Pedro Martínez, el pueblo de los rayos

Juan Antonio Vacas, alcalde de Pedro Martínez, otea el horizonte desde el balcón del Ayuntamiento. / JORGE PASTOR

La franja entre Mágina y Sierra de Arana, la que más impactos nube-tierra registra en Granada

Jorge Pastor
JORGE PASTORGranada

Son las diez de la mañana en Pedro Martínez, en pleno corazón de los Montes Orientales de Granada. El alcalde, Juan Antonio Fernández, se asoma al balcón del Ayuntamiento. Mira a derecha e izquierda. Malas noticias. Hoy tampoco lloverá. «En el pueblo hay unas trescientas familias y todos viven de la agricultura», asegura con el rostro aún cansado tras los festejos de San Isidro, patrón de los labradores. En Pedro Martínez están acostumbrados a mirar al cielo. Las nubes dan y quitan el pan. Lo dan cuando descargan. Lo quitan cuando no descargan. Un clima complicado a la sombra del Mencal. Tan complicado como que es el municipio de la provincia de Granada donde más rayos tocan tierra, según las estadísticas que maneja la Agencia Estatal de Meteorología.

No es algo habitual, pero las matemáticas y los radares demuestran que, en efecto, este fenómeno sí es más frecuente en la franja comprendida entre Mágina y la Sierra de Arana. Donde también está Guadahortuna. Donde una de estas 'raíces eléctricas' segó en un segundo la vida de Javier Torres hace poco, el pasado 23 de abril. Se bajó del coche para comprobar el estado de unos almendros. Le tocó a él. 150.000 kilovatios. Los médicos no pudieron hacer nada para salvarle.

Juan Antonio compatibiliza sus responsabilidades como regidor con la faena en el campo. Es pedromartinero hasta el tuétano. «Fue hace cinco o seis años, en el Cortijo del Rayo; un rayo cayó sobre un pino carrasco y provocó un incendio que quemó toda la cosecha», relata Juan Antonio, quien también subraya que todo el pueblo se movilizó. «Cuando pasan estas cosas vamos todos, a ayudar». Una solidaridad que, desgraciadamente, nunca es suficiente cuando la naturaleza enseña sus colmillos. Las predicciones meteorológicas permiten anticipar con tiempo temporales, nevadas y canículas, no los relámpagos. El 112 envía un correo electrónico y fax de alerta al Ayuntamiento y la Guardia Civil. Con tiempo suficiente para advertir a la población. El Ayuntamiento de Pedro Martínez lo difunde vía edicto. En otras ocasiones Miguel 'el Rey' se encarga de pregonarlo por las calles. Como antaño. «Así todo el mundo se entera; los mayores no entienden el Facebook», asegura Juan Antonio. Cuando se forman las tormentas -en esta zona con inusitada velocidad-, lo único que cabe es rezar, especialmente quienes hayan tomado la decisión de no asegurar. Cuando las cosas se ponen muy feas, también se recurre al tañido de las campanas. «Cuando tocan rápido la gente sabe que estamos ante una urgencia».

«Cuando se pega fuego por un rayo y se quema la cosecha, todo el mundo acude a ayudar» Juan Antonio | Alcalde

En Pedro Martínez todo el mundo puede contar, con más o menos detalle, alguna experiencia relacionada con los rayos. Les presento a Antonio y a los dos Josés. Se reúnen por las mañanas en la plaza de la Cruz. Allí hablan de sus cosas y de las cosas de Pedro Martínez. También del tiempo. Antonio, con 89 primaveras a los lomos, conoce la tierra. Comió de ella durante cuarenta años. Él ha vivido en primera persona del singular y el plural los pedriscos de antes y las sequías de ahora. «Yo he visto precipitaciones de cuarenta litros en una hora, aunque aquí las tormentas son secas», afirma. «Las nubes negras vienen de Iznalloz», comenta con la seguridad de quien ha vivido la experiencia. José asiente. Vivió en Pedro Martínez pero la emigración lo llevó a Cataluña. Viene en primavera y verano. «Siendo niño, a principios de los sesenta, un rayo mató a una mula en la calle Guadix», recuerda mientras irrumpe el Camión del Tapicero, que también oficia en Pedro Martínez. Más allá, sentado en la fuente, atento a lo que comentan Antonio y José, el otro José tercia en la conversación. «Es que son muy listos», dice con ironía mientras apunta a unos cipreses. «La culpa la tienen quienes los han puesto ¿es que no saben que los árboles altos atraen a los rayos», se pregunta y se responde.

«A comienzos de los sesenta, siendo yo aún un niño, un rayo mató a una mula en la calle Guadix» José 'Lugariego'

El Bar los Porches, también en la plaza de la Cruz, es lugar de encuentro para propios y extraños. Tostada con jamón a gusto del consumidor y café con leche por 2,60 euros. Tampoco falta una buena pantalla para ver los partidos de fútbol. Paco mima a sus clientes. Allí desayuna Manolo, el concejal de Medio Ambiente «y de otras muchas cosas, que aquí hacemos de todo». También rememora algún trágico suceso relacionado con un rayo. «Fue a principios de los noventa, en el cortijo de las Hazadillas; fulminó a Tapia». Según Manolo, los nubarrones vienen de la Sierra de Arana y al llegar a Moreda, unos se desagregan hacia el Puntal y otros hacia Pedro Martínez y Alamedilla. «Cuando el Mencal se pone negro, no falla», asevera.

«Estaba a 200 metros; cayeron 6 rayos y se quemaron 6 árboles»

José Moraleda tampoco olvidará aquel día. Hace seis años. Labraba la tierra en el Paraje de la Carihuela, a medio camino entre Pedro Martínez y Villanueva de las Torres, cuando la tormenta descargó. «Estaba a doscientos metros y pude observar cómo caían seis rayos y como se quemaban otros tantos árboles», comenta José Moraleda, quien enseña algunos de los pinos carrasco afectados por aquella sucesión de descargas que aún se mantienen en pie con la corteza, eso sí, completamente chamuscada.

José Moraleda, embutido en una gorra naranja de la UPA, lamenta que los seguros no den respuestas a las necesidades reales de los agricultores. «No puedes cubrir sólo algunos cultivos; te obligan a que sea toda la explotación», explica. «Das dos partes consecutivos, perfectamente justificados, y al tercero ya no te pagan», agrega. Bajo su punto de vista, «en muchas ocasiones resulta más rentable no asegurar».

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