Uvas en familia para recibir el nuevo año en la UCI

Una de las salas desde donde se controla el bienestar de los enfermos. / S.B.

Se quiere humanizar la frialdad y rigidez que, tradicionalmente, se ha visto en este tipo de áreas hospitalarias

Sarai Bausán García
SARAI BAUSÁN GARCÍAGranada

La Unidad de Cuidados Intensivos que conoció el doctor Manuel Rodríguez Elvira cuando comenzó su andanza en el Hospital Virgen de las Nieves en los años 70 era muy distinta a la que alberga la institución granadina en la actualidad. Según relata el actual jefe de la UCI de los hospitales de Granada, el contacto directo entre pacientes y familiares estaba casi prohibido y la comunicación entre ambos debía ser a través de un cristal que aislaba la habitación del enfermo y mediante un teléfono. Cuando esta infraestructura entró en desuso, los ingresados empezaron a recibir visitas, pero sus familiares debían ataviarse con guantes, batas y demás enseres de protección que eliminaban cualquier posibilidad de esa cercanía que en las ocasiones más complejas todo ser humano ansía.

Pero eso ya es cosa del pasado. Ahora, el Virgen de las Nieves, así como el resto de centros sanitarios de la provincia, busca hacer lo más «humanizadas» posibles las estancias de estos enfermos en la Unidad de Cuidados Intensivos y de sus familiares para acabar con «la frialdad y rigidez que tradicionalmente se ha visto en este tipo de áreas».

Navegar por Internet, ver películas, leer libros... Todo está permitido si no afecta al estado de los pacientes

María José Navarro Fernández y Carmen Guerrero Martínez, supervisoras de la UCI del hospital, observan cómo afecta su trabajo a quienes se ven obligados a estar en los distintos box del Virgen de las Nieves, pero también lo han vivido en primera persona por distintas circunstancias de la vida, bien como pacientes o como familiares. Ahí fue cuando se dieron cuenta de cuánto influye el trato especializado y personalizado, y la posibilidad de pasar más tiempo acompañados por la familia en el estado de ánimo de los pacientes y, por ende, en su recuperación. «Yo pasé parte de la Navidad en la UCI ingresada y pasamos la Nochevieja aquí y el poder tomarme las uvas con mi padre a un lado y mi madre al otro fue importante para mí. Este tipo de cosas hace que los pacientes se sientan bien y mejoren su estado de ánimo y de salud. Es muy gratificante ver cómo muchos, a pesar de lo mal que están, te sonríen al pasar por su lado porque se sienten bien tratados y cuidados. Eso es lo que más nos llena», comenta María José Navarro.

Trato cercano

Siempre han apostado por el trato cercano, pero no fue hasta el 2015 cuando decidieron plasmar sobre el papel esos objetivos perseguidos por todos los profesionales que conforman el Virgen de las Nieves para hacer más llevadera la estancia de los enfermos. Tal y como ellas mismas cuentan, la principal medida emprendida para conseguir este fin fue implantar la posibilidad de que algunos pacientes puedan estar acompañados durante casi todo el día -de nueve de la mañana a nueve de la noche- por un familiar para que no se sientan tan desorientados y desprotegidos.

Para saber en qué casos es adecuado, los expertos evalúan cada caso por separado. «Hay circunstancias especiales. Pacientes que cuando reciben una visita se ponen más nerviosos o, incluso, nos dicen que no quieren tenerla, y lo principal es que el paciente esté bien. Además, si es alguien que está conectado a un respirador y totalmente sedado, el familiar se pone más nervioso porque se siente extralimitado al no poder comunicarse con él, entonces lo que necesita es que los tranquilicemos, les informemos y les mostremos que vamos a cuidar perfectamente de su familiar. Pero en el caso de los más jóvenes, que suelen ponerse más nerviosos, o de las personas más mayores, que pueden tener problemas de desorientarse, es muy beneficioso», señala Navarro.

Navegar por Internet, ver películas, leer libros... Todo está permitido en la UCI si no afecta al estado de los pacientes. «Algunos pasan mucho tiempo aquí, por eso intentamos que estén cómodos, que se les haga lo más llevadero posible y que si quieren leer el periódico o estar con el móvil, lo estén», afirma Carmen Guerrero.

Asimismo, desde el Hospital Virgen de las Nieves se dieron cuenta de que desde que los familiares se despedían de los ingresados durante la noche hasta que el médico les visitaba para hablar de su estado sobre las 13.00 del día siguiente había un hueco en el que las preguntas sobre cómo había pasado la noche el enfermo o su estado actual no paraban de repetirse en los visitantes. Al ser cuestiones que perfectamente podían ser resueltas por el equipo de enfermeros y auxiliares que están «a pie de cama» de cada usuario, decidieron crear un nuevo horario en el que sobre las 8.15 de la mañana las enfermeras ponían al día a los familiares sobre las últimas novedades.

«Lo que más necesitan los familiares es tener información veraz del estado del paciente, sentir que hay esperanzas tanto de recuperación como de una muerte digna y sin dolor -cuando el estado de su ser querido es más grave- y sentir que recibe cuidados de alta calidad. Es en esas guías en las que centramos nuestros esfuerzos», recalca Guerrero. A esto añade María José Navarro: «Tenemos una atención especial a las familias de enfermos en fase terminal porque hay mucho miedo y desconocimiento. Pero hay que decir que el estar en la UCI no significa que el pronóstico de la mayoría sea ése. Para nada. El 80% de nuestros pacientes sobrevive. Además, la UCI no solo proporciona vida cuando les curamos, sino que también es vida después de la muerte con el tema de las donaciones, en lo que Granada es pionera».

En la actualidad, casi la totalidad de las camas de las que dispone esta UCI se encuentran ocupadas. Pero a pesar del trasiego y del trabajo arduo, los responsables de que todo funcione adecuadamente en este lugar no olvidan que la Navidad es una fecha especial para muchas personas. De ese modo, a la flexibilidad de visitas y horarios que ofrecen de forma ordinaria, se suman algunas «concesiones» especiales en este tipo de festividades, como que los ingresados puedan comerse las uvas con sus familiares o quienes les visiten puedan irse algo más tarde a sus casas para poder pasar un rato en compañía. «Hay que decir que puede que para nosotros la Navidad sea especial, pero para otros lo sea más cualquier otro día, como un cumpleaños. Aquí han venido nietos con tartas para celebrar el cumpleaños con su abuelo, se han llenado las paredes de dibujos y fotos de los hijos, de todo. Todo lo que sea necesario para que se sientan especiales y cuidados», señala Guerrero.

«Muchos de ellos se tiran bastante tiempo aquí y se crea un vínculo. Tenemos un grupo de profesionales muy diverso, pero muy humano: desde el que les dibuja, a la enfermera que tiene mucho arte y les canta o la que hace confeti con papeles y los lanza cuando les dan el alta o pasan a planta», explica Navarro. Y es que para ellos también es un trabajo duro. Ven cómo muchos pasan por los momentos más complicados de su vida y, algunos, no consiguen superarlo. Pero, como ellos mismos indican, no importa lo complejo y duro que sea el proceso. Todo merece la pena cuando ven el cambio que supone sus cuidados y ánimos en la vida de quienes han pasado por el lugar.

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