La comarca que brilla con luz propia

El municipio alpujarreño de Laroles./R. V.
El municipio alpujarreño de Laroles. / R. V.

La Alpujarra constituye una constelación de pueblos, aldeas, cortijos y cortijadas de excepcional atractivo que brillan con luz propia entre agrestes y pintorescos desniveles

RAFAEL VÍLCHEZLAROLES

La comarca de la Alpujarra, pequeño rincón de Al-Andalus, es una tierra para admirar y soñar. Pocas comarcas han sabido conservar la belleza, costumbres, tradiciones o formas de vida como lo han hecho las gentes de la Alpujarra. La preciosidad de sus lugares ha cautivado a poetas, escritores, artesanos, fotógrafos, músicos, pintores... La Alpujarra, una de las comarcas más peculiares de Andalucía, es rica en flolclore y un lugar idóneo para disfrutar de su gastronomía y naturaleza. La Alpujarra ofrece actividades deportivas, culturales y de ocio y una excelente oferta turística diversificada.

La Alpujarra es una zona rica y variada en productos propios. Desde la producción artesanal y agrícola hasta la alimenticia. La Alpujarra celebra infinidad de eventos, ferias y fiestas con mucho sabor a pueblo. La mayoría de los alpujarreños siguen muy apegados a sus tradiciones. Esta comarca tiene una dilatada historia. Desde el Neolítico, y hasta la actualidad, esta comarca ha visto pasar diferentes pueblos que han dejado su huella.

Parece ser que los primeros hallazgos de civilización presentes en la Alpujarra tienen que ver con el desarrollo de la agricultura y el empleo de la cerámica y el tejido. Algunos objetos e instrumentos de esas lejanas fechas aparecieron en los pueblos de Murtas y Almegíjar. Del periodo del Neolítico Tardío (3.450 antes de Cristo) son los objetos y esqueletos que aparecieron en la Cueva de los Murciélagos de Albuñol. También, se han encontrado restos de la Edad de Bronce en la Alpujarra. Pasaron los siglos y aparecieron en esta zona los tartesos para dedicarse, principalmente, a la metalurgia.

Los fenicios llegaron a la Alpujarra en el siglo VIII antes de Cristo y entre sus industrias destacaban la fabricación de bronce, púrpura, cristal y joyas. Los cartagineses establecieron también industrias en esta zona. Aproximadamente en el año 218 antes de Cristo aparecieron los romanos en la Península, como consecuencia de la Segunda Guerra Púnica contra los cartagineses. Pero el pueblo que mayor huella dejó a su paso por la Alpujarra fue el árabe debido en parte a la importancia comercial y gastronómica.

Todas las personas que visitan la Alpujarra tienen motivos más que suficientes para quedar sorprendidas con su historia, leyendas, artesanía, cultura y gastronomía. Uno de los productos más famosos de la Alpujarra es el jamón de Trevélez, gozando también de gran calidad las piezas que se curan al natural en los secaderos de los municipios de Juviles, Pórtugos, Barranco de Poqueira, Busquístar, Mecina Bombarón, Yegen, Ugíjar, Nevada, Torvizcón, Bérchules, Pitres, Soportújar, Órgiva, Lanjarón, Cádiar, Murtas, entre otros pueblos.

Otras de las cosas que más llama la atención en la Alpujarra son su ancestral estructura urbanística, especialmente la de Pampaneira, Bubión, Capileira, La Tahá, Pórtugos, Busquistar, Soportújar, Cáñar y otros pueblos de la Alpujarra. Los museos alpujarreños de usos y costumbres y las exposiciones de fotografías antiguas y de pintura de Capileira, Bubión, Pórtugos, Mecina Bombarón, Narila, Yegen, Caratáunas, Jorairátar, Ugíjar, Torvizcón… se han convertido también en atractivo turístico. Muchas personas de dentro y fuera de España han escogido la Alpujarra como lugar de residencia porque al conocerla les cautivó. Y es que vivir en esta comarca nos hace retroceder a una época en la que no existían las prisas y en la que la sencillez era la norma a seguir.

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