Y al séptimo trabajó

Los vecinos de Murtas mantienen intacta la tradición de descansar los sábados y trabajar los domingos desde el tiempo de los judíos

RAFAEL VÍLCHEZMURTAS

Los vecinos de la localidad alpujarreña de Murtas mantienen intacta una tradición que han heredado generación tras generación desde los tiempos de los judíos: el pueblo descansa el sábado y trabaja el domingo. Hasta el Ayuntamiento sigue esta norma. A su alcalde, José Miguel Romera, no parece importarle. A las nueve en punto de la mañana, como cada día, abre el Ayuntamiento y los funcionarios se incorporan a su puesto de trabajo para cobrar impuestos, despachar solicitudes u obtener quejas vecinales. El reguero de personas no cesa durante toda la mañana en la Casa Consistorial situada frente a las impresionantes torres gemelas de la iglesia.

La vida comienza en Murtas muy temprano, cuando los gallos empiezan a cantar. Sus vecinos se conocen todos. Se dan los buenos días cuando se cruzan por las calles camino de la tienda, la farmacia, el bar de Antonio ‘El Pinche’, el Ayuntamiento, un viaje o el campo. Es domingo y en Murtas comienza una nueva semana tras el descanso del sábado. En realizad la sensación que estos hospitalarios lugareños experimentan al levantarse el domingo es la misma que la de cualquier otra persona cuando lo hace en lunes en otro punto de la provincia. Acabó el fin de semana y de nuevo el trabajo. Así ocurre desde tiempos inmemoriales en este lugar, cuna del trovo y los bailes alpujarreños, transmitidos a los jóvenes en una escuela por el exalcalde Cecilio Martín.

Todos los vecinos lo tienen asumido desde que a alguien se le ocurrió mantener al pueblo bajo la costumbre judía. Todo parece completamente normal en Murtas. Las mujeres entran y salen de las tiendas para hacer las compras, los ancianos se sientan en la plaza… El exalcalde de Murtas en los años setenta del pasado siglo y juez de paz en la actualidad, Antonio Valverde, cree que todo pudo deberse a la tradición de celebrar los mercadillos en domingo en tiempos de los judíos, antes de su expulsión de España. Hace varias décadas la actividad comercial de Murtas perdió parte de su esplendor con la desaparición del pueblo de Benínar por la construcción del pantano que lleva su nombre.

Murtas es cada domingo el principal punto de encuentro del comercio de la Alpujarra oriental. La misa es la única señal visible de una jornada atípica en un pueblo atípico. Los sindicatos consiguieron hace unos lustros que la sucursal de la Caja de Ahorros cerrara algunos domingos y eso que el acuerdo de mantener las entidades bancarias cerradas se adoptó en pleno del Ayuntamiento en 1983.

Los únicos vestigios escritos que confirman esta costumbre están en los Libros de Impuestos de Forasterías de Murtas y su Término, guardados en el Ayuntamiento, que datan de los años 1760 y 1853. El alcalde, al igual que sus antecesores, se resiste a ceder y desea que Murtas siga fiel a su costumbre. Que todo siga igual. Que el pueblo del buen vino y la repostería morisca cierre los sábados y abra el domingo. Los ancianos recuerdan cuando se llegaban a formalizar hasta cien tratos de venta y compra de bestias de labor y se comercializaban centenares de arrobas de cereales y legumbres. Mucha gente de la zona de la Sierra de la Contraviesa, y de Ugíjar, Turón, Cádiar, Bérchules, Jorairátar, Cojáyar, Mecina Tedel, Albuñol, Albondón… frecuentaban este mercado del domingo.

La jornada del domingo pasa rápida en Murtas. Los visitantes vuelven a su tierra con algunas compras. Por la tarde, como en todos los pueblos, las cosas se toman con más tranquilidad. El domingo se ha acabado. El lunes para estos lugareños no se hace tan difícil. Ellos habían comenzado antes la semana que el resto de los granadinos. De nuevo el bar de Antonio ‘El Pinche’ volverá a recibir a sus ‘parroquianos’ para tomar, principalmente, un café o una copa de anís. Varios jubilados, como el juez de paz, Antonio Valverde, no se irán tan deprisa porque lo tienen todo hecho y porque dedicaran parte de la mañana a charlas de sus cosas y a jugar al dominó en una mesa con vistas al escalonado y bello pueblo alpujarreño que posee una de las iglesias más expectaculares de la comarca y mucha historia.

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