«Temíamos que en San Juan de Letrán hubiera muchas víctimas»

Jorge Durán y cuatro compañeros más fueron los primeros bomberos que entraron en el edificio en llamas./ALFREDO AGUILAR
Jorge Durán y cuatro compañeros más fueron los primeros bomberos que entraron en el edificio en llamas. / ALFREDO AGUILAR
Jorge Durán | Oficial de los Bomberos de Granada

«Una madre gritaba que había dos menores que estaban inconscientes en la última planta y subimos, pero nuestro cuerpo colapsó»

CARLOS MORÁN | FOTO: ALFREDO AGUILARGRANADA

Los incendios hablan. Incluso se delatan. Desvelan por dónde hay que atacarlos para acabar con ellos. Por eso es necesario conocer su lenguaje, descifrar lo que quieren decir. Los Bomberos de Granada dominan ese idioma, saben leer el fuego. En el Parque Norte, disponen de un habitáculo que arde controladamente para que los miembros del cuerpo aprendan a dialogar con las llamas y, por ende, a prever sus movimientos, sus giros, sus caprichos, sus trampas... Jorge Durán (Granada, 1983), que es bombero desde 2004 y recientemente ascendió a oficial, se ha sometido en varias ocasiones a esa prueba y asegura que le ha sido muy útil para combatir el fuego cara a cara. Durán y cuatro compañeros más fueron los primeros en entrar en el edificio de la calle San Juan de Letrán que ardió como una antorcha el pasado sábado, 25 de noviembre, un siniestro en el que falleció una mujer. «En mi vida había visto algo así», confiesa el oficial. En el hueco de la escalera había una chimenea de llamas de siete pisos de altura. Aquello tenía una pésima pinta. «Temíamos que hubiera muchas víctimas», admite Jorge.

Desde el principio, el violento incendio advirtió a los bomberos de que iban sufrir para sofocarlo. Y ellos sabían que no mentía. «Reventamos todos, porque trabajamos en equipo y cuando uno revienta, viene otro», resalta Durán.

-¿Qué se encontraron cuando llegaron a la calle San Juan de Letrán?

«Nuestro trabajo hubiera sido un éxito si no hubiese habido ninguna víctima»

-Abrimos el portal del bloque y la primera imagen que tengo es ver el hueco de los ascensores ardiendo por dentro.

-¿Tuvieron claro desde el minuto uno que estaban ante un incendio muy grave?

-Sí. No es normal que haya dos huecos de ascensores ardiendo por dentro. Algo raro hay. Todo apuntaba a una cosa muy seria.

-¿Temieron que hubiera muchas víctimas dentro del edificio?

-Sí, sí temíamos que hubiera muchas víctimas. Falleció una mujer y nuestro trabajo hubiera sido un éxito si no hubiese habido ninguna víctima mortal. Pero sí es cierto que creíamos que iba a haber muchísimas más víctimas. Se daban todas las condiciones, aquello era una ratonera. De hecho, nosotros entramos desde la puerta con el agua en punta de lanza. Teníamos las llamas enfrente, en el hueco de la escalera, a unos veinte metros. Llegamos al primer rellano, miré por el hueco de la escalera y vi que el bloque estaba ardiendo entero. Había una columna de llamas que yo no había visto en mi vida. Al llegar a la primera planta, comuniqué con el subinspector y le dije que necesitábamos al Parque Sur porque aquello era tremendo. Era un fuego generalizado.

«Tres bomberos sufrieron quemaduras. Pero ya están trabajando»

No se podía acceder a la segunda planta. No podíamos hacer el rescate por el interior y comunicamos que tenían que ir sacando a la gente con las autoescalas. No podíamos presurizar (ventilar) el hueco de la escalera, que es lo primero que hacemos porque te limpia el hueco y puedes evacuar a las personas. Pero era una maniobra imposible.

-¿Tenía miedo en esos momentos?

-No. Si lo hubiera tenido, lo diría. No me daría vergüenza, pero no tenía. Es que cuando te dedicas a algo que quieres tanto...

-¿Qué les decían los vecinos atrapados en el bloque?

-En la tercera planta se escuchaban voces, pero no podíamos entrar... Estábamos cinco bomberos. Dos en la línea uno y otros dos en la línea dos, y yo coordinaba la maniobra. Tres bomberos sufrieron quemaduras: dos de primer grado y uno, de segundo. Pero ya están trabajando.

-Imagino que los heridos eran los que estaban en la primera línea.

-Efectivamente, los que iban en punta.

-¿Cómo se decide qué lugar va a ocupar cada bombero?

-En una reunión que hay todas las mañanas. Se hace una lista en la que se reparten los puestos. Cada uno sabe en qué camión va a ir y qué función realiza. Y cada día eso es rotativo. Es lo primero que se hace.

-En el edificio había niños...

-La Policía Local nos comunicó que había dos menores y que la madre gritaba que estaban inconscientes en la última planta. Nos equipamos y subimos, siempre informando de que intentasen rescatarlos por el interior. El hueco de la escalera ya estaba extinguido y no había tanto humo. Aunque seguía habiendo pisos que estaban ardiendo de forma generalizada. Pero no pudimos pasar de la cuarta planta. Nuestro cuerpo colapsó. La suerte fue que en ese instante nos avisaron de que ya habían rescatado a los menores.

-Dice que su cuerpo 'colapsó'...

-Eso depende de cómo respiras, del estrés térmico, del estrés emocional... Cuando bajas, el cuerpo está listo. Descansas unos minutos y puedes volver a equiparte, pero ya no vas al cien por cien. Sudas muchísimo. En ese incendio hubo quien consumió hasta cinco botellas de oxígeno.

-¿Pueden dormir después de algo así?

-Cuando terminamos decidimos irnos a tomar un café juntos. Y el café se alargó a una cerveza. Es lo más bonito: estar todos juntos.

-¿Qué pensaron cuando vieron las pilonas en la mitad de la calle?

-Nosotros realizamos un ataque interior antes de quitar las pilonas. Acercamos la bomba al máximo que pudimos y fuimos para dentro directamente. Luego escuchamos los golpes que le estaban dando con un 'marro' a las pilonas. Sonaba como una campana. Y luego se cortaron con la radial. Las pilonas estaban huecas por dentro, pero cuesta trabajo quitarlas.

-¿Suelen toparse con este tipo de obstáculos?

-Con pilonas sí. Y cuando te pasa, no piensas nada. Sabes que tienes que quitarlas y tirar. No hay tiempo para valorar nada. La quito y voy.

-¿Y con alguna otra clase de barreras?

-En incendios en la Zona Norte, nos encontramos con viviendas con muchas cadenas, muchos candados, rejas... Y es un problema gordo.

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