Un pueblo muy tranquilo y agradable

Un pueblo muy tranquilo y agradable

En el apacible e histórico pueblo de Atalbéitar parece que el tiempo se haya detenido porque conserva sus calles medievales y moriscas y sus formas de vida sosegada y agradable

RAFAEL VÍLCHEZATALBÉITAR

En un remanso de paz y entre sierras y valles de marcado valor natural se encuentra el tranquilo pueblo alpujarreño de Atalbéitar. Esta zona de la alta Alpujarra en invierno se suele teñir de blanco. Los paisajes de Atalbéitar son de ensueño, repletos de tradición y patrimonio cultural capaces de transportarnos a un tiempo que parece detenido. Alzado sobre las fértiles tierras del municipio de La Taha y aglutinando los relieves montañosos de las sierras se encuentra esta histórica localidad cuyo nombre procede del árabe: ‘Harat Albaytar’ que significa ‘Barrio del Veterinario’.

Si algo marca la identidad de este recóndito lugar quizás sea su aspecto escarpado y abrupto así como su contrastada orientación y disparidad de suelos. Montes, valles, profundos barrancos, pendientes pronunciadas y cerros se suceden en el entorno de Atalbéitar.

Toda una diversidad de paisajes es producto de las oscilaciones en el nivel de altitud. Atalbéitar y sus alrededores abren a los vecinos, turistas y visitantes todo un cúmulo de estampas singulares. Cuando alguien se adentra en esta bendita tierra salen al encuentro arroyos y cursos fluviales bordeados por sinuosos bosques de ribera, de tupidas bóvedas que el sol se afana en atravesar con sus rayos.

Atalbéitar posee una amplia diversidad de especies vegetales. Sin duda es su flora uno de sus valores más relevantes. La localidad de Atalbéitar está dominada por un extenso universo verde lleno de matices entre paratas, chortales y bancales. Es único y hermoso este pueblo para todo el que le guste la tranquilidad, las estancias relajadas, la pintura del natural, la fotografía o el turismo rural y el senderismo.

Los rincones de Atalbéitar merecen ser conocidos. En este sitio existe uno de los tinaos más largos, ocultos y antiguos de la Alpujarra del tiempo de los árabes. También posee una casa en la parte alta del pueblo que perteneció a un familiar de Abén Humeya, y que desde hace años es la casa del famoso arquitecto Donald Grey.

Es un encanto pasear por las calles medievales y moriscas y visitar la ‘Falda de la Glorieta’ o el ‘Cerro de Alhizán’. El pilar de la plaza de Atalbéitar ofrece agua fresca y constante. También sirve de abrevadero para animales. La plaza es el lugar más concurrido del pueblo. Los niños juegan en ella y los mayores hablan de sus cosas sin ruidos ni prisas. Atalbéitar no posee tiendas pero se acercan vendedores ambulantes. En Atalbéitar parece no pasar el tiempo tan deprisa. Las formas de vida de antaño aquí no han desaparecido.

Cuando se camina por Atalbéitar se contemplan ciertas imágenes que parecen sacadas de otro tiempo, detenidas a medio camino entre lo pasado y futuro. En este pueblo se pueden captar escenas alpujarreñas de la vida cotidiana con mucho sabor a pueblo. Atalbéitar sigue gozando de dilatada tranquilidad entre un pliego de fragancias y olores múltiples del campo. En verano y otras fechas señaladas del año, como por ejemplo la Navidad, aumenta la población.

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