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«Se llevaron hasta la hucha del niño»

Un vecino afectado añade cadenas a las rejas que protegen su casa.
Un vecino afectado añade cadenas a las rejas que protegen su casa. / Ramón L. Pérez
  • Los cacos han perpetrado en un mes cinco robos en casas de la urbanización Cortijo del Aire de Albolote

  • En la 'zona cero' de los asaltos hay 40 viviendas habitadas y casi la mitad han sido desvalijadas en los últimos años, advierten los vecinos afectados

«Menos la ropa, se lo llevaron todo. Hasta la hucha del niño». Un grupo de unas cuarenta familias de la urbanización Cortijo del Aire de Albolote están todo el día pendientes del 'whatsapp'. Y no es para intercambiar comentarios rutinarios o para hablar de los deberes de los críos. Su obsesión por la conocida aplicación para los teléfonos móviles está directamente relacionada con la sensación de inseguridad que se ha instalado entre ellos desde que sus casas empezaron a sufrir robos. Y de eso hace ya casi dos años y medio... como mínimo, porque ellos están convencidos de que la oleada de asaltos comenzó antes. Sea como fuere, han elaborado una modesta estadística que enseña que en 2015, que fue cuando empezaron a juntarse para poner en común sus malas experiencias y su inquietud por haberse convertido en objetivo prioritario de los cacos, hubo, que ellos sepan, cuatro saqueos, tres de ellos sólo en abril.

En 2016, las 'visitas' de los ladrones se produjeron de forma más espaciada: una junio, otra en agosto, la tercera en octubre y una cuarta en diciembre, «lo que no quiere decir que hubiera más», precisan los afectados, entre los que hay varios miembros de las fuerzas de seguridad del Estado.

Pero lo peor estaba por llegar. El inicio de 2017 ha sido particularmente desolador y el vaso de la paciencia de los vecinos se ha desbordado. Sólo en el pasado mes de febrero, ha contabilizado cinco robos, con la agravante añadida de que dos de ellos se han producido en un mismo chalé -además, hubo otro en enero-.

El últimos asalto ocurrió el día 24 de febrero y las víctimas vieron escapar a los cacos, que iban encapuchados. Lejos de parecer intimidado, uno de ellos llegó incluso a encararse con las personas que le increpaban. Era la primera vez que los ladrones actuaban por la tarde. En concreto, sucedió alrededor de las ocho de la tarde, una novedad con respecto a anteriores robos, que tuvieron lugar entre la una y las cuatro de la madrugada y siempre coincidiendo con un fin de semana, un puente festivo..., es decir, en momentos y días en los que los vecinos no estaban en sus casas.

Guantánamo

En este sentido, los damnificados han llegado a la conclusión de que están siendo vigilados. Una llamativa paradoja, dicen: «Los ladrones, que serían los que tenían que estar vigilados, nos vigilan a nosotros».

Por eso se han visto obligados a crear 'patrullas-whatsapp', o lo que es lo mismo, un servicio de contravigilancia para alertar sobre la presencia de extraños merodeando por los alrededores de la 'zona cero' de los robos, medio centenar de viviendas unifamiliares -más de cuarenta está habitadas- que se encuentran en la parte del Cortijo del Aire más alejada de la autovía entre Granada y Jaén. Los inmuebles, casi la mitad de los cuales han sido saqueados, están construidos alrededor de un barranco y rodeados por olivares. Es decir, que llegar hasta las casas de forma inadvertida no es complicado.

A fuerza de robos, los comerciales de las empresas de seguridad que instalan alarmas son ya como unos vecinos más. «La mayoría pusimos alarmas en el interior, pero ahora ya estamos con las perimetrales. También ha habido quien ha elevado los muros o quien han colocado alambre de espino. Al final, nuestras viviendas van a aparecer la cárcel de Guantánamo», se lamenta una de las afectadas, que también recalca que las tareas de cuidado de los espacios verdes brilla por su ausencia. Efectivamente, la maleza se ha apoderado del lugar, lo que, según los vecinos, favorece la actividad de los cacos, ya que pueden ocultarse con facilidad.

Los ladrones arrasan con todo. Salvo la ropa, no le hacen ascos a nada: bicicletas, juguetes, 'tablets', joyas, electrodomésticos... En resumen, que suelen obtener botines voluminosos. «Es como si hicieran una mudanza. Fuera hay cómplices esperándolos en un vehículo y escapan antes de que lleguen la Guardia Civil o la Policía Local», refieren los perjudicados. De momento, el Ayuntamiento de Albolote se ha comprometido a instalar vallas para dificultar las maniobras de los cacos, un decisión que los vecinos valoran, aunque la creen insuficiente. «También nos dicen que contratemos vigilancia privada, pero es que nosotros ya pagamos nuestros impuestos como los demás».