El joven del crimen de Las Gabias sufría brotes psicóticos

Agentes de la Guardia Civil y la Policía Local de Las Gabias en el Campo de Tiro gabirro la noche del pasado jueves 10 de mayo./Alfredo Aguilar
Agentes de la Guardia Civil y la Policía Local de Las Gabias en el Campo de Tiro gabirro la noche del pasado jueves 10 de mayo. / Alfredo Aguilar

Renovó su certificado psicofísico para la licencia de armas en 2017 cuando ya estaba diagnosticado de su problema de salud mental. Esta tarde a las 19.00 hay convocada una concentración de repulsa por los hechos

JOSÉ RAMÓN VILLALBAGRANADA

El joven de 24 años que se suicidó el pasado jueves tras apretar el gatillo contra su pareja de 21 años en el Campo de Tiro de Las Gabias sufría problemas de salud mental y era tratado en el área de salud mental del Zaidín, donde ya había sido tratado en algún momento de brotes psicóticos sufridos con anterioridad a los hechos ocurridos el pasado jueves. ¿Pudo sufrir un episodio delirante antes de acabar con la vida de su joven pareja? Nadie lo sabe ni lo podrá saber nunca.

El hecho de que padeciera un problema de salud mental debía de constar en el informe médico, principalmente en el apartado de peritaje psicológico incluido en este documento, obligatorio para conseguir el permiso de armas deportivas y de caza del cual disponía este joven. En el certificado médico presentado en su día por este joven para obtener la licencia de armas no aparecía este extremo, pese a que la última renovación data de 2017. El permiso de armas se renueva cada cinco años y en ese lustro quien renueva debe presentar el correspondiente certificado de aptitud psicofísica. El pasado año él ya estaba en tratamiento en salud mental por una enfermedad mental grave.

En la actualidad, no existe una comunicación protocolizada entre las áreas sanitarias de salud mental y los departamentos de licencias de armas de la Guardia Civil, institución que tiene la competencia en la materia, para retirar el permiso automáticamente cuando aparecen episodios de enajenación mental. Sí ocurre cuando emerge un problema de violencia de género. De forma inmediata, el juzgado le suspende la licencia para uso de armas. Quizá por eso, este joven aún estaba en disposición del permiso de armas que solía utilizar para el tiro deportivo y de caza.

Los requisitos para obtener el permiso de armas deportivo, tipo E, es no tener antecedentes penales, presentar un certificado de aptitud psicofísica, haber superado una prueba teórica y otra práctica sobre manejo de armas, pertenecer a un club de tiro deportivo y disponer de un informe sobre violencia de género que acredite no haber estado nunca sentenciado por un juzgado sobre este delito. Cuando el joven de Ogíjares obtuvo su último permiso de armas en 2017 ya sufría esos brotes psicóticos pero el certificado médico no lo reflejó como tal. Si lo hubiera registrado, el ahora fallecido no hubiera podido disponer de armas legalmente.

La hipótesis del accidente se va desmoronando poco a poco conforme se van conociendo más datos a partir de la reconstrucción de los hechos, del informe forense preliminar y del problema de salud mental que padecía este joven.

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También se va desmontando, al menos con las pruebas existentes al día de hoy, la existencia de indicios contundentes capaces de mantener la teoría de que este joven era un maltratador: no existían denuncias previas por maltrato, carecía de antecedentes de cualquier tipo y lo visto hasta ahora mismo en chats, correos electrónicos y 'whatsapp' no mantienen de forma consistente que entre ambos jóvenes mediara una situación de maltrato permanente. Sí es cierto que la relación sentimental mantenida entre ambos a lo largo de los dos últimos años ha tenido sus idas y venidas, con rupturas y vueltas a empezar. También es cierto que amigas de la joven víctima y familiares de su entorno han declarado que existía maltrato psicológico por parte de él, incluso una amiga llegó a narrar ayer para la cadena de Tele 5 que la víctima le contó una vez que este joven la arrastró de los pelos por el suelo. Desde el ámbito de amistades y familiares de él se apunta todo lo contrario, haciendo hincapié de que se trataba de un joven trabajador, enamoradizo, que no le gustaba meterse en problemas y nada violento.

Coincidencias

Pero donde sí hay coincidencias entre las manifestaciones vertidas por el entorno de él y el de ella es a la hora de narrar comportamientos de este joven propios de padecer una enfermedad mental, como por ejemplo sentirse perseguido u observado de forma permanente hasta el punto de verse obligado en una ocasión a necesitar ausentarse de su anterior puesto de trabajo unos días, antes de trabajar como repartidor con su padre. Estos devaneos mentales emergen ahora como una de las posibles causas que le pudieron llevar a apretar el gatillo contra la joven. Es una hipótesis capaz de explicar el homicidio.

La Guardia Civil no ha entregado aún las diligencias en el Juzgado de Instrucción 3 de Santa Fe que entiende de este caso y seguramente no lo haga hasta mediados o finales de la presente semana. El juzgado competente será quien le ponga el apellido a este homicidio. De momento, los hechos objetivos son la existencia de un homicidio, de un suicidio, un problema de salud mental grave y acusaciones sin pruebas de peso de que este joven era un maltratador.

Mientras tanto, las compañeras de la facultad de Filosofía y Letras de la joven víctima han convocado para hoy a las siete de la tarde una concentración para condenar la muerte de la joven María del Mar, así como la plataforma feminista del 8-M que ha proclamado que la muerte de María del Mar obedece a un «crimen machista» y saldrá en manifestación el miércoles 16 para repudiarlo.

Los responsables institucionales no han calificado el homicidio de la joven como un episodio de violencia de género, pidiendo calma para que la justicia y la Guardia Civil puedan efectuar su trabajo de forma adecuada aunque sí se constata, en espera de informes médicos, la patología mental grave que sufría quien apretó el gatillo.

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