Donde reside la dignidad

En los exteriores del complejo se ha colocado una estatua de Fray Leopoldo de la antigua residencia. / RAMÓN L. PÉREZ

El Hogar Beato Fray Leopoldo, que será inaugurado el martes, es la residencia de ancianos más inteligente de España

YENALIA HUERTAS | FOTOS Y VÍDEO: RAMÓN L. PÉREZGRANADA

Hay un lugar en lo más alto del barrio del Serrallo donde antes crecían las amapolas y hoy se preserva la dignidad. Se trata del Hogar Beato Fray Leopoldo, la flamante residencia que gestiona la Fundación Fray Leopoldo, cuyas nuevas instalaciones han sido financiadas íntegramente por el ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Un total de 11,3 millones de euros ha supuesto levantar este impresionante edificio, que da la bienvenida con una original escultura del fraile.

La residencia se ha construido en un terreno cedido por el Ayuntamiento de Granada en el paraje de Las Conejeras y las obras han tardado siete años. Antes, el centro estaba ubicado en la calle Ancha de Capuchinos de la ciudad, donde ha funcionado durante 37 años, pero ya se había quedado obsoleto.

La mudanza se produjo el pasado 2 de diciembre, pero la inauguración oficial del inmueble será el próximo martes, a las 19.30. Está previsto que el acto cuente con la presencia de la ministra de Sanidad y del secretario de Estado, pero también están invitados los trabajadores (albañiles, fontaneros, electricistas...) que han hecho realidad el inmueble.

El Hogar Beato Fray Leopoldo es un lugar de luz, donde el cielo y la tierra casi se dan la mano. Su estudiada arquitectura, su cuidado diseño interior y su extraordinario equipamiento sorprenden al visitante. Cuenta con capacidad para un centenar de residentes, que disfrutan de unas vistas privilegiadas. Los pasillos del edificio son más amplios de lo exigido por la normativa y en ellos pueden cruzarse hasta tres sillas de ruedas como la de Miguel García, que eligió esta residencia como nuevo hogar tras fallecer su mujer. «Tengo ya 82 años y he vivido toda mi vida en la calle Santa Teresa, una bocacalle de la plaza de la Trinidad. Me quedé viudo y quise averiguar qué residencia había más afín a mi forma de ser, a mis costumbres y a mis deseos, y elegí ésta», explica. Su balance es positivo «hasta ahora»; su estancia va ya para siete años. Lo que más le gusta, afirma, es «la fraternidad. Parece que estamos en familia», comenta.

El centro ocupa una superficie de 8.900 metros cuadrados. Sus 9.600 metros construidos se distribuyen en tres grandes zonas: administración, servicios comunes y habitaciones. Dispone de salas de todo tipo para albergar las numerosas actividades que programan sus responsables. Todos los días hay talleres de memoria y periódicamente se llevan a cabo sesiones de estimulación con perros, clases de costura...

Aparte posee una espléndidas zonas ajardinadas con huertos familiares adaptados, que se han elevado para que las personas con problemas de movilidad no se tengan que agachar. El jardín lo atraviesa un definido sendero para paseos saludables y hasta un pequeño viñedo. Lo corona una estatua de Fray Leopoldo, estratégicamente colocada para que mire hacia las habitaciones de los residentes. Sus valores también se respiran en cada rincón.

El recinto alberga tres comedores -actualmente sólo operan dos- dotados de cámaras térmicas, con sensores que detectan la fiebre en los residentes, así como una sala amplia de usos múltiples que lo mismo acoge un concierto que se transforma en capilla. Es además la única residencia de Granada con un espacio de hidroterapia, con piscina y duchas adaptadas a las necesidades terapéuticas de los usuarios y que nada tiene que envidiar a un spa. Gimnasio, peluquería y sala de informática a la vez que de lectura son otros de los servicios.

Servicio médico

Las habitaciones se distribuyen en tres plantas. Las plantas van de mayor a menor grado de dependencia de los residentes y cada una tiene un color asignado para que los mayores no se despisten. Aunque es una residencia y no un hospital, cada día, durante cuatro horas un médico permanece en las instalaciones. También hay un fisioterapeuta, una trabajadora social y una psicóloga, entre otros profesionales. Actualmente hay 88 residentes.

