Dúrcal celebra desde ayer y hasta mañana sus fiestas patronales en honor a San Blas bendito

Dúrcal celebra desde ayer y hasta mañana sus fiestas patronales en honor a San Blas bendito

Este santo, que sufrió el martirio hace 1.702 años, es considerado el abogado de los males de la garganta y el patrón de los tejedores y zapateros

RAFAEL VÍLCHEZDúrcal

Dúrcal celebra desde ayer viernes y hasta mañana domingo sus fiestas patronales en honor a San Blas bendito (médico, obispo y mártir). El programa de actos lúdicos y religiosos es amplio y ha sido elaborado por el Ayuntamiento de Dúrcal, presidido por Antonia Fernández. Del área de Fiestas se encarga el concejal Manuel Molina Rodríguez.

En estas frioleras fiestas actuarán las dos bandas de música de Dúrcal, las orquestas ‘Los Diablos Negros’ y ‘Nuevo Ayer’, los grupos ‘Chamán’, ‘Luz del Sur’ y ‘Compás Canalla’ y la ‘Charanga Apaches’. Habrá también eucaristías, bendiciones y dos procesiones, una con la imagen de San Blas y otra con la imagen de la Virgen del Carmen. El nombre de Blas significa ‘arma de la divinidad’.

También, y entre otras muchas cosas, habrá una exposición fotográfica, deportes y campeonatos, muestra de dulces típicos, ferias de día y paella. El campeonato de paulo se celebrará en el ‘Salón del Monte’, cuyo bar lo defiende a las mil maravillas José Manuel ‘Pionono’ y su encantadora mujer Margarita.

Ayer, entre gran número de fuegos artificiales, tuvo lugar la bajada de la imagen de San Blas desde su ermita hasta la iglesia consagrada a la Inmaculada Concepción. Las dos procesiones se celebrarán los días 3 y 4 cuando empiece a apagarse la tarde.

Un año más renacerá en Dúrcal la tradición existente de guardar celosamente un pequeño lazo rojo bendecido en la iglesia por el párroco y pasado por la preciosa y muy venerada imagen de San Blas para en caso de enfermedad -de garganta, principalmente- colocarlo en el cuello y así poder, con su misteriosa energía y fe, sanar más pronto.

San Blas es también el patrón de los tejedores y los zapateros. A estas fiestas acuden muchas personas de otros municipios para hacer alguna rogativa o darle las gracias a San Blas o a la Virgen del Carmen por los favores concedidos. La ermita se San Blas de Dúrcal fue edificada a las afueras del pueblo junto al viejo camino romano de herradura que conducía desde Granada capital a la Alpujarra y la Costa. Por eso tiene su puerta principal mirando hacía la vieja calzada. Muchos años más tarde, en tiempos de Isabel II, fue construida la nueva carretera que pasa por la parte de atrás del recinto religioso.

San Blas impidió hace años que las aguas de una gran tormenta inundaran parte del casco urbano de Dúrcal y que se incendiara el camión de un transportista, cosario y recadero de Lanjarón llamado Juan Reyes (abuelo de la actual diputada provincia por la Alpujarra Carmen Lidia Reyes). A primeros del pasado siglo Juan Reyes cuando desde Granada capital estaba subiendo por la carretera cercana a la ermita de San Blas de Dúrcal, el camión cargado con diferentes artículos empezó a arder. Juan Reyes, alarmado, dirigió la vista a la ermita y pidió encarecidamente al San Blas encontrar agua con la que apagar las llamas. Y cuentan que, en ese momento, empezó a llegar agua por la cuneta y por si fuera poco vio aparecer por el caudal dos cubos.

Y gracias a ello, y a los hombres que se acercaron a ayudarlo, el cosario de Lanjarón pudo así apagar el fuego, y desde entonces y hasta su muerte visitó la ermita y las fiestas en honor a San Blas. Cuando desde Granada capital marchaba a Lanjarón y atravesaba el pueblo de Dúrcal, Reyes, paraba su vehículo en el pequeño anchurón de la casa de David Fernández y Carmen López, y se acercaba a ver a unos de sus grandes amigos, el propietario del ‘Bar Escámez’ donde Mariana, su esposa, elaboraba deliciosas tapas y mantenía el establecimiento muy limpio y decoroso

Blas Jesús de Órtas (hijo de la recordada Carmelilla y nieto de ‘Juanillo el Loco’) y el hospitalario ‘El Largo’, son algunos de los vecinos de Dúrcal que se encargan de repartir lazos de San Blas. La ermita de San Blas posee desde siempre de una casa contigua para los ermitaños. Vicente y su mujer son los encargados de este recinto religioso desde hace años.

