La torre del sol

La torre del sol

El dos de enero la campana de la Vela tañe al amor y la historia

J.E.GÓMEZGRANADA

Una voz de bronce se extiende hacia el Norte y el Oeste entre las tierras de labor y las alamedas que jalonan las riberas del gran río de Granada. Los tañidos de la gran campana que corona la más alta torre de la Alhambra se suceden de tres en tres, casi sin pausa, desde que los rayos de sol, llegados desde el Este, vistieron la Sabika de alba y plata. El sonido cadencioso, seco y penetrante, cuenta que es el segundo día del nuevo año, abre las puertas de la esperanza y llama a conjugar promesas de amor. Es dos de enero, el día señalado para ascender a la torre de la Vela, tocar la campana y activar el hechizo por el que encontrarás el amor o lo mantendrás si ya estás enamorado, en una interpretación amplia y libre de la leyenda original de la Vela, que reduce sus efectos a las mujeres solteras, que encontrarán novio y se casarán en este mismo año. El tañido de la Vela no se detiene hasta que, con la luz del ocaso, la torre se viste de tonos dorados precursores de las sombras de la noche.

Granada sube entre los bosques de Gomérez a ejercer una tradición que reafirma el magnetismo que la gran atalaya, precursora de la fortaleza palatina de los sultanes de la casa de Nasri, ejerce sobre una ciudad a la que mira desde que en el siglo XI los ziríes levantaron sus primeros muros, sobre los que dos siglos más tarde, Al-Hamar, construyó la alcazaba militar de su preciada Alhambra, y el balcón desde el que los caballeros cristianos tremolaron el Estandarte Real de Castilla, donde unos años después de la caída del Reino de Granada fue instalada la primera de las campanas.

La torre llamada de la Vela, porque desde ella llegaban los avisos que mantendrían sin sueño a la ciudad ante acontecimientos y peligros, parece tener vida. Su imagen cambia a lo largo de las horas, la luz dibuja matices sobre las arcillas rojas de sus paños fortificados que ocultan cuatro pisos, sótanos y mazmorras, y que al caer la noche, la luna del Noreste baña de misterio. La campaña tañe para encontrar el amor, pero durante décadas, era el sonido de los labradores, a quienes señalaba los ciclos de riegos, los tiempos en los que se abrían las acequias, sonidos complejos, tañidos y toques con diferentes significados que se dejaban oír a lo largo de las noches de riego, desde el ocaso al alba.

La Vela mira a Granada y su entorno se alza sobre la estribación Oeste de la Sabika para ejercer también como un reloj solar, en el que la luz del sol le obliga a proyectar su peculiar silueta de izquierda a derecha y señalar así el paso del tiempo y la historia.

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