Poco orden en el atípico bar del suceso de Huétor Tájar

Por lo general, sus clientes eran 'carne' de bar que mataban las horas del día a día entre copa y copa. Algún que otro 'camello' de la zona también solía dejarse caer entre la clientela

J. R. VILLALBA/N. JIMÉNEZ

El fallecido solía cerrar siempre los martes y por eso le extrañó bastante a uno de sus clientes que la puerta estuviera medio entornada la mañana del pasado día 9, martes.

En el suelo yacía el cuerpo sin vida de José Fernández, quien cumplió los 53 años el pasado 1 de enero y quien llevaba una vida con algún que otro altibajo provocado, al menos en alguna ocasión, por el consumo de alcohol. El bar era frecuentado por una clientela más bien escasa y poco común, más bien atípica y de la que no suele hacer rico a ningún empresario hostelero. Un bar que linda con una zona agrícola y que no se encuentra en ninguna zona de paso, adonde hay que ir de forma intencionada. Por lo general, sus clientes eran 'carne' de bar que mataban las horas del día a día entre copa y copa. Algún que otro 'camello' de la zona también solía dejarse caer entre la clientela.

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Todo este puzzle es lo que los investigadores están analizando ahora con cautela tratando de encajar las piezas. Tres de sus doce hermanos también murieron de forma violenta, dos en accidentes de tráfico y otro en accidente laboral.

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