Al vecino de Güevéjar lo mató un sicario a cambio de 2.000 euros

Escenario del crimen en Güevéjar en la calle nueva de san Juan. / RAMÓN L. PÉREZ

Lo mataron porque mantenía una relación sentimental con una expareja, quien supuestamente pagó y planeó el crimen

José Ramón Villalba
JOSÉ RAMÓN VILLALBAGranada

José León murió de tres balazos en la puerta de su casa de Güevéjar el pasado 21 de agosto. Su hijo de 17 años sólo tuvo tiempo de verlo forcejear en el suelo con un hombre alto y delgado, que portaba un arma de fuego en su mano. Un disparo en la cabeza, otro en la axila y uno más en el tórax acabaron con la vida de este hombre. Segundos después, sonó el motor de un turismo Opel Corsa de color gris conducido por el autor material del homicidio y de fondo los sollozos del vástago de la víctima quien no pudo hacer nada por devolver la vida a su padre. Sólo un minuto antes de verlo morir por culpa de los tres balazos estuvo preparando los aperos con su padre para irse a labrar un trozo de tierra en Cogollos Vega. Ahí terminaron los 62 años de vida de José León, un buen hombre, según sus vecinos.

El revólver, según consta en el sumario de la instrucción judicial del caso, presuntamente fue empuñado por 'el Flores', un conocido toxicómano del distrito norte de la ciudad, de 42 años, con demasiados antecedentes como para pasar desapercibido a ojos de la Ley. Tenía un encargo: matar a José León el lunes 21 de agosto. El pago por este trabajo de sicario sería de 2.000 euros, tal y como un testigo protegido en esta causa ha estimado en su declaración. La especialidad de 'El Flores' no son precisamente los homicidios, sí los robos en el interior de vehículos. Dicen de él que es capaz de abrir un coche con los ojos cerrados, por ello se le supone la autoría del robo del vehículo utilizado apara ir a Güevéjar a terminar, según el encargo, con la vida de José León. De hecho, la sustracción del vehículo se produjo entre el 20 y 21 de agosto a pocos metros de su domicilio familiar en la calle Joaquina Eguaras.

Asunto de faldas

El grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Granada trabajó desde un principio con la hipótesis de que el crimen de José León era por un asunto de faldas. No erraron su olfato como investigadores. La víctima de este asesinato mantenía una relación con una mujer marroquí de 44 años. La diferencia de edad entre ambos, 18 años, no fue impedimento para mantener esa estrecha relación, ni siquiera el hijo de diez años que ella tenía de otra relación anterior que la traía por la calle de la amargura. El padre de su hijo, Serafín según consta en el sumario de la causa, presuntamente fue quien encargó al sicario la muerte de José León. Un hombre de etnia gitana de 53 años, sin antecedentes penales en vigor, a quien le gusta hilar muy fino y que años atrás fue acusado de encargar a un tercero que quemara el vehículo de un enemigo suyo. Días antes del asesinato fue visto por la zona del Poblado en Cartuja, según viene recogido en el sumario, tratando de comprar un arma de fuego para darle un «susto» a una persona. En el lugar del crimen no aparecieron casquillos de bala, lo cual presupone que el arma de fuego era un revólver ya que estos dejan la vaina en el tambor del arma, sin expulsarlo fuera como sí hace la pistola.

Una denuncia por violencia de género retirada por presión

La mujer marroquí denunció al padre de su hijo por un presunto caso de violencia de género años atrás. Poco después se personó en el juzgado para retirar la citada denuncia después de supuestamente ser presionada por su expareja para no seguir adelante con esta causa. Desde su separación, no dejó de recibir amenazas y presiones para que actuara según mandato del padre de su hijo. Hasta el último día, el del crimen, en que recibió la visita de este hombre para tomarse un café con él a las 6.30 horas. ¿Sólo quería un café o buscaba alguna otra cosa?

Serafín se convirtió en una pesadilla para la mujer marroquí. Hacía muchos meses, quizás años que no existía relación con ella. Sólo les unía el hijo, pero él no dejaba de controlarla, de asediarla porque no permitía que ella fuera para otro hombre, pese a que no mantenía ya relación alguna con esta mujer. Los vecinos manifestaron en sus declaraciones que Serafín solía frecuentar el domicilio de ella. El mismo día del crimen, pero una hora antes, sobre las 6.30 horas este hombre llamó a la puerta de su expareja para invitarla a tomar café. Ella se asomó por el balcón para recriminarle que no eran horas de venir a molestar. Serafín se marchó, pero tan sólo una hora después el sicario apareció por el número 8 de la calle Nueva de san Juan para matar a José León. El calvario de esta mujer no quedó ahí, entre el 15 y 16 de agosto le quemaron la puerta de la casa. Ella misma dijo ver a un hombre alto y delgado, cuya descripción coincide plenamente con el aspecto físico de 'El Flores'. Ella lo reconoció como tal en sede judicial.

Coche quemado

Los investigadores de la Guardia Civil no dejaron pasar otro hecho importante. 'El Flores', en su huida, quemó el coche robado el día anterior en una carretera muy poco transitada entre Güevéjar y Calicasas, concretamente en el cruce de ambas vías. Allí alguien lo recogió para traerlo a Granada. Y hubo una cámara, de un desguace de coches ubicado en esta carretera, que captó el coche de Serafín.

Los investigadores de la policía judicial de la Guardia Civil armaron la investigación en apenas 24 horas sin descanso alguno. Sabían cuál era el móvil y tenían los ojos puestos sobre la expareja de la mujer marroquí. También supieron que no actuó solo y por ello centraron las sospechas también sobre otro hijo de Serafín.

Tardaron otras 48 horas más en acabar de armar el rompecabezas tras un trabajo muy fino. Fue entonces cuando descubrieron que el crimen había sido por encargo, por dos mil malditos euros. Y los presuntos implicados son los dos individuos que ahora están en prisión provisional. La expareja de la mujer marroquí y el sicario. Uno como coautor y el segundo como ejecutor material del asesinato.

El despacho Aránguez Abogados representa en esta causa la acusación particular ejercida por la familia de José León. De lo desprendido de la investigación hasta el momento, parece que en este crimen hubo premeditación y alevosía para acabar con la vida de este hombre de 62 años, aunque será en el juicio donde se dictamine si fue homicidio o asesinato y quiénes deben purgar su pena en la cárcel como culpables de acabar con la vida de la víctima. La muerte a veces también tiene precio, en este caso, dos mil euros por un crimen a la carta.

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