20 años de la víctima Ana Orantes

La granadina contó en televisión su calvario como mujer maltratada y su exmarido la quemó viva a los 13 días | Aquel crimen convirtió el maltrato en un asunto de Estado, pero nadie ayudó a los «huérfanos de 'la madre' de la violencia de género», rememora el hijo menor

Asesinada. Ana Orantes, hace 20 años, en Canal Sur Televisión, un 4 de diciembre, 13 días antes de ser quemada por su exmarido. / IDEAL
ÁNGELES PEÑALVERGranada

Abusos, palizas salvajes y vejaciones. Hace 20 años, el 4 de diciembre de 1997, Ana Orantes narró el infierno vivido durante cuatro décadas a manos de su exmarido, José Parejo. Lo hizo en Canal Sur Televisión, entrevistada por Irma Soriano. En antena describió al padre de sus hijos: corpulento, violento de puertas para adentro y educado en la calle. Ese mismo hombre esperó trece días tras la aparición televisiva para matarla. El 17 de diciembre por la mañana la roció con gasolina en el patio de su casa de Cúllar Vega. La maniató y le prendió fuego con su mechero. Se quemó viva. A las dos horas, él apareció en el cuartel de la Guardia Civil de Las Gabias. En el despacho donde lo esposaron, había sido denunciado muchas veces antes.

Ana no fue una muerta más. Su asesinato conmocionó a la opinión pública y provocó la reforma del Código Penal. En 2004, llegó la aprobación de la Ley Integral contra la Violencia de Género. Poco después se activó el 016, un teléfono para las víctimas. El asesinato también desencadenó movilizaciones y durante años se oyó «Ana somos todas».

Pero Ana Orantes sólo hubo una y el eco de su testimonio resuena hoy. Tenía ocho hijos en común con su verdugo, José Parejo. Seis de ellos se quitaron el apellido paterno después del crimen. Dos años antes, el matrimonio se había divorciado. «No recuerdo ni un solo día feliz de mi infancia. Pero nunca pensé que él iba a ser capaz de hacer aquello», sentencia tembloroso Francisco Javier Orantes, el benjamín, el único que vivía con su madre cuando su padre la quemó. Hoy el menor de los hermanos tiene 39 años, está casado y es papá de dos hijos. Y le quedan secuelas psicológicas imborrables.

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Tampoco José Antonio Parejo, el guardia civil al que se entregó el asesino, olvida aquel día. «Yo trabajaba en Las Gabias. Por la tarde abrí la puerta del cuartel y cuando me giré hacia atrás vi que venía el exmarido de Ana muy desaliñado y con la cara totalmente desencajada. Cuando llegó hasta mí, me dijo: 'Hoy la he liado muy gorda. Le he metido fuego a mi mujer'. Yo no sabía si era verdad y le dije que se sentara. Llamé a servicios centrales. Me confirmaron el suceso y me dijeron que lo esposara. Aún me impresiona su mirada perdida y que no se quejó cuando le puse los grilletes, pese a que tenía las manos abrasadas por el fuego y las heridas abiertas. Fue obediente y sumiso», evoca el agente.

«A Ana la conocíamos de venir al cuartel otras veces y de instruir diligencias para el juzgado, siempre la acompañaba su hijo menor. Él la protegía. Entonces no existía la violencia de género, no había protocolos ni órdenes de alejamiento para que nosotros pudiéramos actuar. Pegar a tu mujer era como pegar al vecino, una falta o un delito más. Las cosas han cambiado a mejor, aunque queda mucho por hacer», explica con angustia José Antonio Parejo.

El vacío

Francisco Javier Orantes padeció aquella desprotección, primero como hijo y luego como huérfano. «Nadie nos ayudó después de aquello. Él me quitó lo único que tenía, a mi madre. Incluso con él en la cárcel, yo temía que saliera y nos hiciera algo malo». Un niño criado entre palizas y amenazas. Un adulto que no oculta los intentos de suicidio y las depresiones recurrentes de su juventud. Allá donde iba Ana con sus hijos, les perseguían las escenas de pavor de manos de su marido. La pesadilla se repitió bajo los techos de la casa del barrio del Fargue y entre las cuatro paredes del chalet de Cúllar Vega.

