El 'libro' de la Tierra

Paisaje de cárcavas sobre el valle del río Gor, entre Gorafe y Alicún./JUAN ENRIQUE GÓMEZ
Paisaje de cárcavas sobre el valle del río Gor, entre Gorafe y Alicún. / JUAN ENRIQUE GÓMEZ
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La evolución escrita en cárcavas y tierras rojas, el geoparque del Norte

JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLEGranada

Vinieron desde el sur más profundo, a través de las tierras emergidas sobre el mar de Tetis para conquistar Eurasia a través de lo que llegaría a ser Iberia. Viajaron desde los desiertos y estepas del este de África. Dejaron atrás a quienes se dirigieron al oriente, y empeñaron sus esfuerzos en cruzar el mar para alcanzar el norte. Encontraron grandes lagunas ciegas sobre las que se levantaron las cumbres más altas del nuevo continente, y tras las montañas blancas de nieves perpetuas, en una vasta extensión, vislumbraron profundos valles y mesetas entre quebradas sierras, las marcas de un gran lago endorreico alimentado por las aguas de un único gran cauce recolector de torrentes de lluvia, un río generador de ecosistemas clave para la supervivencia de grandes mamíferos, de numerosas manadas de herbívoros, donde los temibles tigres de diente de sable intentaban dar caza a enormes elefantes. Los primeros homínidos encontraron un espacio donde iniciar sus asentamientos, donde poder cazar y desarrollarse. Ocurría hace casi dos millones de años en un territorio rodeado al norte por las estribaciones orientales de las hoy conocidas cono sierras béticas, Cazorla y Segura; al sur y al suroeste por la gran masa glaciar de las montañas nevadenses y al este, en el oriente, los caminos hacia el mar. Los primeros pobladores de la Europa occidental, dejaron sus huellas marcadas en la tierra, mostraron su evolución, dibujaron su impronta en las paredes verticales de arcillas modeladas por el agua y los vientos, escribieron en el libro que cuenta el más antiguo y completo relato evolutivo del continente europeo, en páginas de conglomerados arrastrados por las aguas tras los levantamientos montañosos y los choques de placas, con líneas escritas hace más de doscientos millones de años, cuando el mar aún cubría parte del altiplano.

En el siglo XXI del calendario cristiano, aún inmersos en el Cuaternario, dos millones de años después de la llegada de los primeros homínidos, las tierras del norte de la provincia de Granada todavía mantienen los signos visibles de la evolución de los tiempos. Las grandes extensiones de cárcavas muestran al aire libre las estratigrafías que se remontan a las profundidades marinas, con arrecifes, corales y conchas que afloran en tierras de interior, y desde ellas, paso a paso, cuentan la evolución geológica de un gran territorio que el viento y la lluvia han modelado en singulares formas, donde las arcillas llegan a dejarse horadar para formar chimeneas de hadas. Es el territorio que espera convertirse en el gran geoparque mundial del sureste de Europa, el espacio geológico y antropológico que quiere desvelar sus secretos.

El inicio de un nuevo año es tiempo para hacer realidad los deseos, el momento para esperar que se cumpla el sueño del Norte.

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