Rebajan la pena al dueño de un pub de Cenes juzgado por el ruido

Medidor de ruido en un móvil. /SARAI BAUSÁN
Medidor de ruido en un móvil. / SARAI BAUSÁN

Deja el castigo en tres meses de cárcel por lesionar la salud de los vecinos de arriba

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGranada

La Audiencia de Granada ha rebajado de nueve a tres meses de prisión la pena impuesta a F.M.S.G., el hostelero que fue condenado el año pasado por los ruidos procedentes del bar de copas con karaoke que regentó en Cenes de la Vega entre febrero de 2014 y marzo de 2016. Considera que no se ha acreditado que el nivel acústico del pub contraviniese la normativa.

En su sentencia, la Audiencia revoca en parte la condena que fijó el juez de lo Penal 1 de Granada, Manuel Piñar, al estimar parcialmente el recurso que el hostelero interpuso contra el fallo. La rebaja se produce al absolverle el tribunal del delito contra el medio ambiente por el que inicialmente se le impusieron seis meses de cárcel.

La sentencia, a la que ha tenido acceso este diario, mantiene no obstante el resto de ilícitos por los que el hostelero fue castigado: un delito de lesiones psíquicas y tres delitos leves de lesiones a la familia que habitaba encima del pub. Por esas infracciones penales, el magistrado le impuso los tres meses de cárcel y multas: 150 euros en el caso de cada delito leve.

Los afectados, según recuerda la resolución, eran miembros de una misma familia que sufrieron "el continuo ruido en horas nocturnas", como consecuencia de la explotación comercial de aquel negocio. La familia vivía justo en el piso de arriba y, según determinó el primer juez que examinó el caso, el ‘bum bum’ les hacía "imposible" el descanso "con las inevitables consecuencias lesivas para su salud".

Sin embargo, la Audiencia cree que al apreciar el delito medioambiental de naturaleza acústica se vulneró el derecho a la presunción de inocencia del procesado, pues se dio por probado que este actuó "contraviniendo las leyes u otras disposiciones de carácter general protectoras del medio ambiente, entre las que se encuentran las dirigidas a la protección frente al ruido", lo cual no cree acreditado.

El tribunal aclara que un castigo por contaminación sonora debe contar con el respaldo de pruebas de cargo "válidas y practicadas con las garantías necesarias", al tiempo que recuerda que, según el escrito de acusación del fiscal, "la Delegación de Medio Ambiente señaló la imposibilidad de determinar con exactitud el nivel de ruido procedente del local". Así, tras indicar que el juez mostró su convicción de que el volumen de la música impedía el descanso de los afectados, subraya que "no puede el derecho penal tolerar que se deje en manos de subjetivas sensaciones o estimaciones sin ningún valor ni criterio fidedigno ni objetivo".

La sentencia ahora corregida fue dictada el 30 de marzo del año pasado y estableció indemnizaciones para los vecinos perjudicados que suman 4.000 euros.

Cinco miembros

Aunque se haya absuelto del delito de contaminación acústica, la Audiencia desestima las alegaciones de la defensa del hostelero en lo que a la salud de los vecinos afectados se refiere y mantiene el castigo por las lesiones. La familia denunciante, que ha ejercido la acusación particular en la causa, estaba integrada por cinco miembros: una pareja y sus tres hijos de 9, 16 y 27 años.

Las lesiones más graves fueron las apreciadas en la madre, en la que los forenses observaron un "deterioro sico-orgánico con episodios ansioso depresivos" por los que estuvo siendo tratada con ansiolíticos y antidepresivos. La mujer se curó sin secuelas cuando cesó la actividad.

De los tres hijos, fue el pequeño el que resultó más dañado. El menor está afectado del síndrome de Gitelman –una enfermedad genética de los riñones– y su dolencia se vio agravada por "una alteración sico-orgánica global por contaminación acústica". Tuvo que ser atendido médicamente. Pesadillas, incontinencia urinaria, cansancio, agresividad y trastornos alimenticios fueron algunos de los efectos que tuvieron las emisiones sonoras en él. Al igual que ocurrió a su madre, el cuadro desapareció al cesar la actividad ruidosa. Sus dos hermanos mayores sufrieron "episodios de insomnio" que también desaparecieron.

El acusado negó en el juicio haber emitido ruidos fuera de horario o de los límites legales.

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