Recuerdos del ayer en la casa de Porras

Un vecino de la Alpujarra, José Porras, transforma parte de su casa de Soportújar en un interesante lugar que congrega más de un millar de objetos y enseres, algunos de ellos con varios siglos de vida

Recuerdos del ayer en la casa de Porras
RAFAEL VÍLCHEZSOPORTÚJAR

Recuerdos, muchos recuerdos del ayer. Un vecino de la Alpujarra, José Porras, nacido en la localidad de Soportújar en 1940, ha transformado el bajo de su casa, situada en la Calle Real, en un lugar que acoge muchísimos objetos y enseres, algunos de ellos con varios siglos de vida. A José le encanta desde pequeño atesorar infinidad de cosas: utensilios de carpintería y herramientas para la agricultura, pesos y romanas, recipientes para el vino, cencerros, faroles, instrumentos musicales, máquinas de escribir, billetes y monedas, candiles, cestos de mimbre, cuchillos, hachas, llaveros, cerámica, calabazas vinateras y de agua con pitorro, sables, cenachos, garrafas, sogas y ramales, etcétera.

Algunas de las cosas que se pueden contemplar en este local como, por ejemplo, un botellero realizado con herraduras y un ancla, ha sido realizado por el ingenioso Francisco, hermano de José Porras. También atesora el bajo de la casa de Porras una cruz de madera que encontró y forró con dos sacos de tapones de chapa de refrescos. Mil platicos precisó José para cubrir la cruz. Este coleccionista de objetos sigue ampliando su ‘tesoro’ para no perder la costumbre y porque le encanta poseer más objetos con muchos años de historia. A José Porras también le encanta tocar el acordeón desde que era joven. Un de tres nietos, Guillermo, estudia violín en el Conservatorio de Granada.

El entrañable y admirable José Porras no pudo ir a la escuela porque a los seis años de edad tuvo que ayudar a sus padres: Antonio y María y a sus tres hermanos en labores campesinas en la sierra. El servicio militar lo realizó en Granada en el Parque de Artillería. En 1965 contrajo matrimonio. José emigró a Alemania para trabajar de carnicero y poder prosperar. En este país que lo acogió estupendamente estuvo 11 años. Después adquirió un bar en Granada capital (el Bar Porras), en la Calle Chueca del Barrio Figares, y en este lugar estuvo 25 años trabajando 18 horas diarias hasta que se jubiló. A José Porras, además de encantarle coleccionar objetos, le gusta mimar su viña situada en Soportújar para obtener vino casero para el gasto de la casa y para poder convidar a sus amigos.

Soportújar, el pueblo que apuesta por el turismo rural y cultural, los festejos, las tradiciones y leyendas de brujas, la gastronomía… ya dispone de otro atractivo más gracias a José Porras, un ser muy querido y respetado en la tierra que le vio nacer y crecer entre bancales, hazas, laderas, montañas, quiebras, sementeras y horizontes pintorescos. José Porras a corta edad convivió con la flora y la fauna, entre valles profundos, fuentes cristalinas y alturas inaccesibles a los pies de Sierra Nevada. Con tan solo seis años José Porras conoció y sufrió el calor y el frío, las nieves perpetuas, los ventisqueros umbríos, las praderas salpicadas de ganado, las cascadas, los vientos y las nubes, las tempestades... Eran otros tiempos.

Fotos

Vídeos