«Él nos daba una voz y nos orinábamos encima. Era aún peor de lo que mi madre relató»

«No se quejó nada cuando le puse los grilletes. Tenía las manos quemadas y era sumiso»

Ahora, Francisco Javier Orantes reside en Cájar con su propia familia. Siente alivio cuando se refiere a sus dos críos pequeños. «Los adoro». Y siente alivio también al recordar la muerte de su propio padre en la cárcel, en el año 2004.

«De pequeño -describe- me rompí un brazo. No me llevó al médico. Me dijo que aguantase el dolor, que no hubiera cogido la bicicleta. Era un sargento, un coronel. Todos, a sus órdenes. Nos daba una voz y nos orinábamos encima. Era aún peor de lo que mi madre relató en Canal Sur. Por cierto, que lo que más le molestó de las declaraciones de mi madre fue que contara que hubo una época en que él estuvo en paro y ella mantuvo la casa trabajando en una tienda de comestibles. Para él, ese dato fue una deshonra. Lo de las palizas le dio igual, porque pensaba que se las merecía y que él tenía derecho a dárselas». El guardia civil José Antonio Parejo coincide: «Era una persona con una visión tan arcaica de las relaciones conyugales que no pensaba que pegarle a su mujer fuera nada malo».

Aparición en la televisión

Irma Soriano entrevistó a Ana Orantes en Canal Sur. Dos semanas después, la mujer que habló en plató fue asesinada. La comunicadora lo recuerda «como si fuera ayer». En la pantalla, delante de la audiencia y acompañada por su hija Raquel, la granadina describió su vida conyugal y retrató a José Parejo como un ser sin piedad. «Fue generosa y quiso dar su testimonio. La encargada de seleccionar a los invitados nos contó que Ana insistió varias veces para contar el terror y la angustia que pasó en su matrimonio», evoca. A los trece días de la emisión, el 17 de diciembre, Ana Orantes fue quemada viva. Al día siguiente, Canal Sur ofreció de nuevo el relato de la víctima. «Antes de aquello la violencia de género no se llamaba de ninguna manera y este caso levantó la trampilla de ahí debajo, era algo para lo que nadie estaba preparado. La violencia machista era una gran verdad silenciosa y silenciada», insiste Irma Soriano.

«Nadie antes se había atrevido a dar la cara, a dar su vida. Después de aquello muchas mujeres habrán tenido otra oportunidad», añade la presentadora, quien matiza que «la protección de las víctimas sigue siendo ineficaz». «Falta un pacto de estado, las órdenes de alejamiento no sirven. Aún hoy les estamos fallando a esas mujeres que denuncian y ven que su vida se convierte en un infierno peor. Ellas están siendo valientes y no les damos soluciones frente a los sociópatas».

El «shock»

Irma Soriano se quedó conmocionada en Málaga, donde vivía, cuando se enteró de que Ana Orantes había sido quemada esa mañana. El guardia civil José Antonio Parejo también permaneció un rato «en estado de shock» cuando sus compañeros se llevaron al asesino a los juzgados. «Siempre le estaré agradecida. Fue una heroína. Francisco Álvarez Cascos, vicepresidente del Gobierno entonces, declaró que había sido un caso aislado obra de un excéntrico. No se me olvidará. Empezó una era, pero queda todo por hacer. La ley va por detrás de la realidad. Incluso Ana había denunciado varias veces. ¿De qué le sirvió?».

