Los vecinos de Huétor Santillán prefieren no recordar la tragedia de 1985, cuando Anabel fue asesinada

Plaza de la Constitución de Huétor Santillán donde el 24 de mayo de 1985 fue vista por última vez la pequeña. /Alfredo Aguilar
Plaza de la Constitución de Huétor Santillán donde el 24 de mayo de 1985 fue vista por última vez la pequeña. / Alfredo Aguilar

El juez llamará a declarar a los testigos del enfrentamiento entre el padre de la pequeña y su asesino el jueves pasado

José Ramón Villalba
JOSÉ RAMÓN VILLALBAGRANADA

Los vecinos de Huétor Santillán prefieren correr un tupido velo sobre lo acontecido el 24 de mayo de 1985 cuando un individuo asesinó y abusó sexualmente de la pequeña Anabel, de tan solo cuatro años. El padre de la menor se encontró el pasado jueves por la mañana con el asesino de su hija y se enzarzó en una riña con este, que acabó con cinco heridas de navaja en una mano y un tabique nasal roto, aunque él, un hombre de 70 años, también resultó herido de arma blanca en una mano y recibió un fuerte impacto en la cabeza. Este padre, como el resto de su familia, no puede olvidar aquel dramático suceso.

IDEAL estuvo ayer en Huétor Santillán para tomar el pulso del municipio después de tantos años de aquel suceso y constató que el pueblo quiere pasar página. «El dolor tiene una memoria grande, aunque mejor no remover nada por respeto a la víctima», comentó ayer un vecino del municipio en la carretera general que atraviesa el pueblo, y que pidió que solo se le citara como Antonio. Los intentos para que los vecinos del municipio hablaran fueron en balde porque nadie quiere pronunciarse sobre lo ocurrido ahora, 33 años después del dramático suceso.

«Ha sido muy duro para todos lo que ocurrió hace 33 años en esta familia»

Nadie olvida, tanto tiempo después, cómo el propio autor de los hechos participó en la búsqueda de la menor durante las 48 horas que la estuvieron buscando hasta que apareció y cómo fue el primer detenido junto a un hermano suyo que estuvo prestando declaración en dependencias policiales negando cualquier tipo de implicación en aquel trágico crimen. El autor solo se derrumbó en el último momento y acabó reconociendo el crimen, permitiendo que su hermano quedara en libertad. El cuerpo de la pequeña fue encontrado por dos perros del servicio Cinológico de la Guardia Civil que llegaron desde Sevilla.

Dentro de un pozo

El cadáver estaba escondido en el interior de un pozo de poco más de tres metros, ubicado en una finca situada a pocos metros de la plaza de la Constitución de Huétor Santillán, donde la menor fue vista por última vez tras comprar una bolsa de gusanitos en una tienda.

El autor del crimen fue condenado por un delito de abusos sexuales, otro de tentativa de violación y un tercero de asesinato. La Audiencia provincial lo condenó a 40 años de cárcel y de ellos al menos ha cumplido 23 encerrado en prisión.

Desde su salida del penal, ha vivido en Granada capital en la indigencia y ha sido visto en más de una ocasión como aparcacoches, así como en los comedores sociales de la capital, donde suele acudir a comer. Tras el suceso registrado el pasado jueves, a la altura del número 60 de la calle Pedro Antonio de Alarcón, no contó nada de lo ocurrido la noche del 24 de mayo de 1985 cuando desapareció la pequeña. Se limitó a decir que el padre de la menor había intentado atropellarlo años anteriores y en otra ocasión le propinó un golpe en la cabeza, aunque nunca presentó denuncia contra él.

Un pueblo volcado

La mayoría de las cadenas de televisión nacionales y la autonómica pasaron ayer por Huétor Santillán para intentar recoger testimonios de la familia de la pequeña, que en todo momento se ha negado a hablar. En la casa de estos dolidos padres, las persianas se encontraban a medio echar ayer a primera hora de la tarde. «Lo ocurrido ha sido muy duro para ellos y para todos. Aquí en el pueblo todos los vecinos se echaron a la calle para buscar a la pequeña cuando desapareció hace 33 años. Al entierro no faltó nadie, aquello conmocionó al pueblo», recuerda otro vecino del municipio que vivió muy de cerca aquel suceso y que asegura que al criminal no se le ha visto por la localidad desde aquel entonces. Huétor Santillán era ayer un páramo silencioso donde nadie quería hablar sobre este suceso.

Según recoge Europa Press, el Juzgado de Instrucción número 9 de Granada está pendiente de tomar declaración a varios testigos para aclarar lo sucedido pasado jueves en la calle Pedro Antonio de Alarcón entre el padre de la menor y el autor del asesinato. Cuando la Policía Local llegó al lugar de la pelea, observó a estos dos individuos forcejeando entre ellos, así como «una navaja abierta y ensangrentada tirada en el suelo». El detenido afirmó que el herido «le había intentado robar momentos antes».

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