Los tocamientos que traspasaron la ropa de Lucía

Los tocamientos que traspasaron la ropa de Lucía

Un vecino de un pueblo de Granada abusó durante un año de la hija adolescente de su pareja y ahora será encerrado un lustro por orden de la Audiencia

Y. HUERTASGRANADA

Lucía (nombre ficticio) había entrado ya en la adolescencia cuando la pareja de su madre comenzó a abusar sexualmente de ella. Rozaba los 15 años cuando empezó a soportar una serie de tocamientos que acabaron traspasando su ropa e invadieron de forma clandestina su intimidad. Los sufrió hasta los 16. Logró frenarlos rompiendo el silencio. El responsable de aquellos actos impropios, de origen sudamericano, pagará ahora su reprobable comportamiento con cinco años de prisión.

La historia de Lucía es uno de los casos de abusos a menores que este año han llegado a la Audiencia de Granada. Los magistrados examinaron las pruebas, escucharon con atención los testimonios y llegaron a una conclusión: lo que aquella joven relataba no era una invención.

La resolución fue dictada por la Sección Primera tras la celebración de un juicio en el que Lucía, a través de su madre -cuando se celebró la vista tenía aún 17 años- ha ejercido la acusación particular. Ha estado representada por la abogada Yolanda Solana, de la Asociación Amuvi.

En su sentencia, la Audiencia ha concluido que el hombre, de 33 años, cometió un delito continuado de abusos sexuales y, aparte de la pena de prisión, le condena a mantenerse alejado de la chica y a comunicarse con ella durante 6 años. Le impone además una medida de libertad vigilada por tiempo de dos años y fija la indemnización para Lucía en 10.000 euros. El fallo podía ser recurrido ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), al haberse ya implantado la segunda instancia penal.

El fallo considera probado que el acusado mantenía desde 2012 una relación sentimental con la madre de Lucía y convivía con ambas en un pueblo de Granada. Allí, en la casa familiar, «en diversas ocasiones no exactamente determinadas, y aprovechando la ausencia puntual de la madre, desde el mes de septiembre u octubre de 2014, procedió a realizarle diversos tocamientos en los muslos y zona genital por encima de la ropa».

Los magistrados 'abrazan' la versión de la joven ante su «sinceridad»

Los abusos, en un principio, fueron así. Pero en la primavera de 2015, el acusado, una noche, aprovechando que Lucía dormía, fue más allá: le subió el sujetador para tocarle «los pechos». Luego, le acarició las piernas y sus partes íntimas «por debajo de su ropa». Ante aquella furtiva acción, Lucía se levantó y salió de la habitación. Sin embargo, estos episodios se repitieron «en diversas ocasiones» hasta que la madre de Lucía expulsó al acusado de casa. Lo hizo después de que la joven decidiese narrarle lo que aquel hombre, que había adoptado el papel de padre, estaba haciendo con ella. La madre denunció lo ocurrido el 13 de diciembre de 2015. Los últimos abusos se habían producido en octubre o noviembre de ese año.

La fiscalía pedía tres años de prisión y una indemnización de 6.000 euros, pero el tribunal ha decidido acoger la petición de Amuvi, que solicitaba la pena impuesta, más elevada. La defensa solicitaba la libre absolución o, subsidiariamente, una multa de 1.620 euros.

«El prevalimiento de la situación de superioridad es, a juicio de esta sala, incuestionable», señalan los magistrados, tras recordar que el acusado mantenía con la madre de Lucía una relación análoga a la marital, por lo que aquél asumía una posición en la familia análoga a la paternal, y ello «determinaba una desproporción tal en las posiciones de abusador y abusada que hacía innecesaria cualquier otra presión para que el acusado consiguiese sus propósitos». La posición de «debilidad» de Lucía le hizo «muy difícil» rechazar las agresiones de las que estaba siendo objeto.

Para el tribunal, no había razón para atribuir falsamente al hombre unos hechos así. En este punto, pone de relieve que la denuncia la formularon madre e hija en el puesto de la Guardia Civil de La Zubia el mismo día en que la progenitora rompió con el acusado tras enterarse de los tocamientos. No dio tiempo, por tanto, a la mujer a «manipular» a su hija para fabular una historia. Aparte, la incriminación ha sido «persistente, sin ambigüedades ni contradicciones».

Los magistrados 'abrazan' así la versión de Lucía, resaltan su «sinceridad» y se confiesan «persuadidos de la veracidad» de sus palabras.

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