«Le pido a las mujeres maltratadas que no permitan ni un día más que sus hijos sufran» Francisco Javier Orantes | Hijo de Ana Orantes

«Entonces no había ni órdenes de alejamiento ni protocolo para actuar» José Antonio Parejo | Agente que detuvo al asesino

«Ellas están siendo valientes y aún no les damos soluciones frente a los sociópatas» Irma Soriano Entrevistó a Ana Orantes

«Ana Orantes y Parejo compartían la vivienda de mutuo acuerdo tras separarse» Jesús Huertas | Abogado del criminal

José Antonio Segura, alcalde de Cúllar Vega hace 20 años por el Partido Andalucista, concluye: «Hubo algo positivo en la tragedia: su caso consiguió sacudir la conciencia del país e introducir en la esfera pública lo que hasta entonces era una cuestión del ámbito privado... Cosas de pareja. María Asunción Pérez Cotarelo -concejal de IU nos pidió poner una calle y un monolito en memoria de Ana Orantes y lo hicimos. Aquello nos enseñó que no podemos mirar hacia otro lado, que hay 'Anas Orantes' detrás de cualquier puerta».

El defensor del asesino

Tras el crimen, el abogado Jesús Huertas defendió a Parejo, condenado a 17 años de prisión. El letrado asumió el caso porque el asesino ya era su cliente en un juicio previo de faltas contra su hijo menor, Francisco Javier, quien lo había denunciado por causarle daños en el coche. En la familia había muy mal ambiente «si bien es cierto que algunos de los hijos del matrimonio apoyaban a su padre», matiza el abogado. «Yo imaginé que no iba a ser un hecho aislado por la manera tan cruel con la que le dio muerte -quemarla viva- y por la aparición de Ana (estando ya separados) en un programa de televisión», describe el penalista.

Huertas narra que la víctima tardó muy poco tiempo -menos de medio minuto- en perder la consciencia antes de morir. «Un espacio de tiempo en el que sufrió bastante según manifestaron los forenses del juicio, que fue con jurado popular», narra el abogado, quien tras el caso de Parejo -muerto en la cárcel en 2004 de un infarto- ha defendido a siete hombres más «que acabaron con la vida de su esposa».

«Fue vergonzoso el amarillismo por parte de Canal Sur. José Parejo no tenía excusas ni justificación, pero rechazo de plano esos programas», añade el letrado, quien aún hoy siente la necesidad de aportar algunos datos ofrecidos de «manera errónea e interesada a la opinión pública». «El exmarido ya no vivía en el domicilio familiar, se había marchado tras la separación. Él residía en Granada con una nueva pareja, pero tuvo que volver al bajo de su antigua casa -que era suyo- cuando se emitió el programa de televisión», insiste el abogado.

«Por otro lado, se dijo que el juez -en el proceso de separación- había acordado que ambos vivieran en la misma casa, cada uno en una planta. Pero no fue así. Esa medida se pactó en un convenio regulador, en el proceso de separación de mutuo acuerdo y por un abogado particular elegido por Ana Orantes. O sea que la decisión de compartir la vivienda había sido consentida de mutuo acuerdo».

-Señor Huertas: ¿Se arrepintió su cliente de matar a Ana Orantes?

-Sí exteriorizó un arrepentimiento, pero ya no sabría interpretar si por haber acabado con la vida de Ana o por las consecuencias legales que aquello le iba a acarrear... Hoy se siguen produciendo muertes de mujeres a manos de sus maridos. Algo falla.

A Francisco Javier Orantes, también le da pavor fallar. Fallar como padre. Es un trauma. Tiene otros. A veces se levanta en mitad de la noche con pesadillas, sobresaltado, y no sabe por qué. Si alguna vez le ha dado un cachete a sus hijos - «lo más importante de mi vida»- luego ha llorado y se ha quedado paralizado ante la idea de convertirse en un monstruo. «Afortunadamente, desde que conocí a mi mujer, he remontado mucho y mi vida es mejor. Sólo le pido a las mujeres maltratadas que no permitan ni un día más que sus hijos sufran. Si la muerte de mi madre sirvió de algo, me alegro. Pero sé que queda mucho por hacer».

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