan los euros de los enormes beneficios que se reparten con la comercialización. Óscar y Julio, bien ellos mismos bien la empresa para la que trabajan, generan algo más que un fruto. Óscar se dedica a los injertos y lo hace por toda la Vega, con lo que la producción de cada cosecha se arrima a las necesidades del mercado, más allá de las oscilaciones, crisis o subvenciones. Julio cultiva la vid en unos viñedos que desde hace año y medio colocan miles de botellas de tinto Méndez Moya en bares, restaurantes y supermercados. Es el surco que deben labrar: trabajar el campo para comercializar el resultado, sean naranjas, leche, frutas, olivos o vides.

Luis 'El Alacrán'. Albuñuelas
«Las naranjas ya no valen nada»
¡Pof! Decenas de veces repetido en menos de un minuto. ¡Pof! ¡Pof! ¡Pof! ¡Pof! ¡Pof! Y durante un largo instante, la finca arbolada que se expande entre Restábal y Melegís, se convierte en una perfumería cara. La naranja, al caer sobre la tierra desde las ramas, sufre una pequeña brecha por la que se desprende su aroma que todo lo embriaga. Todo no. Luis 'El Alacrán' presume que esta labor tiene los días contados. Pone un ejemplo demoledor: «Esta finca es de las buenas, buenos árboles y buenos frutos. Para ganar cuarenta euros al día tenemos que tirar de las ramas al suelo, recoger y llevar a la cooperativa más de diez mil kilos al día. La cooperativa es como una especie de banco. Cuando vende las naranjas a Zumosol o a Pascual, entonces le paga al dueño. Así que en esta finca estaremos diez días para sacar cuatrocientos o quinientos euros en diez días. El dueño nos paga a la cuadrilla, paga el porte de las naranjas a la cooperativa, paga los abonos y demás y... ¿sabes cuánto le queda a Joaquín? Siete euros».
-¿Y por qué lo hace?
-Porque ya está mayor. Y sufre al ver las naranjas en el suelo...
-¿Y cuál es el futuro?
-Pies negros, dice con la colilla en la boca Jesús, compañero de Luis y de 36 años. Ambos, de la vecina Albuñuelas. Convertirnos en pies negros, repite.
-El futuro de la naranja es el mismo que le ha quedado a la caña de azúcar. Ya no hay zafra. Ya no existe. Y continúa Luis el rosario de penas, cuitas, afrentas... «El problema es que las naranjas no valen nada. Un saco de naranjas de diez kilos te lo llevas por tres euros y a granel nos pagan a menos de diez céntimos el kilo. Antes, con la subvención que tenía, llegábamos a los veinte céntimos y entonces sí se vivía bien».
El paisaje persiste. El aroma quedará encerrado entre los troncos bajo las ramas. Los colores naranja y verde con el azul del cielo permanecerán en el Valle de Lecrín. Desaparecerán los garabatos, esos palos de madera dura con un gancho al final que no es más que otra rama que sale y que sirve para, desde el suelo, arrancar naranjas de las ramas. Morirán las palabras por el desuso, como dejó de existir la zafra y desaparecieron los ingenios del azúcar. Quedará tan solo el recuerdo. Quizá el lamento.
Jose 'El Vaquero' Granada
«No quiero que mi hijo siga la tradición»
Tres vaqueros son: Pepe el abuelo, ya jubilado; Jose, el hijo cuarentón y el nieto, también Jose, «que con ocho añitos no hay quien lo saque de la vaquería. Pero yo no quiero que siga esta tradición familiar. Mi hermano está en paro y no puedo emplearlo aquí porque la vaquería no da para los dos. Trabajo hay de sobra. Trabajo hay las 24 horas del día, los siete días de la semana y todos los meses del año. El problema es que no da dinero. Yo, vivo de alquiler en el Zaidín». Lo dice en plan metralleta con un brillo en los ojos en los que se puede leer la satisfacción que proporciona trabajar entre vacas, terneros, pollos, gallinas y hasta espléndidos pavos reales con Sierra Nevada al fondo, rodeados de Vega. Es la contradicción que anuda el corazón y atosiga el alma. El amor por una tierra que ya no permite vivir de su trabajo. «Una vaquería, de siempre, ha dejado dinero por tres vías. La carne, la venta de animales y la leche. Ya solo nos queda la venta de leche». Engordar animales para vender su carne ya no merece la pena «porque traen la carne de todas partes». Los precios de los mamones, los terneros a punto de destetar han caído en picado cada año: «Para no aburrir, hoy te pagan 120 euros, la mitad que hace cuarenta años». Queda la leche, pero Jose lo deja dicho: «Quiero que mi Jose estudie en la Universidad, lo que yo no hice».
