Tarquinal, el gran golpe contra la 'maría'

La marihuana incautada en los distintos registros llevados a cabo en Alhendín./IDEAL
La marihuana incautada en los distintos registros llevados a cabo en Alhendín. / IDEAL

IDEAL accede al sumario de la operación que desactivó un activo «grupo criminal» en Alhendín | Un disparo en 2014 y un trasiego inusual de bolsas de basura, origen de la redada de la Guardia Civil que se saldó con 51 arrestos

IDEALGRANADA

El 22 de marzo de 2014, el ruido de un disparo sobresaltó a los vecinos de la calle Albahaca de Alhendín. Varios testigos relacionaron a un hombre, A.L.T, y su pareja, E.M.G., con aquella detonación. Se trató de una «reyerta» que hizo que varias patrullas de la Guardia Civil acudieran a esta zona del área metropolitana. Se escribía entonces, sin saberlo, el inicio del 'caso Tarquinal', que tres años después volvió a llenar el municipio de agentes. Fue el pasado verano, en el marco del que bien puede considerarse el mayor golpe contra el tráfico de marihuana de los últimos tiempos en la provincia.

Aquel hombre, A.L.T., es el supuesto líder de una presunta organización criminal dedicada al tráfico de 'maría' a gran escala con base en Alhendín. Su desarticulación, llevada a cabo por el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga de la Guardia Civil (EDOA), en coordinación con los investigadores de la Agencia Tributaria, ha conllevado la detención de 51 personas, de las que una decena -una de ellas es un menor- permanecen privadas de libertad y a la espera de juicio. Entre los presos preventivos hay dos polacos, dos holandeses y un francés.

1.091.500
El análisis patrimonial de la familia del presunta cabecillla revela bienes por ese valor.
18
Es el número de vehículos que ha tenido a su nombre en las últimas décadas el supuesto líder del clan.
473.245
Es la cantidad de dinero que se intervino en los 23 registros practicados este verano.

El resto de investigados están en la calle y los primeros interrogatorios se llevaron a cabo los pasados 10 y 13 de noviembre. El juez que instruye la causa, el magistrado de Instrucción 1 de Santa Fe, había reservado esos dos días para tomarles declaración a 28 de ellos por un posible delito contra la salud pública. Aparte de este delito, se investiga otro de presunto blanqueo de capitales, por el que en octubre el juzgado ordenó que se abriese otra causa contra 26 de los implicados.

Las indagaciones enmarcadas en la 'operación Tarquinal' se iniciaron en septiembre de 2016, como figura en el sumario, que arrancó oficialmente en los juzgados santaferinos el 6 de marzo del año pasado y al que ha tenido acceso IDEAL. La causa se abrió a raíz de un exhaustivo informe del Instituto Armado que bien podría inspirar el guión de una de esas exitosas series policíacas que destripan las entrañas del peligroso narcotráfico, donde los coches de lujo, los fajos y maletas de billetes, las conversaciones en clave y las armas ilegales son los ingredientes habituales.

El nombre de un paraje

Las páginas del caso Tarquinal, que recibe su nombre de un paraje denominado 'Tarquinal Alto' de Pinos Puente, esconden un oscuro mundo, el del tráfico de marihuana, donde la realidad supera a la ficción. El expediente se inicia con un amplio informe de la Guardia Civil, en el que se reseña aquel disparo de 2014 para advertir al juzgado de «la actividad violenta» de esta red. Asimismo, los investigadores trasladaban sus sospechas de que en aquel paraje, propiedad de la pareja de A.L.T., se 'cocía' algo, pues había un llamativo trasiego de personas y vehículos relacionados con las provincias de Granada, Almería, Murcia y Alicante, algunos de ellos también vinculados al tráfico de drogas.

La cantidad de coches era «anormal» y uno de ellos llamó especialmente la atención de la Policía Judicial, pues pertenecía al entorno familiar de A.L.T. y había sido usado supuestamente como vehículo «lanzadera» de otro en una operación que se saldó, el 15 de junio de 2015, con la detención de dos personas y la incautación de marihuana.

La Guardia Civil empezó a tirar del hilo. Recibió otras informaciones que situaban a Alhendín como un punto caliente en el mapa del mercado internacional de la 'maría'. Ubicaban en el municipio «la base» de una supuesta organización criminal «muy activa» liderada precisamente por A.L.T., que cuenta con diversos antecedentes por tráfico de droga. Había que comprobar si el grupo adquiría «la mayor parte de la marihuana producida en las localidades del extrarradio de Granada», a la vez que contaba con «plantaciones propias» y no dudaba, presuntamente, en «ir armado a modo de amedrentar a los vendedores para establecer sus precios, además de amenazar a otros traficantes para que no adquieran mercancía en su zona de influencia».

Las labores policiales para confirmar todos estos extremos fueron arduas; conllevaron horas y horas de vigilancia, 'pinchazos telefónicos' y seguimientos de vehículos. Finalmente, la Unidad Orgánica de Policía Judicial de Granada determinó que se trataba de un «clan familiar» que disponía de una auténtica «estructura de viviendas» supuestamente destinada a realizar la compra de marihuana, su almacenaje y distribución. Concluyó que A.L.T y los suyos adquirían «grandes cantidades de sustancia tóxica» que luego vendían a «intermediarios» de otras provincias «o directamente a otras organizaciones criminales europeas». La estructura era «piramidal» y cada uno tenía, supuestamente, asignada una función. Así, por ejemplo, mientras unos captaban a los productores que les vendían la mercancía, otros se encargaban de la guardería y las descargas. Estos extremos, como en cualquier causa, deberán luego probarse en un juicio.

Los inmuebles, ubicados en una urbanización de clase media-baja de Alhendín, además desprendían «un fuerte olor a marihuana». En sus exteriores solía registrarse «un gran trasiego de gente» y numerosos vehículos de alta gama -entre ellos un Ranger Rover que cuesta cerca de 40.000 euros o un BMW X6 valorado en 36.000-, un detalle «destacable» si se tiene en cuenta el tipo de barriada que es y la falta de ocupación de sus propietarios.

Los agentes se vieron obligados a agudizar el ingenio para no ser descubiertos, pues las casas empleadas por los miembros del grupo, que a veces actuaban con total «tranquilidad» y «a plena luz del día», estaban distribuidas de tal forma que hacía que se crease una suerte de «búnker de seguridad» en el que «se controlaba a toda persona que accedía al lugar», lo que dificultaba la acción policial. En algunas de las intervenciones telefónicas, en las que se habla de trapos secos y húmedos -la droga, según los investigadores- uno de los implicados llega a identificar a un agente e invita a su interlocutor a ir con pies de plomo.

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