Las pollas en vinagre de Lanjarón

Las pollas en vinagre de Lanjarón

Antonio Valdés cosecha en su finca pollas en vinagre de gran tamaño y grosor para consumirlas cuando les llegue la hora

RAFAEL VÍLCHEZLanjarón

Aunque parezca increíble o chocante en Lanjarón se crían pollas en vinagre. Sí pollas en vinagre. Grandes y abundantes. Antonio Valdés Lozano, más conocido por ‘Sartenillas’ las cría y prepara cuando les llega la hora de incarle el diente en su escalonada finca de Los Parrales, donde abundan también los higos y otras clases de frutas como el madroño.

Valdés ha indicado que “hace varias décadas, en Torrenueva, conseguí la planta. Me la proporcionó un labrador de frutos tropicales. Recuerdo que este hombre se acercó a la oficina de la Caja Rural donde ya trabajaba. Él llevaba en una mano dos frutas alargadas. Yo le dije que no había visto nunca aquella clase de fruto. Entonces, aquel cliente me contestó que si me comía aquella fruta pensando en que tenía sabor a plátano tendría sabor a plátano, si pensaba que tenía sabor a chirimoya, pues tendría sabor a chirimoya y así sucesivamente. El hombre tenía razón y me regaló semilla. Yo le di las gracias y le dije a aquel hombre que me dijera como llamaban aquellas frutas, y él, ni corto ni perezoso, me dijo que debido a su forma se le llamaban pollas en vinagre. Entonces amí me dio por reír y si por pocas ‘pelicho’ (muero) de tanta carcajada”.

Las pollas en vinagre de Antonio Valdés son comestibles. “Cuando maduran sin dejar de estar muy tiesas se desprenden de la cáscara. Cada polla tiene por dentro granos parecidos a los de maíz que están sujetos a una especie de pabilo como el de las panochas de maíz. Entonces, el fruto se despega con un tenedor o algo así, y se lo come uno crudo o en vinagre. Las pollas en vinagre, que tardan casi un año en ponerse grandes, comienzan a madurar a últimos de diciembre y primeros de enero. La planta, para que se críe bien y dé buenos frutos a los cuatro años precisa mucha agua y abono, porque de lo contrario no da nada o da pollillas en vinagre. Pollillas raquíticas y muy chicas”.

En Lanjarón se crían en otros lugares más pollas en vinagre porque Antonio Valdés les ha proporcionado senillas a algunos de sus amigos. “El llamarle pollas es porque se asemeja el fruto a un pene muy grande, de los que creo yo que no se estilan por estas tierras. Algunas miden más de 30 centímetros y eso es mucho. También son muy gordas. La gente cuando las ve se parte de risa. Surgen muchas conversaciones picantes y todo eso. Yo crío al año unas 150 pollas en vinagre para la familia y amistades porque están muy ricas de comer. Eso sí, no se pueden comer a bocados porque el pabilo tiene pinchos comos los de higo chumbo, de esos largos que hay”, terminó diciendo Antonio Valdés.

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