El escritor vallisoletano está inconsciente y con respiración asistida
Su obra literaria ha sido galardonada con los principales premios de las letras hispanas
En 1982 compartió el Premio Príncipe de Asturias con Gonzalo Torrente Ballester y en 1993 recibió el Cervantes

Imagen del pasado mes de agosto del escritor Miguel Delibes. / Archivo
El hereje, su última novela
La última novela de Miguel Delibes, El hereje (1998), se gestó en una tertulia celebrada en Valladolid tres años antes de su publicación.
Un abogado penalista llevó al escritor unas fotocopias con el capítulo que el polígrafo Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912) dedicó al foco luterano de Valladolid en su conocida Historia de los heterodoxos españoles (1880-1882).
"Quizá la idea nació de una sorpresa", aseguraba en el décimo aniversario de la publicación Miguel Delibes acerca de una de las novelas más largas, densas y complejas que el escritor vallisoletano ha elaborado durante su más de medio siglo de idilio con las letras. La obra recrea la historia de un foco protestante en el Valladolid del siglo XVI.
Con El hereje, la única novela dedicada íntegramente a la ciudad de Valladolid, en la que por primera vez la nombra de forma explícita, su autor reconocía que deseaba ajustar alguna cuenta consigo mismo desde el punto de vista afectivo y literario.
El estado de salud del escritor
Miguel Delibes, de 89 años, ha experimentado en las últimas horas un empeoramiento hasta el punto de que la familia espera un fatal desenlace "en las próximas horas o, todo lo más, dentro de dos, tres o cuatro días", según ha confirmado su hija Elisa. Los hijos del novelista que residen fuera de Valladolid han sido ya advertidos y la mayoría de ellos se encuentran al lado de su padre, que está inconsciente, conectado a una vía y con asistencia respiratoria permanente.
Desde la pasada Navidad "observamos una recaída, pero nunca pensamos en un desenlace tan rápido. Ya no puede levantarse, está muy malito. No sé si es cuestión de horas o de días", ha añadido Elisa, que ha atendido al escritor durante los últimos años, en especial desde que en octubre de 1998 se le diagnosticó un cáncer de colon del que fue operado meses después. "No hay nada que hacer. No esperábamos que fuera tan rápido", ha concluido Elisa Delibes. El patriarca de las letras españolas recibió el año pasado sus últimos
reconocimientos en forma de sendas medallas concedidas por los Gobiernos de Castilla y León y de Cantabria.
Sabio conocedor del lenguaje
"Mucho metal para mí", comentó entonces, en noviembre de 2009 y por boca de su hija, el académico vallisoletano, cuya
obra literaria ha sido galardonada con los principales premios de las letras hispanas. Es uno de los grandes maestros de la narrativa del siglo XX, a la vez que sabio conocedor del hombre, el lenguaje y el paisaje castellanos, que tiene en su haber el Príncipe de Asturias (1982, compartido con Gonzalo Torrente Ballester) y el Cervantes (1993).
Se define "sin duda, como un
narrador rural apasionado por la naturaleza" cuyos temas aluden a "Castilla y su drama" y cree haber sido fiel a sí mismo, según ha confesado. También para la crítica y los lectores, sus textos literarios y periodísticos son "un retrato fiel, y no pocas veces crítico, de las tierras y los hombres de su Castilla natal", además de "un alegato en favor de la naturaleza y de la perfecta armonía entre el hombre y su medio natural".
Nada más conocer la situación de máxima gravedad en la que se encuentra, el Rey Don Juan Carlos ha telefoneado a la familia del escritor para interesarse por su estado, según han informado fuentes de la Casa del Rey. Don Juan Carlos ha sido una de las figuras que mejor ha resumido todo aquello que ha dado
personalidad a la obra de Delibes. Lo hizo el 25 de abril de 1994, con motivo de la entrega del Cervantes. En su discurso, el monarca dijo que su obra "encarna la existencia y la experiencia vital de Castilla y de sus regiones limítrofes" y "es quien mejor ha escuchado y ha dado voz a nuestra población rural y provinciana, sometida desde antiguo a continuo despoblamiento y a la paulatina disgregación de muchos de sus valores, ritmos y modos vitales".