Un recorrido por los incendios más dramáticos registrados en Granada

Los bomberos, durante la búsqueda de los cuerpos de los dos compañeros que murieron en un incendio en Albolote en 1994. / GONZÁLEZ MOLERO

En 1994, dos jóvenes miembros de los bomberos de la capital murieron en acto de servicio en Albolote

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGranada

Debido a sus espeluznantes proporciones, el incendio que redujo a cenizas el interior del edificio de la calle San Juan de Letrán ya forma parte la historia de Granada. Las impetuosas llamas calcinaron totalmente 25 viviendas -de un total de 35-, un balance catastrófico y sin precedentes en los últimos años. Pero lo peor, lo irremediable, fue que una mujer falleció en el siniestro. Y la pérdida de una vida es una tragedia que nunca se apaga. Es lo que enseña la hemeroteca. En este sentido, los Bomberos de Granada no olvidarán jamás el 12 de julio de 1994. Ese día, dos de sus compañeros murieron en acto de servicio: los jóvenes Miguel Ángel Abril, de 31 años, y Ángel Moreno, de 29. Fue en Albolote. Ambos trabajaban en la extinción de un incendio declarado en una fábrica. Estaban en la planta baja e, inopinadamente, se vinieron abajo los pisos superiores y los dos bomberos fallecieron sepultados bajo los cascotes.

Pocos meses después, en febrero de 1995, el fuego volvía a herir a Granada. Y de forma especialmente cruel: dos niñas de solo nueve años perecieron en un albergue juvenil del pantano de Los Bermejales que fue pasto de las llamas. Otros 32 menores lograron salir ilesos.

Los chiquillos pasaban una semana de vacaciones en la residencia campestre. El suceso, dada la corta edad de las víctimas mortales, causó una gran conmoción. Cuando la fatalidad golpea a los niños, es imposible no sentirse concernido.

Fuego en la nieve

En el incendio que destruyó totalmente el lujoso hotel Lodge de Sierra Nevada, un cinco estrellas superior, no hubo muertos. Fue una gran noticia. Sobre todo si se tiene en cuenta que las llamas convirtieron el establecimiento en un montón de residuos carbonizados. El fuego corrió a una velocidad espeluznante y arrasó todo lo que encontró a su paso.

Fue en enero de 2014, en plena temporada alta en la estación de esquí. Uno de los símbolos de la planta hotelera del macizo granadino desapareció del mapa en apenas cuatro horas. Era como si nunca hubiera estado allí. Pero, por fortuna, los 23 trabajadores y 22 clientes del hotel fueron desalojados en pocos minutos. Esa celeridad evitó que ni siquiera hubiera heridos. El siniestro del Lodge, que fue reconstruido y volvió a abrir sus puertas al público, puso de manifiesto un problema inquietante en el macizo: la necesidad de que Sierra Nevada, que en la temporada invernal suele estar repleta de aficionados al esquí, contase con un retén de bomberos para garantizar una intervención rápida.

En el incendio del Lodge, los Bomberos de Granada tardaron en subir hasta las cumbres penibéticas entre 35 y 40 minutos, el tiempo empleado en ir desde la capital granadina hasta la estación de Pradollano. Cuando llegaron, el hotel ya era una antorcha y allí no podía entrar nadie, lo cual obligó a los agentes a atacar el fuego desde el exterior.

Aquel infierno convirtió las tres plantas del establecimiento en un horno con temperaturas que alcanzaron los 900 grados. Hasta la nieve ardía.

Apenas dos meses después, un incendio particularmente dramático sacudía a Granada. Fue el 14 de marzo de 2014 en un chalé ubicado en una urbanización de la localidad de Ogíjares. El fuego se cobró la vida de dos mujeres: una anciana de cien años y su nuera de 73, que padecía una enfermedad degenerativa y necesitaba una silla de ruedas para tener una cierta independencia de movimientos. El origen de la tragedia estuvo en un radiador de aceite. La investigación confirmó que el fuego que causó la muerte de las dos vecinas de Ogíjares comenzó en calefactor doméstico que las mujeres tenía conectado a la red eléctrica para templar la habitación en la que, dadas las limitaciones físicas que padecían, pasaban la mayor parte del día.

La mujer discapacitada falleció en el acto. El espeso humo y las llamas la alcanzaron sin que pudiera hacer nada para escapar.

Su suegra, una abuela centenaria, fue rescatada con un hilo de vida del sótano del chalé en el que se produjo el siniestro, pero sus heridas eran de tal gravedad que sólo resistió unas pocas horas.

Catástrofe en Motril

En julio de 2014 -que fue un año especialmente trágico-, una explosión «fortuita y accidental» en la emblemática bodega Ron Montero de Motril causó heridas muy graves a tres trabajadores. De hecho, uno de ellos sufrió quemaduras en el 100% de su cuerpo y, a pesar de que fue trasladado al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla -que cuenta con una unidad de grandes quemados-, falleció poco después.

Sucedió el 6 de julio a primera hora de la tarde, cuando el estruendo de una detonación alarmó a los empleados de las empresas situadas junto a Ron Montero. La confusión era máxima. La Policía Local y los Bomberos de Motril llegaron rápidamente y vieron a uno de los afectados saliendo tambaleante del interior de la fábrica. Los otros dos operarios heridos estaban todavía dentro de la alcoholera. Uno de ellos se había metido en la ducha para tratar de calmar el abrasador abrazo del fuego.

La explosión, según explicaron los bomberos, se produjo en un depósito de alcohol con capacidad para 30.000 litros. La existencia de tanto combustible hizo que el incendio permaneciera vivo durante horas.

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