Julio 'El del tractor' Charches
«Gracias al campo ya no emigramos»
Julio García vive rodeado de vino por todas partes y apenas tiene tiempo para visitar el único bar de su pueblo, Charches. Trabaja con el tractor las vides de las Bodegas Méndez Moya «y gracias al campo puedo vivir en mi pueblo y ya no emigramos». Se han necesitado dos generaciones completas para llegar a los veinteañeros como Julio, que no necesitan dejar el pueblo para poder tener «una calidad de vida que no hay en la ciudad». Junto al otro Julio y a Eli, de veinte años y universitaria, realizan las labores de esta finca inmensa a la vez que mínima a los ojos de la cara oculta que presenta Sierra Nevada en estas alturas de la comarca de Guadix. Isabel, copropietaria de la bodega, afirma que les paga el sueldo marcado en el convenio agrario «y un poquillo más». Respecto al negocio, reconoce que es «el sueño de mi marido, que se forjó en la vendimia francesa y que ahora, con las botellas en el mercado, tiene que ser una realidad».
Óscar 'El de los injertos' La Zubia
«Mi trabajo consiste en crear vida»
Óscar tiene treinta y tantos. Su especialidad son los injertos. Llegó a Granada con su padre hace unos veinte años desde el Ebro, desde la gran vega del río más caudaloso de España. Casado con una granadina y padre de uno es un apasionado de la naturaleza y de su trabajo: «Yo veo a mi jefe una vez al año si quiero y además de esto se vive bien. No es que te forres. Pero se puede vivir. Tenemos un ático alquilado junto al campo de fútbol y con lo que se saca en esta finca de frutales y alguna chapucilla vivimos de maravilla». Hay un pero. «La putada es que en la ciudad nadie se quiere dedicar a esto. Igual es que tienen más ambiciones o más pájaros en la cabeza», piensa. «O igual es que hay que mamarlo desde chico», aventura para sí. El caso es que a Óscar se le ve como un tipo contento y feliz. Nervudo, rubio y con ojos verdes, más parece un galán del asfalto que un enamorado del campo. Pero es más bien lo segundo y lo demuestra navaja en mano, que desenfunda y -«aunque no estamos en la época», porque apenas tienen todavía savia fresca-, se marca un par de injertos en un santiamén. «Mi madre me pidió que en un frutal le pusiera injertos de nectarinas, melocotones y ciruelas. Así no tenía que andar dando vueltas por la finca y podía, en un solo árbol, recoger toda la fruta del tirón». Óscar se para de repente y una mueca de disgusto se dibuja en su rostro. Piensa. Barrunta mientras mira fijamente la tierra: «Desde que empezaron a construir el hospital del Campus de la Salud los topos han cruzado la autovía, se vienen para aquí y se comen las raíces». Son otros problemas. Es el sino del campo. Los cuatro presentes de Luis, Jose, Julio y Óscar que, juntos, forman el futuro del campesino.
En Tuenti
Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

:: FOTO: RAMÓN L. PÉREZ

Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

:: FOTO: RAMÓN L. PÉREZ

Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

Julio lleva su tractor entre las vides de El Pocico bajo la cara oculta de Sierra Nevada . :: TORCUATO FANDILA

Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

:: FOTO: RAMÓN L. PÉREZ

Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

:: RAMÓN L. PÉREZ

Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

:: RAMÓN L. PÉREZ

Tres agricultores y un ganadero, ante el futuro de trabajar en el campo en Granada en el siglo XXI

:: FOTO: TORCUATO FANDILA

Videos de Granada
más videos [+]
Granada
Ideal.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.