Llegó la estrella de Oriente

Durante las mañanas de invierno la luz del sol incide de forma rasante sobre los chorros de agua de la fuente de las Batallas, y crea efectos mágicos./J. E. GÓMEZ
Durante las mañanas de invierno la luz del sol incide de forma rasante sobre los chorros de agua de la fuente de las Batallas, y crea efectos mágicos. / J. E. GÓMEZ
Postal en Navidad

En el día de Reyes el sol juega con el agua y regala su luz a Granada

JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLEGranada

Los surtidores levantan sus brazos de agua para encontrarse entre sí y moldear con su transparencia la luz de la mañana. Danzan con los primeros rayos de sol llegados tras la noche de la magia, con el deseo de impedir que la luz devuelva la imagen de la realidad y ponga fin al universo de la fantasía. Es un juego de reflejos, brillos y oscuridad, entre los que es posible mantener la mirada hasta que, en su centro, desde el este, llega el brillo cegador del sol. Borbotones de agua estallan en minúsculas estrellas al impactar con finísimos ríos sobre un altar de mármol, creado para ayudar a las almas en su ascensión al cielo.

Cada mañana, la luz nace en el oriente, aparece a través del valle del Darro, sobre las laderas de Valparaíso, tiñe de color la fortaleza roja y cae sobre el centro neurálgico de la ciudad, para bañar de plata los caudales de la fuente de las batallas, nombrada así por los enfrentados juegos de agua de sus caños. Es la estructura ornamental que desde el siglo XIX forma parte fundamental de la vida de la ciudad, testigo privilegiado del día a día y referencia de geografía urbana.

Conoció tiempos de contemplación y misticismo monacal, concebida para matizar el silencio del claustro de los Mercedarios Descalzos. Era el Convento de Belén, el centro de la Navidad monacal del Realejo. La fuente, dotada de un halo mágico, logró sobrevivir tras la desamortización del complejo religioso en 1835 y pudo eludir la picota que destruyó las piedras conventuales y ubicarse en el paseo de carruajes, en el extremo inicial del Salón, el espacio donde se centraba la vida de la Granada decimonónica. Un siglo después, con la remodelación del centro urbano de la ciudad, la fuente se ubicó en el extremo norte de la Carrera de la Virgen, sobre el Darro recién embovedado, como elemento clave de la rotonda distribuidora del tráfico y los viejos tranvías, hasta que la última modernización de Puerta Real desplazó sus piedras para acercarlas a los centenarios plátanos de sombra del Campillo.

Cada seis de enero, horas antes de que los niños paseen con sus regalos junto al pretil, la vieja fuente recibe la ansiada visita de los Magos que conducidos por la brillante luz de la estrella de la Navidad dejan la fantasía impregnada en sus aguas. En la mañana de cada Día de Reyes, la estrella de Oriente se mantiene sobre el cielo y retrasa su ocaso para jugar con el agua, en Granada.

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