Otra leyenda dice también que en una ocasión, llovía a cántaros sobre Dúrcal. Tanto, que se desbordó el Barranco Porras. Los vecinos temieron que el fuerte caudal destrozara parte de sus viviendas y fincas. Algunos lugareños se armaron de valor y con picos, azadones y palas quisieron desviar las aguas por encima de la barriada de El Darrón, junto al camino real de Nigüelas, pero se quedaron de piedra a ver a un misterioso hombre vestido de obispo que dirigía con la mano derecha el agua a otro cauce menos peligroso que va a parar al paraje rural de ‘La Posma’.

Aquel hombre, como por arte de magia desapareció al instante y enseguida apareció el sol radiante. Aquellas personas vieron en aquel milagro la mano de San Blas y recorriendo un corto camino de herradura se dirigieron hacia la ermita y tras pedir permiso a sus ermitaños y entrar en ella comprobaron que la vestimenta de la imagen del Santo estaba completamente empapada en agua. Los lugareños miraron al techo y por las paredes y se percataron de que no existían grietas ni gotera alguna.

En 1992, la ermitaña Trini (fallecida) y su esposo José ‘El Pauleño’ encontraron una vieja placa de cerámica cuando se reparaba un tabique de la ermita que dice la fecha de terminación de la misma: 1.448. Uno de los mantos que lleva San Blas se lo regaló doña Gloria, esposa del teniente general Alberto Serrano Montaner.

Fray Leopoldo de Alpandeire solía acercarse a rezar a la ermita de San Blas cuando visitaba Dúrcal y Nigüelas para pedir limosna. El santo fraile era muy querido y respetado en Dúrcal y el viaje lo realizaba, principalmente, en el tranvía. Dorotea Padial (ya fallecida) heredó de su madre Ana Morales un rosario que se lo había regalado Fray Leopoldo.

Una vez estando Fray Leopoldo en Dúrcal, visitó la mansión del marqués de Campo Hermoso para pedir limosna. Entonces -según el ilustre profesor, escritor, pintor, historiador… Antonio Serrano- al darse cuenta el marqués de que el fraile de Alpandeire tenía fiebre y no se encontraba bien, le dijo que se quedase en su morada hasta que curase. El encargado de sanarlo en tres días fue el generoso médico local don Evaristo Pérez Carrillo. Este facultativo sufría ataques de epilepsia. Y un día se acordó del fraile estando todavía vivo, y le dijo “Fray Leopoldo, yo te curé, y tu me tienes que curar a mi”, y desde entonces no sufrió más ataques.

Una gran devota de San Blas, Concepción Melguizo, nacida hace 94 años, explicó que “desde tiempos inmemoriales miles de personas de Dúrcal y de otros lugares guardan en sus casas unos pequeños lazos rojos bendecidos y pasados por la imagen de nuestro patrón San Blas para, en caso de enfermedad, sobre todo de garganta, colocarlo en el cuello para intentar curarse y en muchísimas ocasiones las curaciones se hacían y se siguen haciendo realidad”, manifiesta esta excelente mujer.

También, recuerda Concepción Melguizo cuando siendo muy joven: “los mayores tenían por costumbre decir: “todos los días comemos pan y cebolla y en el día de San Blas una buena olla”. En aquella época -rememora Concepción- se solía sacrificar el mejor gallo casero para cocinarlo con arroz o hacerlo en pepitoria para las fiestas de San Blas. La gente se lo pasaba a lo grande asistiendo a los sermones y a las procesiones de San Blas y de la Virgen del Carmen. Muchos matrimonios y parejas de novios a pesar del frío, bailaban sin cesar en la plaza. En las casas se solían degustar también pestiños, roscos y otros productos caseros acompañados de copitas de aguardiente y vino mosto del terruño”, relata.

Nació San Blas en Sebaste, ciudad de Armenia, en la segunda mitad del siglo III, de padres nobles y honrados, que inculcaron máximas saludables. Por naturaleza era dulce, modesto, prudente y honesto de costumbres, llamaba la atención del pueblo. Deseosos sus padres de que fuese no sólo de conciencia recta pero también hombre útil al estado, le procuraron sólida instrucción filosófica, en la que salió tan consumado, que era la admiración de los sabios.

Cuentan que uno de los milagros llevados a cabo por San Blas cuando lo trasladaban desde Monte Argeo a la cárcel de Sebaste fue el siguiente: una mujer de las cercanías tenía un hijo único que, al comer pescado, se tragó una espina con tan mala suerte que vino a quedar atravesada en la garganta. El niño iba a morir y la madre, loca de dolor, no sabía ya que hacer. En esta coyuntura acertó a pasar por allí San Blas y, enterada la madre de los milagros que obraba, tomó al niño en sus brazos, corrió en busca de San Blas y, llena el alma de fe, colocó a sus pies al niño, rogándole con lágrimas que lo curara. Enternecido San Blas hasta las entrañas, impuso las manos al enfermo, hizo la señal de la cruz en la garganta y suplicó a Nuestro Señor que diera salud al pobre niño. El niño quedó curado inmediatamente.

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