Jugarse la vida en las carreteras de Granada

Un momento del itinerario recorrido durante la prueba. / CÉSAR GUISADO

Un equipo de IDEAL sale de ruta junto a la Campeona de España Rocío Martín y varios corredores del equipo Semar Elite para probar algunas de la vías más peligrosas de la provincia

CÉSAR GUISADOGRANADA

La campeona de España Rocío Martín le tiene miedo a muy pocas cosas en esta vida. Encima de una bicicleta es arrojo puro, lo demostró hace unos días en el Campeonato del Mundo, disputando media carrera con la horquilla de su bici quebrada. Debido a su afición por la competición, a menudo ha sufrido aparatosas caídas de las que siempre se ha levantado para seguir pedaleando. También ha desafiado el asfalto y al tráfico rodado de media Europa, así como a los rivales más duros del circuito.

Sin embargo, reconoce esta granadina que circular por ciertas carreteras cerca de casa es motivo para el pánico, sobre todo si se hace a determinadas horas o en días señalados. Una sensación que no sólo le invade a ella, también al grupo de ciclistas del equipo Semar Elite con el que normalmente sale para entrenar, a decenas de amigos, a quienes le advierten del peligro de ciertos tramos a través de Twitter. Ciertas carreteras de Granada, son un peligro.

El debate sobre el riesgo que supone circular un domingo por la mañana, a una hora en la que todavía puedes cruzarte con los vehículos que regresan de las discotecas está sobre la mesa. Hasta tal punto que dicen, la única alternativa segura es quedarse en casa, no arriesgar la vida sobre el asfalto.

IDEAL ha querido acompañar a Rocío Martín, y a los corredores del Semar: Juanma Bolívar, Elena Pérez, Rafael Reyes y Toni Martín, durante un día de entrenamiento. La ruta, a través de las carreteras que unen la Vega de Granada a través de Atarfe, Pinos Puente y Valderrubio, no estuvo exenta de más de un susto. Dicen los ciclistas que en la mayor parte de las ocasiones, los accidentes pueden evitarse con un poco de empatía. La gran mayoría de quienes van a dos ruedas son conductores de coche, pero no sucede de la misma forma al contrario y a veces esto provoca auténticos roces en la carretera, poniendo en severo riesgo la integridad del ciclista.

Sin ir más lejos, el grupo acudió a esta cita atravesando la avenida principal de Maracena. Aquí ya tuvieron el primer aviso de una jornada que no iba a ser fácil. Un vehículo rebasó al grupo hasta en tres ocasiones, pese a que después de cada adelantamiento hubo de frenar porque los semáforos estaban en rojo. Acelerones y frenazos que podrían haberse evitado con un poco de paciencia.

Durante la travesía de Atarfe a Pinos Puente, otro coche comienza a adelantar a sólo un metro de distancia -cuando la obligatoria es de metro y medio- reduce la velocidad para situarse unos segundos a la altura del grupo sacando la mano derecha el copiloto para hacer unos gestos indicando a los ciclistas que se echen hacia un arcén que por suciedad y deterioro resulta prácticamente intransitable. Tras hacer varios gestos, el conductor aceleró para continuar con el adelantamiento.

Autobuses que adelantan pese a que su próxima parada se encuentra a sólo unos metros o camiones que lo hacen al límite de la velocidad permitida y con escaso margen de maniobra cuando hay tráfico en el sentido contrario afloran en una marcha que resulta caótica por peligrosa y a la que lamentablemente, los ciclistas granadinos parecen ya acostumbrados. Qué remedio.

Al final, un desvío a Casanueva y Valderrubio ofrece una carretera de menos tránsito y los pulmones vuelven a llenarse de aire, el corazón deja de palpitar tan rápido y los ciclistas pueden mirar a un lado y a otro, comentando la experiencia, sabiéndose enteros.

«No acaba aquí la cosa», cuenta Rafa Reyes, «hay quien nos adelanta sin poner el intermitente, lo que puede provocar que el coche que viene detrás nos arrolle si no nos ve a tiempo o quienes adelantan en la bajada de un puerto, cuando una bicicleta puede alcanzar fácilmente los 60 kilómetros por hora, necesitando además todo el carril para la trazada. Es una locura ¿quién necesita adelantar a 90 por hora en una bajada?», se pregunta el del Semar.

Para Rocío, este tipo de situaciones se producen «todos los días», advierte. En la capital, «los mismos autobuses urbanos no te respetan, piensan que entorpeces el tráfico y te adelantan para pararse en una parada a veinte metros», se queja.

«Siendo Granada una ciudad con tanta tradición ciclista, es alucinante el poco respeto y la poca consideración que hay respecto al ciclista», abunda, incidiendo en el desconocimiento de los conductores que el uso del arcén por parte de los ciclistas está limitado en la mayoría de las situaciones en las que se encuentra «sucio, lleno de baches o no hay espacio, porque no hay ni un metro de arcén», explica.

Cuenta la campeona de España que si bien, gracias a la labor de los medios de comunicación y la visibilidad que ofrecen a este problema, «notamos que los conductores se están sensibilizando cada vez más, aunque todavía queda algún cafre por ahí», reconoce.

Y es que Martín recuerda que esta misma semana se ha vuelto a producir una muerte en la carretera, por el atropello de un camión a un ciclista en Tarragona, «cuando pasan cosas como esta, sales con un poco de miedo y vas mirando atrás con el rabillo del ojo, pero al final es peor. Se te quitan las ganas de salir en bici y disfrutar, pero no podemos hacer otra cosa», asiente.

Juanma Bolívar es corredor del equipo Semar Elite, habitual en el pelotón de Rocío Martín durante los entrenamientos y uno de los fijos en el grupo de cabeza de las carreras más importantes de las que se celebran en toda la provincia.

Coincide con su compañera de pelotón, «como equipo, hemos decidido que los domingos salimos por montaña. Tenemos miedo a la gente que conduce a las 7 o a las 8 de la mañana como no se debe ir, hay muchas muertes a esas horas», lamenta.

Asume que esta opción ya ha entrado en el debate; no frecuentar ciertas carreteras a ciertas horas del fin de semana. Y lo hace con resignación, pero convencido de que en muchas ocasiones es el único remedio para salvar el pellejo. «Muchos conductores no saben que pueden adelantarnos invadiendo una línea continua para entrar en el carril contrario y que un grupo de ciclistas puede ir en fila de dos si la vía lo permite», les advierte.

Sabe eso sí, que de igual forma que quienes van a dos ruedas tienen derechos, también deben cumplir con sus obligaciones, «todo esto no quita para que nosotros también respetemos los semáforos, procuremos ir siempre por la parte derecha de la calzada y cuando el arcén sea transitable, ir por él», apuntilla.

Normas a fin de cuentas que apuntan al sentido común. Que exigen de la empatía de quienes van al volante con quienes son más frágiles sobre el asfalto y que no tienen otra meta que salvar la vida de quien se mete en una carretera para disfrutar.

Porque como recuerdan estos ciclistas, en cualquier momento le puede tocar a cualquiera.

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