Carmen Castillo es otra de las 'inquilinas' del centro. Fue durante cuatro décadas la presidenta de la asociación de vecinos del barrio Bobadilla y es, por ello, una persona muy conocida y querida en Granada. Está encantada de vivir en esta residencia, que «es muy moderna». Aunque le encanta la política, ahora prefiere no hablar mucho de sus controversias con los demás, «porque hay gente más de derechas y yo soy más de izquierdas». En cualquier caso, se lleva muy bien con todos y asegura que su principal amigo «es el jefe» -el director-, a quien define como «una bellísima persona». «Estamos muy bien atendidos, muy bien mirados y muy bien tratados», afirma Castillo, que ha tenido que lidiar a lo largo de su vida con cinco alcaldes.

El director de la residencia es Mateo Torres, un hombre afable y comprometido que irradia ilusión por su trabajo. Con orgullo abrió ayer sus puertas a IDEAL para mostrar cómo son las entrañas de un lugar donde actualmente 47 personas trabajan para y por los residentes, a quienes cuidan con esmero siguiendo los pasos de Fray Leopoldo. «Fray Leopoldo es nuestro maestro y el que indica el camino que hay que seguir con la gente desfavorecida», subraya.

Reconocimiento

El director destaca que el recinto, donde dentro de poco entrará en funcionamiento el centro de día, ha sido reconocido por el colegio oficial de Ingenieros de Telecomunicación de Madrid como «la residencia más inteligente de España». No en vano está dotada de los últimos avances tecnológicos para procurar la seguridad y el confort del residente. Por ejemplo, dispone, como detalla, de un «control de errantes», un sistema mediante el que permanentemente tienen localizados a los usuarios, dada la posibilidad de que por la pérdida de memoria se puedan desorientar. En las habitaciones existe también un «control de llamadas» de enfermeras, de modo que cuando el residente lo activa, acude la trabajadora que esté más cerca de su ubicación. Todos los datos del episodio (tratamiento, hora del aviso, tardanza en la asistencia...) quedan registrados en el sistema, que da traslado directo de la información al médico. Además, el dispositivo de las habitaciones avisa en caso de caída, pues permite detectar que una persona está ocho segundos a menos de 10 centímetros del suelo. Todo está informatizado y las puertas no disponen de cerradura, sino de un sistema que identifica a cada residente y le abre de forma automática y personalizada.

La residencia arranca con planes de futuro. En una de las estancias libres el director tiene previsto ubicar «una consulta de especialistas», gracias a un convenio que va a firmar con la Universidad de Granada; dentro de un par de años quiere celebrar un congreso de geriatría; y también tiene en mente impulsar una escuela de auxiliares de geriatría.

«Esto es lo más gratificante que le puede ocurrir a una persona, pues ves las caras de alegría de la gente. Porque aquí, además de cuidarlos, también nos dedicamos a las emociones, a los sentimientos y a la dignidad en el último tramo». Torres se refiere con estas palabras a su experiencia como director, un cargo que desempeña desde hace ocho años. La emoción quiebra su voz. Aparte lleva 23 años como patrono de la fundación.

La edad mínima para poder entrar en el centro, donde hay un par de moradores que ya superan el siglo, son los 65 años. No obstante, como matiza el director, ese límite de edad puede revisarse en función de las circunstancias personales del solicitante.

Para poder obtener una plaza en este centro, lo primero que hay que hacer es presentar una solicitud. El protocolo establecido incluye una serie de entrevistas de tipo personal, médico y psicológico. Una vez efectuadas, se reúne el comité de entrada, que estudia el caso y decide. «El 80% son personas becadas; esto significa que en una u otra medida la fundación les pone dinero. Tenemos personas que no pagan nada, indigentes que hemos recogido de la calle, y personas que en su mayoría tienen pensiones pequeñas que no superan los 600 euros». A la fundación le cuesta mantener una plaza 1.600 euros al mes.

Cinco bastones

Antes de despedir a los informadores, Torres desvela con simpatía la contestación que le dio en una ocasión a otra residente llamada Asunta, que cada mañana, a las 6.00 horas, sale a su encuentro para darle agradecida los buenos días: «Ella me dice que esto es como un hotel de cinco estrellas y yo le rectifico y le digo que, en todo caso, es una residencia de cinco bastones». Cinco bastones que bien merecidos los tendría.

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