La almazara de Nigüelas se convierte en uno de los principales atractivos turísticos del Valle de Lecrín

La almazara de Nigüelas se convierte en uno de los principales atractivos turísticos del Valle de Lecrín

El también denominado Molino de las Laerillas fue construido entre los siglos XII y XIV, y convertido en museo en 1991

RAFAEL VÍLCHEZNIGÜELAS

El molino de aceite de Nigüelas, uno de los más antiguos de España, convertido en museo hace más de dos décadas, es uno de los principales atractivos turísticos y culturales del municipio y de la comarca del Valle de Lecrín. El edificio, situado muy cerca de la plaza de la iglesia, tiene muchos siglos de historia y guarda el sabor propio de muchas generaciones conservando multitud de aperos y útiles empleados en la molienda de la aceituna.

En la época morisca ya existía este viejo molino junto a otros de grano y de aceite que han cumplido durante generaciones una importante labor en el desarrollo de las actividades agrícolas en la zona. La localidad de Nigüelas en siglos pasados fue un destacado enclave en todo el Valle de Lecrín debido al gran olivar que rodeaba su entorno.

Sin lugar a dudas el tipo de molienda estrella del molino eran sus dos enormes y abultadas prensas de madera de más de once metros de largas, situadas a ambos lados de la impresionante nave central, por el sistema de biela recta con tornillo sinfín, siendo uno de los últimos sistemas empleados hasta que el molino dejó de funcionar. El también denominado Molino de las Laerillas fue construido entre los siglos XII y XIV, según algunos historiadores.

En el molino se encuentran en perfecto estado una red de canalizaciones para llevar el aceite a los depósitos laterales. En esta añeja almazara se pueden observar todos los elementos necesarios para cada menester, como son las cántaras, jarros, candiles para luminarias, romanas de peso en arrobas, tenazas, trébedes, sartenes y una multitud de cacharros, todos ellos útiles y necesarios para el mantenimiento del mismo.

El molino de Nigüelas guarda en su seno la primitiva tienda de despacho con sus orzas de barro empotradas al suelo, donde se sacaban con los cucharones agujereados las aceitunas aliñadas en varios sabores y los aceites de oliva más finos.

En este molino existía una pequeña cuadra para descanso de los animales. Estos giraban al torno con una piedra que tiene esta dependencia ubicada en la parte más alta. El molino de ‘sangre’ de origen romano era movido por la fuerza de un mulo o un asno con los ojos tapados que giraba en sentido contrario a las agujas del reloj. Pasando el edificio principal y al fondo del mismo, está el clásico molino movido por agua. En la parte central se encuentra el gran fogón que tenía dos funciones muy importantes: la primera era calentar el agua de su caldera y la segunda para cocinar en ella y calentar el ambiente.

En la parte soleada y no cubierta del molino denominada por todos los antepasados con el nombre de patio del carreo, se encuentran debidamente alineados y con divisiones formadas con muros de piedra, unos silos planos de diferentes medidas, donde se depositaba la aceituna traida de campo, como antesala de paso para la molienda. La disparidad de estos silos se debía a que cada familia, no todas, poseía un número distinto de olivar.

Este histórico molino fue restaurado en 1991 para su recuperación y posterior conversión en museo municipal por deseo de los lugareños y del propio Ayuntamiento de Nigüelas, presidido en aquel tiempo por el agricultor ecológico Gonzalo Carmona, que medió con la Fundación Zayas para dedicarlo a museo.

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