Entra en una casa cueva de Granada y se lleva una guitarra valorada en 2.500 euros

Entra en una casa cueva de Granada y se lleva una guitarra valorada en 2.500 euros

La Audiencia confirma los cuatro años de cárcel que le impuso un juzgado y recuerda que para más inri dejó sus huellas en una caja

YENALIA HUERTASGRANADA

Escaló una tapia de dos metros de alto y se introdujo en el patio de una vivienda tipo cueva de unos vecinos del barrio para robarles. Logró hacerse con una llave que había en un cuarto de baño «rajando una tela mosquitera». Una vez dentro, tras revolver diversas dependencias y habitaciones de la casa, se apoderó de varias joyas, entre ellas, una antigua guitarra tasada en unos 2.500 euros. El resto de alhajas tenían un valor superior a 4.800 euros. Pero cometió dos grandes errores que derivaron en su detención: dejó huellas dactilares en una caja y, para colmo, fue visto por alguien en su huida con la guitarra en la mano; sus dedos y el instrumento le delataron.

El suceso ocurrió en Granada el 14 de diciembre de 2015 entre las once de la mañana y las dos de la tarde y ahora la Audiencia ha confirmado el castigo que este caco tendrá que cumplir: cuatro años de prisión. El acusado había sido condenado antes en diversas ocasiones y por varios delitos, de ahí que se le imponga tan elevada pena, pues se ha aplicado la agravante de reincidencia.

Aparte del botín que se llevó, el ladrón había preparado una bolsa con más objetos que finalmente no fueron sustraídos y que se quedaron allí. Causó además daños en una de las cancelas de la vivienda. 55 euros costó arreglarlos. Ahora tendrá que pagarlos; están incluidos en la indemnización de 7.419 euros que habrá de abonar a los dueños de la cueva.

Un vecino observó al acusado saliendo con ella en la manoLa antigua guitarra que se llevó estaba valorada en 2.500 euros

En su sentencia, la Sección Segunda de la Audiencia desestima el recurso que la defensa del ladrón interpuso contra el fallo condenatorio del Juzgado de lo Penal 6 de la capital. Pedía que se le absolviera libremente del delito consumado de robo con fuerza en casa habitada. Negaba haber sido el autor y pedía la nulidad de la prueba pericial lofoscópica -de obtención de huellas dactilares-, pues sostenía que se habían tomado huellas en la cueva sin que estuviera un juez delante.

La Audiencia recuerda que «no se trata por su naturaleza de una prueba que deba estar asistida de la presencia judicial» y rechaza anular ese informe, a la vez que recalca que «jamás se ha cuestionado a lo largo de la causa» la autenticidad de la huella que obra como suya en los archivos policiales y que fue usada por los peritos para el cotejo. Así, tras ratificar su «plena validez», detalla que dos huellas suyas fueron encontradas en una caja del dormitorio: la de los dedos pulgar e índice de su mano derecha. Había también otras huellas suyas en la pantalla del monitor de un ordenador que antes del «saqueo» estaba en un despacho y que fue hallado dentro de la bolsa que dejó preparada y no se llevó.

El tribunal deja claro que aunque el caco y las víctimas del robo eran vecinos del barrio, no tenían trato personal, por lo que «no existe otra explicación lógica a ese hecho que el haber tocado estos dos objetos dentro de la casa durante la ausencia de sus moradores la mañana de autos, mientras revolvía en sus dependencias a la busca de objetos de valor».

Así, para los magistrados de Plaza Nueva, las marcas dactilares halladas por la Policía demuestran la participación «activa» de este ladrón en aquella sustracción. Pero es que además alguien le observó cuando ponía pies en polvorosa, mástil del instrumento en mano.

Fue un vecino de los dueños de la casa quien les comentó que había visto al acusado la misma mañana del robo «salir de su casa con una guitarra en la mano» y a una hora «compatible» con la de la sustracción. Y, teniendo en cuenta que era uno de los efectos sustraídos y no recuperados... blanco y en botella.

A ese vecino, por cierto, no se le pudo llevar al juicio. Hubo «muchos y frustrados intentos del juzgado instructor para localizarle y citarle a declarar». Pero había desaparecido de su domicilio y se encontraba en paradero desconocido. Eso no ha impedido que el tribunal haga una mención expresa a lo que en su momento manifestó a las víctimas del robo. Fue una «confidencia» vecinal que salió a relucir en el juicio y que ha sido tan valiosa como el instrumento robado.

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