Quique Pina: una vida entre el fútbol y los 'pelotazos'

Quique Pina, el día que se despidió del Granada CF./ALFREDO AGUILAR
Quique Pina, el día que se despidió del Granada CF. / ALFREDO AGUILAR

El hombre que traspasó a Vieri al Atlético de Madrid, el artífice de los ascensos, también puede descender

Quico Chirino
QUICO CHIRINO

Quique Pina fue un futbolista sin relumbrón aunque, al final, consiguió vivir del fútbol; mucho mejor que la mayoría de los peloteros. Cuando su carrera en los terrenos de juego agonizaba, decidió junto a su inseperable Juan Carlos Cordero crear un club desde lo más bajo. Donde se juega en campo de tierra y tú mismo te lavas la camiseta y te limpias las botas. Al principio, ellos mismos se vestían de corto para disputar los partidos.

Quique Pina se convirtió en el presidente del Ciudad de Murcia, un equipo que, antes de que Diego Simeone implantara aquello del 'partido a partido', ascendió paso a paso hasta coquetear con la Primera División. Parecía que Quique tenía la fórmula del éxito, esa que se le niega a los delanteros gafados.

En el verano de 2007, el empresario granadino Carlos Marsá -otro enamorado del fútbol- le compró la plaza del club murciano, en una controvertida operación que se cifró en 20 millones de euros. O eso se dijo.

Era la vía rápida para traer fútbol de élite a la ciudad de la Alhambra después de tres décadas. Sin embargo, aquel 'Granada 74' terminó jugando en Motril... descendiendo a Segunda B y abocado a la desaparición.

Quique Pina había hecho dinero con el fútbol. Su primer pelotazo fue la venta del argentino Turu Flores a Las Palmas por 560 millones de las antiguas pesetas. Después vinieron Iván Helguera, el traspaso del italiano Vieri al Atlético de Madrid o de Riquelme al Barcelona. Y lo que nadie le puede negar es que tiene olfato y entiende del manejo de la pelota.

Y lo demostró en Granada cuando repareció como hombre de confianza -mientras la tuvo- del italiano Gino Pozzo. Con dos ascensos consecutivos llevó al histórico Granada CF a la Primera División. Aunque su identificación con la ciudad nunca estuvo al nivel de sus logros deportivos.

Esquivo, poco participativo en el día a día, con desencuentros permanentes con el Ayuntamiento, se fue -o se vio obligado a irse tras la marcha de la familia Pozzo- y empezó a cimentar otro proyecto deportivo en Cádiz, donde a las primeras de cambio estuvo a punto a lograr otro ascenso.

Hasta que en la mañana de este miércoles ha sido detenido en la localidad murciana de Molina de Segura en una operación contra el blanqueo de capitales. El hombre que presidía el Granada CF aquel día de julio de 2010 que aparecieron en los contenedores bolsas de basura llenas de billetes. Y no pasó nada.

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