«Cuando vas a pedir comida, la vergüenza te la comes»

Yolanda y su pequeño, dos luchadores natos. /Alfredo Aguilar
Yolanda y su pequeño, dos luchadores natos. / Alfredo Aguilar

Una beneficiaria del 'catering' que ofrece el Ayuntamiento de Armilla a personas sin recursos narra su experiencia

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

La patria de Yolanda (Granada, 1994) son su bebé y su futuro marido -tienen previsto casarse en breve-. Vive en Armilla y todos los días se levanta con la misión de que su familia consiga independizarse de la pobreza. No es fácil. Su hijo, de poco más de doce meses, y su compañero, de 30 años, son dependientes. El chiquillo por razones obvias y el padre, porque sufrió un accidente de tráfico que lo sentó en una silla de ruedas. «Esperamos que sea de forma temporal, pero va para largo», detalla la joven. El siniestro ocurrió el pasado 20 de agosto. El día había empezado de forma inmejorable. Después de varios meses sin empleo, lo que había obligado a Yolanda y los suyos a recurrir al Banco de Alimentos de Granada, el hombre estrenaba un trabajo con un sueldo decente, unos 1.500 euros. Pero no regresó a casa. «Cuando me llamó la Policía para decirme que estaba herido, yo ya sabía que había pasado algo malo. Le había llamado y no me contestaba. Y salí a buscarle a la calle», recuerda Yolanda. Como ella, hay otras 60 personas en Armilla. El Ayuntamiento, con la financiación de la Junta de Andalucía, les proporciona alimentos a diario.

-¿Cómo se llega a tener que pedir ayuda para comer?

-Antes de quedarme embarazada, que fue algo que buscamos, trabajábamos los dos en la hostelería. En mi casa entraban entre 2.200 y 2.300 euros. Pero a partir de ahí, fue todo cuesta abajo. Yo dejé el trabajo porque quería estar con mi niño y él tenía un mes de vacaciones que se lo estaba guardando para cuando naciera y compaginarlo con la baja paternal, pero le dijeron que no, que se fuera. Lo despidieron. Luego se le agotó el paro y yo solo cobraba 200 euros de la Seguridad Social. Y cuando parecía que íbamos a remontar, ocurrió el accidente... Con lo que a él le ha quedado, tenemos unos 800 euros al mes. Pero es que el niño tiene que estar en una guardería y yo no puedo ni buscar trabajo. Tengo que estar pendiente de mi pareja. Me necesita para todo: para asearse, para darle las medicinas... Y tengo que hacer la casa, cocinar... A ver, que no me quejo, porque lo tengo que hacer.

«No vayan con la cabeza agachada. Al fin y al cabo, somos luchadores y algo bueno tiene que venir»

-Pasaron de tener una vida normal y desahogada a...

-A tener que ir tirando cada mes como puedas. Y si un mes no puedes pagar al casero, pues al mes siguiente le pagas dos meses. Estamos de alquiler. Pagamos 325 euros... Y casi 200 de guardería. 115 me han llegado este mes de luz..., aunque normalmente son 80.

-¿Y es comprensivo el casero?

-Sí, porque nos conoce. Es muy comprensivo.

-Pero no llegan a fin de mes.

-No. Entonces, vine a pedir ayuda a los servicios sociales del Ayuntamiento de Armilla y me ofrecieron el 'catering' a domicilio y acepté. Antes, cuando el despido, ya habíamos recurrido al Banco de Alimentos. Yo cobro una ayuda de 172 euros, mi marido ahora mismo está en una silla de ruedas y el bebé, además de comer, son pañales... Todo lo que conlleva. Como he dicho, cobro 172 euros y sé que podría buscar trabajo, pero es que en una situación así no tienes ni valor para buscar trabajo.

-¿Qué pensó el primer día que fue a pedir alimentos?

-El primer día que entré en el Banco de Alimentos lloré mucho, mucho, mucho. Es que entras allí y no sabes cómo va nada. Todo el mundo te sonríe y ten dan muchas cosas... Antes pedimos ayuda a mi hermana, a mis padres..., pero todos también tienen su situación. Entonces, una amiga me comentó que fuera hablar con la asistente social del Ayuntamiento, me ofrecieron el Banco de Alimentos y lo cogí sin dudar.

-Y ahora le han concedido el 'catering' en el Ayuntamiento.

-Sí, nos llevan a casa la comida de lunes a domingo, festivos incluidos. Un menú para cada uno.

-¿Sintieron vergüenza cuando dieron el paso?

-Sí, y al pedirle a mi familia, también. Es que estábamos bien y, de repente, no tienes ni para darle leche al niño, pues te da vergüenza, claro que sí. Pero cuando vas a pedir comida, la vergüenza te la tienes que comer.

«Soy pobre en dineros, pero tengo una familia que no la cambio por nada del mundo»

-¿Y culpabilidad?

-También. Sé que somos buenos padres, pero me hubiera gustado darle mucho más a mi hijo. Es que es muy pequeño... A ver, que nunca le ha faltado de comer. Ya me las he ingeniado yo para que no le faltase.

-¿Cómo es un día cualquiera para ustedes?

-Me levanto y llevo al niño a la guardería. También levanto a mi marido y lo aseo. Después lo llevo al sillón... Y luego recojo a mi niño, la comida y los saco al parque. Luego a cenar, a dormir y mañana será otro día. Igual mañana sale el sol.

-¿Le molesta si le dicen que es pobre?

-No, porque el dinero es una mierda, pero, por desgracia, hay que comer. ¿Pero quién califica si una persona es rica o pobre? Igual el que es rico en dinero a lo mejor es pobre en muchas cosas. Yo soy pobre de dineros, pero tengo una familia que no la cambio por nada del mundo.

-¿Esto le puede pasar a cualquiera?

-Sin duda, y mucho peor. Mi marido se podía haber muerto. ¿Y qué hubiese hecho yo? Y con un niño.

-¿Qué aconseja a una persona que ahora empieza a tener los mismos problemas que usted?

-Que tengan paciencia, que den las gracias a la gente que les ayuda y que no vayan con la cabeza agachada. Al fin al cabo somos luchadores, personas que no tenemos dinero, pero que lo sacamos de donde sea. Mi consejo es que se lo tomen con tranquilidad, que algo bueno tiene que estar por venir.

-¿Qué piensa cuando escucha que la crisis ya ha acabado?

-Pues... (ríe resignada). A la vista está que yo voy cada vez más para abajo. Cuando piensas que ya está abajo del todo, la vida te da y te jode bastante.

-¿Votan en las elecciones?

-Sí, pero no sirve de 'ná', ja, ja, ja.

-¿Qué haría usted si fuera política?

-Lo primero, no poner la mano y ayudar a las familias.

-¿Tienen tiempo para preocuparse de lo que sucede en Cataluña?

-Es inevitable encender la tele y que todos los canales hablen de Cataluña. Deberían hablar más de nosotros y no darle tanto juego a eso.

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