Fallece el granadino Miguel Montes Neiro, quien fuera el preso más antiguo de España

Miguel Montes Neiro el día de su puesta en libertad el 15 de febrero de 2012. / GONZÁLEZ MOLERO

Tras pasar 36 años encarcelado, tres indultos de dos gobiernos distintos le permitieron salir de prisión en libertad hace tan solo cinco años. Quien fuera el preso más antiguo fue incinerado ayer tras perder la vida por un cáncer

JOSÉ R. VILLALBAGRANADA

Miguel Montes Neiro, el exrecluso convertido en el más antiguo de todas las cárceles tras cumplir 36 años de pena sin cometer ningún delito de sangre, ha muerto. La madrugada del sábado se despidió a los 67 años rodeado de familiares y ayer fue incinerado en el cementerio granadino de san José en un funeral muy emotivo. Es el adiós a una vida muy fugaz.

Neiro ha logrado vivir en libertad los últimos cinco años de su vida, tras salir de la cárcel de Albolote el 15 de febrero de 2012 gracias a dos indultos recibidos del Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero y un tercero del actual ejecutivo de Mariano Rajoy. Nada más salir de prisión pidió «libertad y salud», tal y como dijo, «porque Dios me debe tener algo bueno reservado». Las dos sentencias las dijo sin soltar de la mano a sus dos hijas en la misma puerta de la cárcel de Albolote, pero esta vez desde la fachada. Los últimos cinco años de Miguel Montes Neiro los ha disfrutado junto a su familia y ha saboreado la libertad, tan añorada por este granadino durante los 36 años encarcelado.

Su primera visita a un penal fue con tan solo 12 años. Ingresó en un reformatorio tras clavarle accidentalmente una flecha en el ojo a un niño de su barrio. Después de lo del reformatorio, pasó otros seis años preso por el robo de un cartón de tabaco en Granada. Salió libre e ingresó en la Legión. Estuvo en El Aaiún, pero después de la Marcha Verde, recaló en Ceuta en 1976. Era el encargado del armero y faltó un subfusil, por lo que estuvo cinco días arrestado. Encontraron la dichosa arma y el cabo le pidió disculpas. Montes le arreó un bofetón. Su primer golpe. «Te voy a hundir», le respondió su superior. Y lo hundió.

Después comenzó su maratón de ingresos en la cárcel y fugas... para poco después volver de nuevo a ingresar en prisión. ¿Sus delitos? Robos, tráfico de estupefacientes, falsedad en documento público e infracciones de tráfico, entre otros. Ningún delito de sangre, nunca mató a nadie ni lo intentó. Y dentro del penal no se caracterizó por ser un preso demasiado problemático, aunque tantos años dentro dieron para tener sus más y sus menos con funcionarios.

Estuvo casado dos veces. La primera con una mujer extranjera que conoció en la Costa del Sol. Un amor con fecha de caducidad porque terminó demasiado pronto. Con su segunda esposa, Ángeles, aprovechó los vis a vis para concebir a sus dos hijas, hoy ya mayores de edad.

Y cómo no, su hermana Encarnación. Convertida en un apéndice de Miguel, en una luchadora que no dejó de llamar y recorrer las sedes de los medios de comunicación para iniciar una batalla sin tregua en aras de que el Gobierno le concediera el indulto a su hermano y lo dejara en libertad. Sin la batalla de esta mujer, Miguel no hubiera salido de la cárcel aún.

Él cada vez que huía de prisión, tiene nueve fugas en su haber, siempre se refugiaba en casa de algún familiar. La última vez fue en 2009. Aprovechó un permiso para acudir al velatorio de su madre y saltó por espacio de 25 días a ese sueño llamado libertad. Pidió permiso a los dos policías que le custodiaban para hacer sus necesidades en un baño. Cerró la puerta y comenzaron a pasar los minutos. Los dos policías decidieron entrar y se encontraron la ventana del baño abierta y las rejas que cerraban el ventanal movidas hacia la derecha. Miguel huyó y lo detuvieron 25 días después en una cafetería del Zaidín dos policías nacionales. El día del juicio dijo que él no se había fugado, simplemente tomó un tranquilizante tras la impresión recibida al ver a su madre muerta y se quedó dormido. «Cuando desperté, vi que no estaban los policías y me fui a comprar churros», recordó en el juicio. Su último encontronazo con la Justicia fue en 2013 tras ser detenido en su residencia de Málaga, donde marchó tras quedar en libertad. Lo acusaron de receptación de unos relojes de oro robados en una joyería de Marbella. Tres años después le retiraron la acusación.

Neiro se ha despedido de este mundo con 67 años, rodeado de los suyos y en libertad. Este hijo de un guardia municipal de Granada ha oído 29 sentencias sentados en el banquillo, gracias a sus fugas logró estar fuera de la cárcel más de mil noches, más otros tres años de libertad condicional disfrutados en la década de los noventa. 'Montes' como era conocido en las cárceles por las que ha pasado se ha vuelto a 'fugar', pero esta vez no volverá nunca más.

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